08 Diciembre 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El Banco del Sur dará mañana, en Buenos Aires, otro paso hacia su inmediata puesta en funcionamiento en Sudamérica y hacia la pregonada soberanía financiera de la región, aunque todavía falte mucho camino por recorrer.
Siete países arrancan como socios de esta experiencia, impulsada por Venezuela y a la que se sumaron Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Ecuador, mientras Colombia y Chile observan con interés el proceso y Perú, decididamente, permenece fuera.
Los presidentes de esos países, salvo el uruguayo Tabaré Vázquez que faltará con aviso, firmarán mañana en la capital argentina un documento fundacional que sellará la voluntad política de poner en marcha el banco que aspira a convertirse en una alternativa al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM).
El proceso de conformación de la nueva institución ha sido engorroso y se limitó al ámbito de los negociadores oficiales, de manera que se conocen muy pocos detalles sobre los temas institucionales, como la conformación del capital inicial, la estructura directiva o el esquema de votación de los socios.
Hasta el momento se resolvió que se empezará con unos 7.000 millones de dólares que aportarán los siete países miembros (no se sabe en qué proporción), que la sede central estará en Caracas, con subsedes en Buenos Aires y La Paz, y que cada país tendría un voto en el directorio.
Sin embargo, este viernes trascendió en Brasil que los negociadores de ese país habrían decidido reclamar el voto calificado de acuerdo al monto que aporte cada socio, lo que podría generar una nueva traba al proceso.
El economista argentino Dante Sicca dijo a dpa que es partidario de "potenciar las instituciones que ya existen más que crear una nueva" y en ese sentido señaló a la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para la Cuenca del Plata (FONPLATA), "instrumentos regionales que pudieron fusionarse o potenciarse", opinó.
También hay voces que plantean que el Banco del Sur debería ser un complemento y no una alternativa al FMI, al Banco Mundial o incluso al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que aún mantienen una fuerte presencia en la región.
Entre sus objetivos estará conceder financiamientos a bajas tasas de interés a proyectos de desarrollo y de integración en los países miembro de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). Pero tampoco se conocen detalles de esta formulación genérica.
El ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, advirtió que la institución será beneficiosa para el subcontinente y "no financiará aventuras".
La forma en que se ha procesado la conformación de la nueva institución abre interrogantes y genera inquietud entre los movimientos sociales, principalmente, por el riesgo de que pueda convertirse en "algo más de lo mismo".
Interés, apoyo y preocupación a la vez han expresado centenas de redes, organizaciones y movimientos sociales, sindicatos y académicos de América Latina y el Caribe, entre las que se cuentan la Alianza Social Continental, la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, Jubileo Sur/Américas, la Federación Luterana Mundial, el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Mañana entregarán una carta conjunta a los presidentes que firmarán el acta fundacional, exigiendo que "el Banco del Sur se oriente a promover una nueva matriz de desarrollo, en el cual lo económico y tecnológico sea concebido como un medio para el objetivo superior que es el desarrollo humano y social".
Los firmantes proponen también que el Banco "represente una nueva arquitectura financiera latinoamericana y caribeña, que incluya un Fondo del Sur, con función de Banco Central continental".
La idea también es que se trabaje por el establecimiento de una moneda regional para los intercambios intrarregionales y que se atienda especialmente a aquellos grupos y sectores más necesitados y tradicionalmente descuidados.
Es el deseo de esas organizaciones sociales que el Banco del Sur sirva como "un equipaje para la superación de las deudas históricas, traducidas en las desigualdades sociales y los daños ambientales que se han perpetuado desde hace más de cinco siglos en el continente".
Para los firmantes de esa carta, el Banco debe ser un espacio de participación popular, con dirección de forma igualitaria entre los países miembros, institucionalizando y manteniendo el principio igualitario de "un socio un voto" en todos sus niveles de decisión colegiada".
La nueva institución puede representar un paso adelante y una oportunidad para soltar amarras de poderosos organismos internacionales, dominados por las grandes potencias, pero todos saben que la tarea no es sencilla.
La firma del acta fundacional, este domingo, significará apenas el puntapié inicial hacia las cuestiones técnicas todavía sin resolver, o al menos desconocidas públicamente.
