Una obra seria y documentada sobre el Jesús de la historia

Por Domigno Cosenza. Una publicación accesible para los lectores.

24 Junio 2007
La traducción al castellano de este libro, escrito en catalán, es más que oportuna. Se trata de una obra muy seria y documentada. Y, sobre todo, es accesible tanto intelectual como económicamente para los lectores argentinos. Algunas obras de los mejores investigadores sobre el tema ya habían sido traducidas al castellano, pero quedaban fuera del alcance del gran público. La excelente síntesis El Jesús histórico, de G. Theissen, resulta muy técnica para los lectores no especializados. Y la monumental obra de J. Meier, Un judío marginal, a pesar de su lectura más comprensible, abarca cinco gruesos volúmenes de precio muy elevado. La presente obra de Armand Puig recoge los aportes de estos eruditos y los presenta de un modo accesible para la gran mayoría.
Para comprender qué puede aportar hoy esta nueva biografía de Jesús, conviene ubicarla dentro de la corriente en la que el mismo autor la ha presentado: la third quest o "tercera pregunta" de la historia de la investigación de la vida de Jesús.
En una primera fase (siglo XVIII) había surgido la pregunta crítica por el Jesús histórico. Con H. Reimarus se comenzó a distinguir entre la "predicación de Jesús" y la "fe de los apóstoles en Cristo". Jesús habría sido un personaje profético-apocalíptico judío; el cristianismo, en cambio, desgajado del judaísmo, sería una creación de los apóstoles. D. Strauss, discípulo de Hegel, aplicó por entonces a los Evangelios el concepto de mito, ya corriente en la investigación del Antiguo Testamento. Intentaba alcanzar así una "síntesis" (hegeliana) entre las interpretaciones insuficientes tanto del sobrenaturalismo como del racionalismo. Su tesis, escandalosa para sus contemporáneos, postulaba que una idea no se realiza en un solo ejemplar; por eso había que asignar los atributos clásicos de Cristo (unión de naturaleza divina y naturaleza humana) a todo el género humano.
En una segunda fase (siglo XIX), la reconstrucción histórica de la eminente personalidad de Jesús esperaba renovar la fe cristiana, pero dejando atrás el dogma eclesial. Sin embargo, tal esperanza se apoyó con frecuencia en ideas apriorísticas y terminaron reflejando en Jesús el ideal de personalidad de los propios investigadores.
Por eso la tercera fase (principios del siglo XX) representa el colapso en la investigación de la vida de Jesús. Fue el célebre teólogo, misionero y médico A. Schweitzer quien denunció el carácter proyectivo de las imágenes que ofrecían las "vidas de Jesús" liberales. Algunos acentuaron el escepticismo generado desde entonces, como R. Bultmann, el exégeta más relevante de la teología dialéctica. Siguiendo la filosofía existencialista, ya no era decisivo lo que Jesús dijo e hizo, sino lo que Dios hace y dice en la cruz y en la resurrección. Ya no se estudiaría al Jesús histórico (irremediablemente perdido a causa de la mitificación), sino al "Cristo anunciado" a partir de la pascua.
Sin embargo, una cuarta fase (segunda mitad del siglo XX) lanzó la "nueva pregunta" por el Jesús histórico. Mientras la primera pregunta liberal establecía un antagonismo entre el Jesús histórico y la predicación de la Iglesia, esta "segunda pregunta", gestada en un grupo de discípulos distanciados de Bultmann, renovaba la confianza en la posibilidad de encontrar una tradición jesuánica "auténtica". Esta se descubriría en todo aquello que diferencia a Jesús tanto del judaísmo como de las desviaciones del cristianismo primitivo.
Es importante señalar que, simultáneamente, los investigadores judíos no consideraron ya el conflicto con la Ley como eje de la vida de Jesús. D. Flusser señalaba que lo determinante de su predicación es el mandamiento del amor, la superación de la ley del Talión y la espera del Reino de Dios: tradiciones judías todas ellas. Por su parte G. Vermes sitúa a Jesús entre otros carismáticos de Galilea.
Así llegamos en nuestros días a la quinta fase, concentrada en la tercera pregunta (third quest) sobre el Jesús histórico, que florece, sobre todo, entre autores de lengua anglosajona. Esta investigación no se guía por el interés teológico, sino histórico-social. Ya no busca mostrar la delimitación del cristianismo primitivo frente al judaísmo, sino su inserción en él. Tampoco da preferencia sólo a las fuentes canónicas, sino que se mantiene también abierta a las no canónicas.
Todas estas características están presentes en esta biografía de Armand Puig, que viene a cubrir un vacío entre la erudición especializada y la divulgación demasiado elemental. Vacío que, lamentablemente, es ocupado con frecuencia por la ficción narrativa de algunas novelas o por la especulación insuficientemente fundamentada de algunos "documentales". (C) LA GACETA

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