15 Julio 2007 Seguir en 

La obra del mexicano Juan Villoro es vasta y notoria. Cultor de la novela, del cuento, del ensayo, constan entre sus trabajos laureados, La casa pierde, Efectos personales, El testigo, y ha publicado, asimismo, Los once de la tribu, La noche navegable, Albercas, Safari accidental y el reciente Funerales preventivos, texto vinculado con esa especie de subgénero que maneja como pez en el agua: la fábula política. Queda claro, pues, que Villoro (México DF, 1956) es un escritor con toda la barba. Lo que se dice, una lujosa referencia para quien quiera abrevar en una prosa cuidada, si las hay, que sabe destacar, y cómo, en la fragua de la fina ironía.
Sin embargo, esbozar un perfil de Villoro supone reponer y subrayar su condición de irreconciliable apasionado del fútbol. Decenas de artículos suyos han contribuido a echar luz sobre el fútbol en tanto juego, pero, antes que eso, sobre el fútbol en tanto escenario fecundo para mitos, ritos y supersticiones. "El juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público", hace notar Villoro en el comienzo mismo de la presentación de un libro, llamado a volverse indispensable en los anaqueles de aquellos que interpretan al maravilloso deporte de la pelota número 5 en clave de travesía existencial. Que de eso trata Dios es redondo: del fútbol como expresión susceptible de captar devociones hasta el límite mismo de la insensatez. De allí que Villoro ofrezca material sabroso incluso para los detractores de una pasión tan aluvional que, por ejemplo, se manifiesta en un dato propio del Guinness: hay más países en la nómina de la FIFA que en la nómina de la ONU.
De desmesuras, entonces, que empieza por reconocer en sí mismo, mas no como justificación de alguna forma de cinismo, habla este libro con la lupa puesta en los mundiales, en las ligas europeas, en los pingües negocios que consiente el fútbol, en Maradona y en otros tantos temas abordados con singular agudeza y buen gusto. De yapa, al modo de lujosa rúbrica, una exquisita conversación con Jorge Valdano, otro librepensador desvelado por las fantasmagorías futboleras. © LA GACETA
Sin embargo, esbozar un perfil de Villoro supone reponer y subrayar su condición de irreconciliable apasionado del fútbol. Decenas de artículos suyos han contribuido a echar luz sobre el fútbol en tanto juego, pero, antes que eso, sobre el fútbol en tanto escenario fecundo para mitos, ritos y supersticiones. "El juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público", hace notar Villoro en el comienzo mismo de la presentación de un libro, llamado a volverse indispensable en los anaqueles de aquellos que interpretan al maravilloso deporte de la pelota número 5 en clave de travesía existencial. Que de eso trata Dios es redondo: del fútbol como expresión susceptible de captar devociones hasta el límite mismo de la insensatez. De allí que Villoro ofrezca material sabroso incluso para los detractores de una pasión tan aluvional que, por ejemplo, se manifiesta en un dato propio del Guinness: hay más países en la nómina de la FIFA que en la nómina de la ONU.
De desmesuras, entonces, que empieza por reconocer en sí mismo, mas no como justificación de alguna forma de cinismo, habla este libro con la lupa puesta en los mundiales, en las ligas europeas, en los pingües negocios que consiente el fútbol, en Maradona y en otros tantos temas abordados con singular agudeza y buen gusto. De yapa, al modo de lujosa rúbrica, una exquisita conversación con Jorge Valdano, otro librepensador desvelado por las fantasmagorías futboleras. © LA GACETA
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