Una tasa que emergió desde la profundidad

Pobreza.

30 Diciembre 2007
Hasta 2003, Tucumán se caracterizó por encabezar el ranking de aglomerados urbanos con mayores bolsones de pobreza y de indigencia. Así, durante el primer semestre de ese año, el 67,2% de la población que residía en el Gran San Miguel de Tucumán no podía reunir los ingresos mínimos para cubrir sus necesidades alimentarias y de servicios básicos.
El indicador fue mejorando con el tiempo, en parte por la contribución estatal a través de programas asistenciales; en parte porque se recrearon las condiciones para el acceso al empleo en los sectores más humildes de la sociedad.
Así, al primer semestre de este año, alcanzó al 35% de la población, y afectó a 276.500 personas o a 53.260 familias de los 200.250 hogares existentes en el principal aglomerado urbano de la provincia. Para salir de esa situación, esos grupos familiares deben reunir un ingreso mensual de aproximadamente $ 850.
Según las estadísticas oficiales, en la Argentina, el 23,4% de la población urbana aún es pobre y esto representa a cerca de seis millones de personas.
Casi en la misma velocidad, según los datos elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la indigencia también se redujo. Así, para el primer semestre de este año, unos 84.300 tucumanos no pudieron reunir el dinero suficiente para costearse los gastos para alimentos. Mejorarle la calidad de vida a esa franja de la sociedad debe ser una de las prioridades para el Gobierno.
En muchos casos, se trata de familias que residen en zonas marginales de la capital. Para el año que viene se proyecta un descenso de los indicadores sociales sobre la base de ayudas estatales. Por ejemplo, si bien hay menos beneficiarios del plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados, gran parte de esas personas subsidiadas por el Estado se pasaron al Plan Familias. Se trata de un programa que intenta atender las necesidades básicas insatisfechas de mujeres con hijos.

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