Lejos está la aspiración inicial del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de convertir al Banco del Sur en una pieza importante en la arquitectura financiera mundial. Por ahora, parece que tendrá impacto regional, con limitaciones hasta para salir de las fronteras de América del Sur y extenderse al resto de América Latina. (DPA)
Siete países arrancan como socios de esta experiencia, impulsada por Venezuela y a la que se sumaron Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Ecuador, mientras Colombia y Chile observan con interés el proceso y Perú, decididamente, permenece fuera.
Los presidentes de esos países, salvo el uruguayo Tabaré Vázquez que faltará con aviso, firmarán mañana en la capital argentina un documento fundacional que sellará la voluntad política de poner en marcha el banco que aspira a convertirse en una alternativa al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM).
El proceso de conformación de la nueva institución ha sido engorroso y se limitó al ámbito de los negociadores oficiales, de manera que se conocen muy pocos detalles sobre los temas institucionales, como la conformación del capital inicial, la estructura directiva o el esquema de votación de los socios.
Hasta el momento se resolvió que se empezará con unos 7.000 millones de dólares que aportarán los siete países miembros (no se sabe en qué proporción), que la sede central estará en Caracas, con subsedes en Buenos Aires y La Paz, y que cada país tendría un voto en el directorio.
Sin embargo, este viernes trascendió en Brasil que los negociadores de ese país habrían decidido reclamar el voto calificado de acuerdo al monto que aporte cada socio, lo que podría generar una nueva traba al proceso.
El economista argentino Dante Sicca dijo a dpa que es partidario de "potenciar las instituciones que ya existen más que crear una nueva" y en ese sentido señaló a la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para la Cuenca del Plata (FONPLATA), "instrumentos regionales que pudieron fusionarse o potenciarse", opinó.
También hay voces que plantean que el Banco del Sur debería ser un complemento y no una alternativa al FMI, al Banco Mundial o incluso al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que aún mantienen una fuerte presencia en la región.
Entre sus objetivos estará conceder financiamientos a bajas tasas de interés a proyectos de desarrollo y de integración en los países miembro de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). Pero tampoco se conocen detalles de esta formulación genérica.
El ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, advirtió que la institución será beneficiosa para el subcontinente y "no financiará aventuras".
La forma en que se ha procesado la conformación de la nueva institución abre interrogantes y genera inquietud entre los movimientos sociales, principalmente, por el riesgo de que pueda convertirse en "algo más de lo mismo".
Interés, apoyo y preocupación a la vez han expresado centenas de redes, organizaciones y movimientos sociales, sindicatos y académicos de América Latina y el Caribe, entre las que se cuentan la Alianza Social Continental, la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, Jubileo Sur/Américas, la Federación Luterana Mundial, el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Mañana entregarán una carta conjunta a los presidentes que firmarán el acta fundacional, exigiendo que "el Banco del Sur se oriente a promover una nueva matriz de desarrollo, en el cual lo económico y tecnológico sea concebido como un medio para el objetivo superior que es el desarrollo humano y social".
Los firmantes proponen también que el Banco "represente una nueva arquitectura financiera latinoamericana y caribeña, que incluya un Fondo del Sur, con función de Banco Central continental".
La idea también es que se trabaje por el establecimiento de una moneda regional para los intercambios intrarregionales y que se atienda especialmente a aquellos grupos y sectores más necesitados y tradicionalmente descuidados.
Es el deseo de esas organizaciones sociales que el Banco del Sur sirva como "un equipaje para la superación de las deudas históricas, traducidas en las desigualdades sociales y los daños ambientales que se han perpetuado desde hace más de cinco siglos en el continente".
Para los firmantes de esa carta, el Banco debe ser un espacio de participación popular, con dirección de forma igualitaria entre los países miembros, institucionalizando y manteniendo el principio igualitario de "un socio un voto" en todos sus niveles de decisión colegiada".
La nueva institución puede representar un paso adelante y una oportunidad para soltar amarras de poderosos organismos internacionales, dominados por las grandes potencias, pero todos saben que la tarea no es sencilla.
La firma del acta fundacional, este domingo, significará apenas el puntapié inicial hacia las cuestiones técnicas todavía sin resolver, o al menos desconocidas públicamente.
Lejos está la aspiración inicial del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de convertir al Banco del Sur en una pieza importante en la arquitectura financiera mundial. Por ahora, parece que tendrá impacto regional, con limitaciones hasta para salir de las fronteras de América del Sur y extenderse al resto de América Latina. (DPA)







