30 Diciembre 2007 Seguir en 
El crecimiento es generalmente aceptado como el principal objetivo de una economía moderna porque se espera que sus beneficios alcancen a todos los actores económicos. “Se exige no sólo que el crecimiento económico mejore la calidad de vida de todos, sino que lo haga de una forma que se perciba como justa. Se pretende, además, que los frutos del crecimiento se repartan con criterios aceptables de justicia social”, remarcó el doctor en Economía Hugo Ferullo.
Si se analizan las quejas que provoca en el mundo entero el fenómeno económico conocido como “globalización”, se descubre que es una fuerte crítica que no está dirigida principalmente al intercambio internacional generalizado de bienes y servicios, ni al avance tecnológico que permite acelerar de manera extraordinaria las comunicaciones y el comercio. “Lo que se busca es llamar la atención, de manera globalizada, sobre la distribución de los resultados económicos del intercambio global, que concentra el ingreso resultante en cada vez menos actores, cada vez más grandes y poderosos”, destacó Ferullo.
Según el especialista, el crecimiento económico resulta de la combinación compleja del trabajo de todos los factores y actores de la producción. “Cuando los resultados de este trabajo colectivo se concentran en pocas manos, más allá de la eventual mejoría que cada uno pueda experimentar en su situación particular, la cohesión social se debilita y el malestar crece de la mano de lo que se percibe como una injusticia distributiva”, apuntó. Este fenómeno de concentración del ingreso, que agranda exageradamente la brecha entre los más ricos y los más pobres, se acentuó en buena parte del mundo en las dos últimas décadas del siglo XX. “Ni la Argentina ni Tucumán aparecen como una excepción; en los últimos 30 años, las estadísticas muestran un crecimiento significativo de esta brecha entre los que están en lo más alto y que están en lo más bajo de la escala de ingresos. Ni la eficiencia económica ni el mantenimiento del ritmo actual de crecimiento necesitan que esta tendencia se mantenga”, concluyó.
Si se analizan las quejas que provoca en el mundo entero el fenómeno económico conocido como “globalización”, se descubre que es una fuerte crítica que no está dirigida principalmente al intercambio internacional generalizado de bienes y servicios, ni al avance tecnológico que permite acelerar de manera extraordinaria las comunicaciones y el comercio. “Lo que se busca es llamar la atención, de manera globalizada, sobre la distribución de los resultados económicos del intercambio global, que concentra el ingreso resultante en cada vez menos actores, cada vez más grandes y poderosos”, destacó Ferullo.
Según el especialista, el crecimiento económico resulta de la combinación compleja del trabajo de todos los factores y actores de la producción. “Cuando los resultados de este trabajo colectivo se concentran en pocas manos, más allá de la eventual mejoría que cada uno pueda experimentar en su situación particular, la cohesión social se debilita y el malestar crece de la mano de lo que se percibe como una injusticia distributiva”, apuntó. Este fenómeno de concentración del ingreso, que agranda exageradamente la brecha entre los más ricos y los más pobres, se acentuó en buena parte del mundo en las dos últimas décadas del siglo XX. “Ni la Argentina ni Tucumán aparecen como una excepción; en los últimos 30 años, las estadísticas muestran un crecimiento significativo de esta brecha entre los que están en lo más alto y que están en lo más bajo de la escala de ingresos. Ni la eficiencia económica ni el mantenimiento del ritmo actual de crecimiento necesitan que esta tendencia se mantenga”, concluyó.







