Instantáneas

Por María Eugenia Bestani, para LA GACETA - Tucumán.

TESTIMONIOS PERDURABLES. La producción literaria argentina se lee y también se estudia. TESTIMONIOS PERDURABLES. La producción literaria argentina se lee y también se estudia.
27 Mayo 2007
En el aeroparque Jorge Newbery, el poeta Rafael Felipe Oteriño, al enterarse de que su amigo Santiago Sylvester, ambos invitados a participar en el III Mayo de las Letras, no viajaría a Tucumán en su mismo vuelo, íntimamente se lamentó. Esa falta de coincidencia los privaría del placer de caminar juntos por las calles de nuestra ciudad, durante las horas previas al encuentro en la vieja casona de los Nougués. Aunque, más que caminar por Tucumán, pensó Oteriño, no iban a poder "tropezar" con Tucumán.
"Tropezar" en el sentido en que los poetas tropiezan con las imágenes, con esas visiones que interpelan, vislumbres de desproporción (de las que nuestra ciudad es más que generosa), tanto en la belleza como en la fealdad: la esbeltez epifánica de la estatua de Lola Mora; esa cantidad inusitada de deshechos que amanecen en cordones y plazas, verdaderas flores de la desidia de un pueblo que no las ve; azaleas fucsias en pleno otoño y, en unos días más, la nieve negra y porfiada de la malhoja. Imágenes que se leen como metáforas y se retienen, latentes, en quién sabe qué lugar, hasta que irrumpen como magma para convertirse en materia poética.
En el centro de Altos Estudios uno tropieza con la ciudad. La mirada se solaza en las molduras de un techo, las columnas dóricas, las balaustradas de hierro. "Esta casa es el tangible de nuestra cultura, y es de todos", postula Catalina Lonac.
En un castellano al que traiciona la fonética de su lengua semita natal, otro convocado, el embajador del Líbano, Hicham Hamdan, diplomático y escritor, cuenta que durante la última guerra que asoló Beirut, el museo arqueológico fue protegido con espesos paneles de cemento para impedir que las bombas mellaran el patrimonio cultural allí albergado. En el país de los cedros, "refugio de minorías", las antiguas civilizaciones han inscripto sus huellas como en las páginas de un libro abierto, sempiterno. Hoy, tan vulnerable.
Huellas. Manolo Serrano Pérez insiste en la necesidad de dejar registro. La memoria no basta, debe imprimirse. En un pasado no tan lejano tuvimos "La carpa", "Cartón de poesía", "Fundación argentina para la poesía"; hoy, tenemos muy buenas intenciones. Sylvester habla de las imperdonables deudas editoriales: poetas que se han ido físicamente como Mario Romano, y que se disolverán en el silencio si su obra, en la actualidad dispersa, no se publica. Reclama una antología integradora, comprensiva, de la poesía de nuestra región, para contrarrestar al mundo globalizante y a la fuerza sinecdótica de Buenos Aires, que tiende a reemplazar la parte por el todo. La poesía "argentina" que hoy se lee y estudia en los centros del saber, es, primordialmente, la poesía del Río de la Plata.
El misterio de la gestación poética. Cristina Piña alude a la creación irreflexiva de sus versos, que en ella se anuncia con un llamado rítmico. Es la urgencia de una pulsación la que inexorablemente "la sienta" a escribir. Se deja sorprender por lo que va emergiendo como palabra a partir del ritmo. A medida que el poema cobra espesor, comienza el distanciamiento crítico de la artista -no intelectual, sino poético-, su trabajo de orfebre, conciliando escritura con el llamado interno y único del poema.
El vigor del microrrelato tiene su dilatado espacio en las palabras del narrador Jorge Namur, la exposición de Guillermo Siles y la lectura de Roberto Perinelli.
La luminosa presencia de Mirta Arlt ha dejado a todos cautivados. Después de su charla sobre la dimensión social y humana de Roberto Arlt, confiesa: "alguien me dijo que yo podría estar recorriendo el mundo, dando conferencias sobre mi padre. Pero yo no puedo.
Sencillamente, me cuesta mucho hablar de él . . .", agrega, conteniendo las lágrimas.
El público responde al unísono con un fervoroso aplauso.A cien años del nacimiento del poeta inglés W.H. Auden, autor de versos memorables como Poetry makes nothing happen ("la poesía no hace que nada suceda"), lo evocamos con fragmentos de La mano del teñidor: "En nuestra época, la simple producción de una obra de arte es en sí un acto político. Mientras existan artistas que hagan lo que les gusta y lo que desean, aunque esto no sea excesivamente bueno y sólo interese a unos pocos, le estarán recordando al gobierno algo que los gobernantes necesitan recordar: que sus gobernados son personas con rostro y no cifras anónimas".
"La poesía es capaz de hacer mil cosas, puede complacer, entristecer, perturbar, divertir, instruir; puede expresar todos los matices de la emoción y describir todos los hechos. Pero sólo hay una cosa que toda poesía debe hacer: alabar su propia existencia y su propio acontecer". La escritora Elvira Juárez Aráoz, ante el estímulo intelectual de todo un día en "el Mayo" ("estímulo" de stimulare, en su sentido etimológico de espolear al caballo para que ande, de incitar, aguijonear) desde el público hace oír su voz: "Hoy he escuchado a nueve expositores; hoy he recibido nueve puñaladas". (c) LA GACETA'

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