Entretenida casuística que ilustra sobre la ética real de las empresas

Por Samuel Schkolnik. La relación entre las ganancias y las metas morales posibles de las firmas.

17 Junio 2007
Puestas a elegir, la inmensa mayoría de las personas preferirían ser ricas y no pobres; puestas a opinar sobre el patrimonio de las otras, casi todas propenderían a condenar la riqueza, o al menos a desconfiar de ella, mientras que reservarían juicios de simpatía, y hasta de bienaventuranza, para con los pobres.
Martín Krause se detiene en el análisis de esta curiosa inconsecuencia, lo que lo lleva a formular la cuestión de la licitud ética de las empresas comerciales, económicas y financieras, tanto en lo que concierne a sus móviles como en lo atinente a sus relaciones con los protagonistas de los escenarios sociales y políticos.
El autor establece que ganar dinero puede ser un legítimo objetivo de la vida, y que si procurándolo se incurre a menudo en actitudes condenables, ello ocurre no por la meta de que se trata, sino por la inobservancia de unos principios éticos que rigen toda actividad, por lo cual infracciones de la misma o de mayor gravedad pueden cometerse en el desempeño de cualquier tarea o profesión, aun en las que se cumplen fuera del marco empresarial.
La ética de los negocios, en efecto, exigiría no mentir, no forzar la voluntad de los demás, no hacer a los demás lo que no desea uno que le hagan, etc.
Es claro que estas normas son demasiado generales para dar cuenta de un campo de acción harto complejo; por eso, Martín Krause se aplica a mostrar cómo obran esos principios en situaciones reales, las que a menudo corresponden a zonas grises en las que parecen solaparse criterios éticos distintos y hasta contradictorios, y en las que la decisión a adoptar resulta entonces vacilante.
El tratamiento de esas situaciones se cumple a través de una entretenida casuística, que el autor ilustra mediante el recurso frecuente a textos de escritores clásicos y modernos.
La tesis principal del libro es la de que obtener las mayores ganancias posibles no sólo es una meta moralmente permitida, sino que para las empresas constituye el criterio mismo de moralidad, porque el alcanzarla significa que ellas han concurrido al alivio de las necesidades humanas, altruismo del que valdría como evidencia la masiva aceptación, en el mercado, de los bienes o servicios que las empresas exitosas ofrecen. He aquí cómo lo dice el autor: "Siguiendo esta norma general (?respeta los derechos de los demás, como quisieras que respeten los tuyos?) podemos darles una justificación ética a nuestras acciones en el mercado, y a este mismo, como el gran instrumento que la humanidad ha forjado para satisfacer en forma creciente las necesidades de los seres humanos. Podríamos así afirmar que hemos ?servido? a los demás, y ellos nos han recompensado; que el dinero que hemos recibido es el fruto de ese premio que otros nos han dado por atenderlos. Estaríamos tan orgullosos de cumplir el importante papel de empresario o comerciante como lo están los ingenieros, plomeros, abogados o bailarines de servir a sus respectivas comunidades. Respetando los derechos de los demás, lo que no es un aspecto menor, el empresario se convierte en un ?camello?, a quien los consumidores, por medio de su decisión de compra -el gran ojo de la aguja- le han permitido que pase y se integre como un miembro respetado y respetable de la comunidad."Se podrá, por cierto, discutir esa tesis, pero no la claridad ni la coherencia con que la expone Martín Krause.
Una pregunta, sin embargo, subsiste a su lectura: ¿por qué le inquieta tanto la admonición de Mateo 19:24? (c) LA GACETA

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