06 Diciembre 2007 Seguir en 
El salón de remates del Colegio de Martilleros fue el escenario de una animada subasta en la que el empresario multirrubro Jorge Rocchia Ferro se adjudicó -con una oferta final de $ 1,2 millón- un terreno de 53 hectáreas contiguo al ingenio Cruz Alta, que el martes también adquirió en remate, por $ 10,1 millones.
Esta vez Rocchia Ferro sí tuvo un rival en el salón de 9 de Julio 421: a diferencia de la subasta del martes, cuando los oferentes fueron dos de sus empresas (Los Balcanes y Konavle), ayer debió disputar el precio de las 53 hectáreas con Luis Budeguer, hijo de Juan José Budeguer, un importante cañero de Tucumán.
A las 11 se abrió la subasta del terreno, con monto mínimo a pagar de $ 849.692. Rocchia Ferro y Budeguer hicieron silencio, a causa de lo cual la martillera Silvia Graciela Monteagudo realizó la segunda convocatoria, cuya base fue de $ 637.269. Rocchia Ferro levantó la mano para anunciar la compra de las tierras por ese importe, tras lo cual apareció en escena Budeguer, ofreciendo un monto superior. Entonces, se inició una dura puja por el precio del inmueble.
Desde el extremo izquierdo del salón, Rocchia Ferro lanzaba una cifra que era rápidamente elevada por Budeguer, que estaba sentado en el centro. El "rematado a la una... rematado a las dos..." de la martillera les metía presión a ambos y entusiasmaba al auditorio.Finalmente, a las 11.45, Monteagudo golpeó su martillo contra el atrio y adjudicó al mejor postor, Rocchia Ferro, las codiciadas tierras, a un valor de $ 1,2 millón, casi el doble de la segunda base.
"Nos sorprendió a todos que hubiera otro oferente, porque no lo esperábamos. Dábamos por hecho que las fracciones iban a ser adjudicadas al señor Rocchia Ferro. Lo más lógico era eso, porque él ya había adquirido el ingenio. Si no, hubiera sido como comprar una casa y no la cocina", comentó a LA GACETA.
Al respecto, Rocchia Ferro explicó que las 53 hectáreas son fundamentales para la actividad del ingenio. "Estábamos obligados a comprarlas, porque queremos que el ingenio funcione como corresponde", dijo, y se mostró sorprendido por la aparición de Budeguer. "El otro postor, la verdad, no sé por qué quería esa fracción", afirmó.Consultado por LA GACETA, Budeguer, productor cañero, explicó que le interesaba comprar la fracción porque está ubicada en una zona apta para el cultivo.
"Desde el punto de vista agrícola, es muy buena zona. Además, tiene la ventaja de que está cerca de la ciudad, a 10 kilómetros. Igualmente, me parece caro el precio en que se terminó la subasta", aseveró el agricultor.
En las 53 hectáreas rematadas hay talleres de agromecánica, cultivos de caña, unas 20 casas en las que viven empleados del ingenio y una canchita de fútbol.
Pero Rocchia Ferro no se quedó sólo con eso: antes del remate de las 53 hectáreas se habían subastado otras cuatro, también aledañas al Cruz Alta, que el empresario logró adjudicarse en el segundo llamado, a un precio de $ 31.895 (La base del primero era $ 42.527). En estas tierras estaba proyectada la instalación de una destilería (nunca se construyó) y hoy se almacena bagazo.
Hoy se rematarán las últimas cuatro tierras que forman parte de la quiebra del Cruz Alta: dos fracciones de 21 hectáreas cada una; una de 11 y otra de 9. Rocchia Ferro dijo, al respecto, que estas parcelas no se encuentran lejos del ingenio. "No hacen a nuestro proyecto. En principio, no iremos al remate", aseveró.
Esta vez Rocchia Ferro sí tuvo un rival en el salón de 9 de Julio 421: a diferencia de la subasta del martes, cuando los oferentes fueron dos de sus empresas (Los Balcanes y Konavle), ayer debió disputar el precio de las 53 hectáreas con Luis Budeguer, hijo de Juan José Budeguer, un importante cañero de Tucumán.
A las 11 se abrió la subasta del terreno, con monto mínimo a pagar de $ 849.692. Rocchia Ferro y Budeguer hicieron silencio, a causa de lo cual la martillera Silvia Graciela Monteagudo realizó la segunda convocatoria, cuya base fue de $ 637.269. Rocchia Ferro levantó la mano para anunciar la compra de las tierras por ese importe, tras lo cual apareció en escena Budeguer, ofreciendo un monto superior. Entonces, se inició una dura puja por el precio del inmueble.
Desde el extremo izquierdo del salón, Rocchia Ferro lanzaba una cifra que era rápidamente elevada por Budeguer, que estaba sentado en el centro. El "rematado a la una... rematado a las dos..." de la martillera les metía presión a ambos y entusiasmaba al auditorio.Finalmente, a las 11.45, Monteagudo golpeó su martillo contra el atrio y adjudicó al mejor postor, Rocchia Ferro, las codiciadas tierras, a un valor de $ 1,2 millón, casi el doble de la segunda base.
"Nos sorprendió a todos que hubiera otro oferente, porque no lo esperábamos. Dábamos por hecho que las fracciones iban a ser adjudicadas al señor Rocchia Ferro. Lo más lógico era eso, porque él ya había adquirido el ingenio. Si no, hubiera sido como comprar una casa y no la cocina", comentó a LA GACETA.
Al respecto, Rocchia Ferro explicó que las 53 hectáreas son fundamentales para la actividad del ingenio. "Estábamos obligados a comprarlas, porque queremos que el ingenio funcione como corresponde", dijo, y se mostró sorprendido por la aparición de Budeguer. "El otro postor, la verdad, no sé por qué quería esa fracción", afirmó.Consultado por LA GACETA, Budeguer, productor cañero, explicó que le interesaba comprar la fracción porque está ubicada en una zona apta para el cultivo.
"Desde el punto de vista agrícola, es muy buena zona. Además, tiene la ventaja de que está cerca de la ciudad, a 10 kilómetros. Igualmente, me parece caro el precio en que se terminó la subasta", aseveró el agricultor.
En las 53 hectáreas rematadas hay talleres de agromecánica, cultivos de caña, unas 20 casas en las que viven empleados del ingenio y una canchita de fútbol.
Pero Rocchia Ferro no se quedó sólo con eso: antes del remate de las 53 hectáreas se habían subastado otras cuatro, también aledañas al Cruz Alta, que el empresario logró adjudicarse en el segundo llamado, a un precio de $ 31.895 (La base del primero era $ 42.527). En estas tierras estaba proyectada la instalación de una destilería (nunca se construyó) y hoy se almacena bagazo.
Hoy se rematarán las últimas cuatro tierras que forman parte de la quiebra del Cruz Alta: dos fracciones de 21 hectáreas cada una; una de 11 y otra de 9. Rocchia Ferro dijo, al respecto, que estas parcelas no se encuentran lejos del ingenio. "No hacen a nuestro proyecto. En principio, no iremos al remate", aseveró.







