TODO UN COMPENDIO. El también llamado “movimiento del Noroeste”, que tuvo a Manuel J. Castilla como uno de sus fundadores, tuvo una cohesión y una envergadura extraordinarias.
15 Julio 2007 Seguir en 

Este libro cuenta con un mecenazgo muy particular: el del espíritu que animó la fundación del movimiento literario La Carpa, en 1944, nacido en Tucumán a instancias de Julio Ardiles Gray y Manuel J. Castilla, y que extendió su influencia a las provincias de Santiago del Estero y Salta.
Aquellos eran tiempos de movimientos culturales, con antecedente histórico en los encuentros y veladas de escritores e intelectuales que tuvieron por escenario las casonas de Lucio V. Mansilla, Bartolomé Mitre o Ricardo Rojas, y, de tiempos más cercanos, las tertulias en lo de Rafael Obligado o Elías Castelnuovo.
La Carpa fue casi contemporánea de sus similares porteños Vértice, Canto, Cosmorama y Sed, y del entrerriano El Sauce y, como ellos, aglutinó poetas y novelistas, de los cuales muchos alcanzaron reconocimiento nacional: además de Ardiles Gray y Castilla, el "movimiento del Noroeste", como también se lo denominaba, contó con la participación de Raúl Aráoz Anzoátegui, Miguel A. Estrella, José Fernández Molina, Juan Carlos Dávalos, María Adela Agudo y Antonio Nella Castro.
En 1948, en una nota sobre este tipo de iniciativas, que publicó el diario Clarín, Anzoátegui definió a La Carpa como "uno de los movimientos nacionales que se particularizó por su extraordinaria cohesión y envergadura".
De aquel grupo, representativo de la generación del 40, puede contarse aún con la presencia de un sobresaliente testigo, Ardiles Gray, cuyo colorido relato -De cómo la tía Joaquina y el tío Joaquín se conocieron y se casaron- encabeza los textos de los 14 escritores seleccionados para dar forma a este abarcativo compendio de las letras tucumanas.
La muestra resulta atractiva por su contenido, pero también valiosa en cuanto permite que el lector y el estudioso se asomen a estilos y modalidades expresivas y temáticas, teniendo en cuenta que, tras el autor de los Cánticos terrenales y su contemporáneo Octavio Cejas, se suman exponentes de la generación del 60, como Alba Omil, Tulio Santiago Ottonello, Carlos A. Alonso, María Eugenia Godoy y Luis Sáez, y los más actuales, incorporados al mundo de las letras con similar entusiasmo y capacidad creativa: Elvira Juárez Aráoz, Ana María Mopty de Kiorcheff, Jorge Namur, Lucio Piérola, Estela Porta, Eduardo Santos y Emma Cristina Zamora. © LA GACETA
Aquellos eran tiempos de movimientos culturales, con antecedente histórico en los encuentros y veladas de escritores e intelectuales que tuvieron por escenario las casonas de Lucio V. Mansilla, Bartolomé Mitre o Ricardo Rojas, y, de tiempos más cercanos, las tertulias en lo de Rafael Obligado o Elías Castelnuovo.
La Carpa fue casi contemporánea de sus similares porteños Vértice, Canto, Cosmorama y Sed, y del entrerriano El Sauce y, como ellos, aglutinó poetas y novelistas, de los cuales muchos alcanzaron reconocimiento nacional: además de Ardiles Gray y Castilla, el "movimiento del Noroeste", como también se lo denominaba, contó con la participación de Raúl Aráoz Anzoátegui, Miguel A. Estrella, José Fernández Molina, Juan Carlos Dávalos, María Adela Agudo y Antonio Nella Castro.
En 1948, en una nota sobre este tipo de iniciativas, que publicó el diario Clarín, Anzoátegui definió a La Carpa como "uno de los movimientos nacionales que se particularizó por su extraordinaria cohesión y envergadura".
De aquel grupo, representativo de la generación del 40, puede contarse aún con la presencia de un sobresaliente testigo, Ardiles Gray, cuyo colorido relato -De cómo la tía Joaquina y el tío Joaquín se conocieron y se casaron- encabeza los textos de los 14 escritores seleccionados para dar forma a este abarcativo compendio de las letras tucumanas.
La muestra resulta atractiva por su contenido, pero también valiosa en cuanto permite que el lector y el estudioso se asomen a estilos y modalidades expresivas y temáticas, teniendo en cuenta que, tras el autor de los Cánticos terrenales y su contemporáneo Octavio Cejas, se suman exponentes de la generación del 60, como Alba Omil, Tulio Santiago Ottonello, Carlos A. Alonso, María Eugenia Godoy y Luis Sáez, y los más actuales, incorporados al mundo de las letras con similar entusiasmo y capacidad creativa: Elvira Juárez Aráoz, Ana María Mopty de Kiorcheff, Jorge Namur, Lucio Piérola, Estela Porta, Eduardo Santos y Emma Cristina Zamora. © LA GACETA
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