01 Julio 2007 Seguir en 

Almudena Grandes es una novelista española, fecunda, reconocida por el público y la crítica. Además, en seguida se advierte el placer que siente al manejar esa materia tan difícil que es la lengua. Ella lo sabe, por eso logra frutos tan sabrosos. Algo trae el aroma de Proust, bien que a la distancia, en eso del cultivo moroso de la forma.
Dentro de esa exteriorización preciosa de la palabra (primer estrato desde el que uno debe descender hacia una lectura profunda de la novela) uno se encuentra con ríos metafísicos que circulan fecundando la obra, universales y eternos como el hombre desnudo ante sí mismo: la soledad y el desconsuelo "frente a la devastadora hazaña de la muerte".
Uno lee una historia entretenida y amena, pero recién después siente que una serie de problemas existenciales ha ido desgarrándole el alma hasta dejarla en carne viva.
En esa historia se entrecruzan dos vidas de orígenes opuestos. Ese es el tronco que, con una figura casi fantasmal, erige su gravitación. Ese tronco se arboriza y constituye la trama, sobre el fondo de la Europa en guerra y de la España franquista y su clima de exilios, delaciones, terrores y muertes.
O sea que, a lo largo de la novela, hay un trasfondo político que se relaciona no sólo con la guerra y la posguerra, el franquismo y el fascismo, sino con la dictadura de cualquier época y de cualquier lugar, y con la conducta de los hombres durante y después de la dictadura: heroísmos, apostasías, cinismo, acomodos, camaleonismo. La humanidad. ¿O no lo hemos vivido los argentinos en más de una oportunidad? (c) LA GACETA
Dentro de esa exteriorización preciosa de la palabra (primer estrato desde el que uno debe descender hacia una lectura profunda de la novela) uno se encuentra con ríos metafísicos que circulan fecundando la obra, universales y eternos como el hombre desnudo ante sí mismo: la soledad y el desconsuelo "frente a la devastadora hazaña de la muerte".
Uno lee una historia entretenida y amena, pero recién después siente que una serie de problemas existenciales ha ido desgarrándole el alma hasta dejarla en carne viva.
En esa historia se entrecruzan dos vidas de orígenes opuestos. Ese es el tronco que, con una figura casi fantasmal, erige su gravitación. Ese tronco se arboriza y constituye la trama, sobre el fondo de la Europa en guerra y de la España franquista y su clima de exilios, delaciones, terrores y muertes.
O sea que, a lo largo de la novela, hay un trasfondo político que se relaciona no sólo con la guerra y la posguerra, el franquismo y el fascismo, sino con la dictadura de cualquier época y de cualquier lugar, y con la conducta de los hombres durante y después de la dictadura: heroísmos, apostasías, cinismo, acomodos, camaleonismo. La humanidad. ¿O no lo hemos vivido los argentinos en más de una oportunidad? (c) LA GACETA
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