Deuda saldada con la influyente literatura irlandesa

Por María Eugenia Bestani. Enfoque sociohistórico sobre textos escritos entre fines del siglo XVIII e inicios del siglo XX.

DESDE EL TERRUÑO. El reconocido ensayista vive actualmente en Dublin. DESDE EL TERRUÑO. El reconocido ensayista vive actualmente en Dublin.
22 Julio 2007
Un asiduo colaborador de estas páginas, Enrique Luis Revol, señalaba las grandes ironías de la poesía inglesa de comienzos del siglo XX. Entre ellas, mencionaba que las obras más influyentes y fracturales no habían sido escritas por ingleses: T.S. Eliot nació en los Estados Unidos y W.B. Yeats, en Irlanda. Otra ironía, según Revol, es que la mejor poesía "inglesa" no fue compuesta en verso, sino volcada en la exquisita prosa de otro irlandés ilustre: James Joyce. Lo cierto es que Inglaterra, mediante un proceso de apropiación filiatoria, parece haber hecho suyos nombres irlandeses centrales en la literatura universal: Jonathan Swift, Oscar Wilde, George B. Shaw, Samuel Beckett.
Declan Kiberd (1951-), en su obra ensayística La invención de Irlanda, saldando una deuda histórica, nos ofrece una indagación teórica sobre textos irlandeses -escritos entre fines del S. XVIII y finales del S. XX-, abordándolos desde su "celtismo", demostrando cómo sólo pudieron haber surgido de un pueblo empobrecido, víctima de una hambruna devastadora, y de una asfixiante dominación política y cultural. Por esas circunstancias, y no a pesar de ellas, es que los irlandeses escribieron "con la intimidante seriedad con que toman a la literatura los pueblos sometidos". Kiberd muestra cómo Eire se "inventó" a sí misma en su literatura; cómo habló de su condición a través de metáforas geniales (el binomio Pozzo y Lucky, en Esperando a Godot); cómo inventó su paisaje tanto rural como urbano: "Los hombres de Irlanda son mortales y temporales, pero sus colinas son eternas", reza la inscripción en la casa de Shaw, en Dalkey. Eterno, también, el "dear and dirty Dublin" joyceano.
Kiberd recurre a un enfoque sociohistórico y a percepciones provenientes específicamente del campo de los estudios poscoloniales, sin abrumar con tecnicismos teóricos. El lector se encontrará (en sus poco más de 800 páginas) con problemáticas como la búsqueda de una autodefinición de nación desde el lenguaje, la deconstrucción de la imagen de Irlanda concebida como el ?otro? o el ?inconsciente? de Inglaterra, la conexión entre feminismo y celtismo, la ambigüedad afectiva con relación a los textos ingleses heredados y al inglés como lengua, la dicotomía entre provincianismo y cosmopolitismo, el debate sobre un idioma nacional como medio de expresión: la opción entre el irlandés (gaélico) y el hiberno-inglés, migración y exilio.
Cada problemática se plantea tanto dentro del momento histórico que la origina como del que condiciona su evolución. Los distintos autores son analizados desde sus textos, particularmente aquellos que reflejan la hibridación, la articulación de las distintas tradiciones, evitando el reduccionismo de la oposición binaria entre la Irlanda santa y la pérfida Albión. Kiberd los ubica en relación dialógica, incluso con textos latinoamericanos (Borges, García Márquez) o aquellos específicamente motivados por el impacto de la experiencia colonial (Rushdie, Fanón, Achebe).
La correcta traducción ha estado a cargo de Gerardo Gambolini. El título original de la obra es Inventing Ireland. El participio "inventando", que se perdió en la traslación, sugiere la idea de proceso, de una progresión todavía inacabada. Algo que como lectores lamentamos es que no se hayan transcripto los textos poéticos en inglés original, sobre todo cuando se habla de la centralidad de concepto de estilo en poetas como W.B. Yeats.Si bien La invención de Irlanda es de una vasta erudición, nutrida de ideas provocadoras y originales, es también un texto muy ameno, con momentos brillantes, que se lee con genuino placer. Ha sido galardonado con el premio al mejor libro de no ficción otorgado por el Irish Times. El autor es un reconocido ensayista que actualmente vive en Dublin, donde se desempeña como profesor en University College. © LA GACETA

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