Pleito insoluble entre dogma sureño y democracia
Por Angel Anaya. Análisis, entre humorístico y doloroso, de la situación de los países de América Latina y sobre el avance del populismo en varios Estados. La izquierda vegetariana -dicen los autores- también tiene prejuicios o -al decir de ellos- su anclaje latinoamericano.
BONITA VECINDAD. El matrimonio Kirchner es considerado, por momentos, inclasificable. Chavez, en cambio, es ubicado entre los “trogloditas”.
27 Mayo 2007 Seguir en 

¿Por qué las emigraciones en nuestro continente se producen de sur a norte y no al revés? Hace una década, recuerda el prologuista Mario Vargas Llosa, trataban de explicar ese interrogante en el "Manual del perfecto idiota latinoamericano" con parecido humor y severa investigación, las causas y los orígenes de ese fenómeno dogmático donde se enfrentan el atraso latinoamericano y el progreso angloamericano. Diferencias con dimensiones seculares que por momentos se manifiestan con odio y desprecio, y que son del todo innegociables. Los autores, latinoamericanos, las definen como un pleito insoluble donde el dogmatismo y la ceguera política sureños litigan contra el sistema democrático y de mercado en el que se sostiene ese imperialismo fagocitador. Un sistema, cierto es, que le ha permitido el poderío de un Goliat y avanza en su modernidad con rudeza de gigante. "El regreso del idiota" aporta en ese análisis, entre humorístico y doloroso, un nuevo capítulo histórico del mismo pleito, país por país, donde la regla es una distinción entre la izquierda vegetariana y la carnívora; es decir la que acepta en alguna medida las normas de la modernidad, si bien las aplica con reservas que la condicionan -Chile, Brasil Colombia, México, Perú- y la de los "trogloditas" -Castro, Chávez y Morales-. Por el momento, los autores consideran inclasificable al matrimonio Kirchner, vegetariano o carnívoro, según sea el condicionamiento circunstancial.
Esa realidad latinoamericana, obsesionada con su militancia antiyanqui, sigue mostrándose inmune a lo que ocurre, no sólo en la pluralidad de la Unión Europea después de pavorosas experiencias bélicas, sino al fenomenal escenario de extremo oriente, donde China ha sido capaz de albergar en su implacable marxismo las bondades del capitalismo; la India rompió su encierro aliándose con el liberalismo económico, mientras Singapur, Taiwan y Corea pueden mirar desde sus alturas nuestro raro nacionalismo. Raro y cargado de mitos que el "idiota" absorbe cuando, vaya por caso, Hugo Chávez invoca a Simón Bolívar como prerrevolucionario sin tener en cuenta el desprecio que Carlos Marx le dispensó en carta a Engels. Todos los extremismos, en este caso el del supuesto bolivariano de moda, apelan a la falacia en el ansia de poder que los devora. El testimonio de México es un ejemplo de vegetarianismo forzoso ante la realidad de los hechos, pues la izquierda primaria del presidente Pérez Obrador debió ceder tras su llegada al poder al "odioso" Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá ante una realidad insuperable: la balanza comercial mexicana pasó de un déficit de 3.150 millones de dólares en 1994 a un superávit de 55.000 millones.
La izquierda vegetariana, sin embargo -señalan los autores-, tiene también sus prejuicios o, por mejor decir, su anclaje latinoamericano, y son los de Chile, Uruguay y Brasil, que a la hora de establecer alianzas internacionales se consideran obligadas a apoyar a la carnívora, a pesar de que en nada la sigan en sus respectivos países. Se trata de una suerte de cautiverio donde el "idiota" sigue siendo fiel al troglodismo de sus líderes. Esos personajes que perderían el poder si sus seguidores advirtiesen cómo países en otro tiempo más pobres gozan hoy de un alto ingreso per cápita y participan de las ventajas del primer mundo. Se trata de barómetros esenciales para prevenir el futuro, como son el mundo cubano donde todos son iguales, salvo hacia arriba, las dos Coreas o la misma Europa, a la que el "perverso" imperialismo yanki salvó mediante un Plan Marshall que terminó en la implosión del Muro de Berlín, que en lugar de impedir la emigración al paraíso de Castro y de Chávez, mantenía cautivos a sus pueblos. Por momentos pintoresco y extremado, "El regreso del idiota" es, no obstante, un poderoso saldo de realismo. (c) LA GACETA
Esa realidad latinoamericana, obsesionada con su militancia antiyanqui, sigue mostrándose inmune a lo que ocurre, no sólo en la pluralidad de la Unión Europea después de pavorosas experiencias bélicas, sino al fenomenal escenario de extremo oriente, donde China ha sido capaz de albergar en su implacable marxismo las bondades del capitalismo; la India rompió su encierro aliándose con el liberalismo económico, mientras Singapur, Taiwan y Corea pueden mirar desde sus alturas nuestro raro nacionalismo. Raro y cargado de mitos que el "idiota" absorbe cuando, vaya por caso, Hugo Chávez invoca a Simón Bolívar como prerrevolucionario sin tener en cuenta el desprecio que Carlos Marx le dispensó en carta a Engels. Todos los extremismos, en este caso el del supuesto bolivariano de moda, apelan a la falacia en el ansia de poder que los devora. El testimonio de México es un ejemplo de vegetarianismo forzoso ante la realidad de los hechos, pues la izquierda primaria del presidente Pérez Obrador debió ceder tras su llegada al poder al "odioso" Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá ante una realidad insuperable: la balanza comercial mexicana pasó de un déficit de 3.150 millones de dólares en 1994 a un superávit de 55.000 millones.
La izquierda vegetariana, sin embargo -señalan los autores-, tiene también sus prejuicios o, por mejor decir, su anclaje latinoamericano, y son los de Chile, Uruguay y Brasil, que a la hora de establecer alianzas internacionales se consideran obligadas a apoyar a la carnívora, a pesar de que en nada la sigan en sus respectivos países. Se trata de una suerte de cautiverio donde el "idiota" sigue siendo fiel al troglodismo de sus líderes. Esos personajes que perderían el poder si sus seguidores advirtiesen cómo países en otro tiempo más pobres gozan hoy de un alto ingreso per cápita y participan de las ventajas del primer mundo. Se trata de barómetros esenciales para prevenir el futuro, como son el mundo cubano donde todos son iguales, salvo hacia arriba, las dos Coreas o la misma Europa, a la que el "perverso" imperialismo yanki salvó mediante un Plan Marshall que terminó en la implosión del Muro de Berlín, que en lugar de impedir la emigración al paraíso de Castro y de Chávez, mantenía cautivos a sus pueblos. Por momentos pintoresco y extremado, "El regreso del idiota" es, no obstante, un poderoso saldo de realismo. (c) LA GACETA
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