En busca del equilibrio entre el humor y la tragedia del mundo

Por Carlos Escudé. Una obra que solamente puede ser el fruto de la multiculturalidad en una clave culta. La mirada del autor se extiende a la tendencia de rusos y de norteamericanos por expoliar a los países necesitados. Después de vivir una docena de años en Nueva York, el grotesco antihéroe se cree un yanqui capturado por un cuerpo ruso.

UN AUTOR QUE ES PARTE CABAL DE TRES MUNDOS. Shteyngart es beneficiario de un desarraigo potenciado por algunas de las mejores instituciones educativas norteamericanas. UN AUTOR QUE ES PARTE CABAL DE TRES MUNDOS. Shteyngart es beneficiario de un desarraigo potenciado por algunas de las mejores instituciones educativas norteamericanas.
10 Junio 2007
Cuando LA GACETA Literaria me encuestó acerca del mejor libro de 2006, elegí Absurdistan. No fui original. Tanto el "New York Times" como "Time Magazine" ubicaron la novela de Gary Shteyngart como una de las cinco mejores del año. Al elegirla, recordé a un crítico de José Ortega y Gasset que acusó al filósofo de vender caro en Madrid lo que adquiría barato en Londres y en Berlín. Me justifica mi ingenua identificación con el predicamento del autor, de quien puedo decir sin falsa modestia que es tan brillante como yo mediocre.
La obra sólo pudo ser el fruto de la multiculturalidad en clave culta. Shteyngart es un norteamericano judío nacido en Leningrado en 1972, cuya familia se expatrió en 1977. Se educó en un colegio secundario público de Manhattan, Stuyvesant, que ya ha producido cuatro premios Nobel. De allí pasó a Oberlin College, una excelente miniuniversidad de la provinciana Ohio, que ha formado a otros tres Nobel en ciencias. Luego enseñó en Columbia University, de la ciudad de Nueva York, donde reside.
Estos datos lo delatan como el beneficiario de un desarraigo potenciado por algunas de las mejores instituciones educativas norteamericanas. Shteyngart es parte cabal de tres mundos con sus respectivas identidades, rusa, judía y yanqui, a la vez que es ajeno a todas ellas. Es él. Nada de lo que ama escapa de su sátira mordaz. En Absurdistan, él mismo aparece como un personaje menor, Jerry Shteynfarb, un escritor que aspira a convertirse en el Nabokov judío.
En una entrevista concedida en 2005, reconoció sus ambivalencias. Le enseñaron que la cultura rusa era la mejor del mundo cuando Rusia era un lugar espantoso. Siempre estuvo orgulloso de ser judío, pero una de sus peores experiencias fue en la escuela hebrea de su infancia: reaccionó haciéndose secular. Ama a Nueva York, pero cuando viaja al interior de Estados Unidos siente que visita un planeta ajeno. No agita banderas nacionales. Sólo está orgulloso de ser neoyorquino.
Por su parte, Misha Borisovich Vainberg, el narrador de Absurdistan, es judío, tiene 30 años, pesa 148 kilos y es hijo del 1238º hombre más rico de Rusia. La vertiginosa prosa de Shteyngart nos permite oírlo jadear. Después de vivir una docena de años en Nueva York y en el medio-oeste estadounidense, el grotesco antihéroe se cree un yanqui capturado por un cuerpo ruso. Consume todo: esturión, whisky, mujeres, política, antidepresivos y psicoanálisis. Ama lo judío, a pesar de que su tardía circuncisión en manos de jasídicos borrachos de Nueva York casi culminó en carnicería.
No es su única decepción con lo americano. Lo peor acontece cuando su Bienamado Papá, un delincuente que lucró con la caída de la URSS, asesina a un competidor estadounidense y luego es él mismo eliminado. Misha se encuentra en su Petersburgo natal y no consigue visa para su Estados Unidos soñado. Para colmo, su amada novia del Bronx escapa con el novelista Shteynfarb, el otro alter ego del autor.
La novela se presenta como una súplica al Servicio de Inmigración de los Estados Unidos para que se le permita reingresar, después de su intento de conseguir un documento falso en la república postsoviética de Absurdistán. Este es el país resultante de la convivencia conflictiva entre dos etnias en un territorio situado entre Rusia e Irán. Su corrupta dirigencia está seducida por una gran corporación estadounidense, Golly Burton, cuyo nombre reproduce la pronunciación rusa de Halliburton, el monstruo energético que cobró triste fama con la guerra de Irak. El objetivo común a la empresa extranjera y los políticos locales es estafar al gobierno americano.
Oligarcas rusos y multinacionales estadounidenses son equiparados por Shteyngart, cuya mirada se extiende a la tendencia de ambos pueblos a ostentar riqueza y expoliar países minusválidos. No obstante, predomina en ellos la insatisfacción. La descripción de ese universo de frustraciones se convierte en comentario incisivo sobre el "American dream", a la vez que es un examen de los países del Tercer Mundo, su forma de sufrir la política mundial y de depravar la propia.
Según el autor, su mayor desafío fue encontrar un equilibrio entre el humor y la tragedia del mundo. Sabe que el humor es más riesgoso que el drama. Los seres humanos reaccionamos de manera más previsible frente a lo trágico que ante lo chistoso.
Pero Shteyngart no tiene otra salida que ser él mismo. No es ruso, norteamericano ni judío. Es un cosmos. (c) LA GACETA

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