27 Mayo 2007 Seguir en 
El riesgo de crédito de las familias impulsa la reducción de la morosidad de cartera: está en un nivel históricamente bajo del 4,1% de las financiaciones privadas. Esta situación, remarcada en el informe sobre Bancos elaborado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) explica por qué las entidades financieras se lanzaron agresivamente a preparar paquetes más flexibles en los plazos para sus clientes o captar a los nuevos.
Durante el primer trimestre, los préstamos personales crecieron un 13,1%, según el diagnóstico del Central. Y, excluyendo los adelantos y las financiaciones mediante tarjetas de crédito, la duración de los nuevos créditos privados alcanzó algo más de 3,7 años en promedio, casi 12 meses más que en igual período de 2006.
"Un cliente insatisfecho es un cliente que se pierde", dice el gerente general de Standard Bank en Argentina, Eduardo Spangenberg, quien visitó recientemente la sucursal de Tucumán. En su experiencia de banquero, el ejecutivo señala que no hay estrategias mágicas en esta política de captar consumidores. "Un banco inteligente trata de cubrir la necesidad del cliente o bien crearle sus propias necesidades", afirma.
Efectos superados
En general, los consumidores exteriorizaron sus temores para operar con las entidades financieras por la mala experiencia que tuvieron durante la crisis socioeconómica nacional de fines de 2001.
Según Spangenberg, la gente perdió aquel temor paulatinamente y eso se demuestra en el desenvolvimiento del sector financiero durante los últimos años de continuo crecimiento de la economía nacional.
"Hoy los depósitos del sector privado representan el 18% del Producto Bruto Interno (PBI), señala. Y acota: "cuando uno ve un horizonte económico de estabilidad, tanto en el nivel de empleo como en las posibilidades de mejorar sus ingresos, es más susceptible a encarar proyectos personales a través del financiamiento".
Spangenberg puntualiza que ese escenario genera una propensión al consumo, aunque también impulsa a muchas familias a recuperar el espíritu de ahorro. "Hay mucha gente que se anima a dar un paso más en la vida, a cambiar el auto y a mejorar su estilo de vida", sostiene el banquero.
Tomando aquella conclusión del Banco Central respecto de la tasa de morosidad, Spangenberg recuerda que en 2004 ese índice estaba en un 20%. "En ese contexto, cabe decir que la nueva cartera (los nuevos clientes) se forman bien y, además, los viejos clientes reestructuraron sus deudas -tras la crisis de fines de 2001-. Por esa razón, puede decirse que en el sistema financiero argentino se regeneró un círculo virtuoso", expresa.
Durante el primer trimestre, los préstamos personales crecieron un 13,1%, según el diagnóstico del Central. Y, excluyendo los adelantos y las financiaciones mediante tarjetas de crédito, la duración de los nuevos créditos privados alcanzó algo más de 3,7 años en promedio, casi 12 meses más que en igual período de 2006.
"Un cliente insatisfecho es un cliente que se pierde", dice el gerente general de Standard Bank en Argentina, Eduardo Spangenberg, quien visitó recientemente la sucursal de Tucumán. En su experiencia de banquero, el ejecutivo señala que no hay estrategias mágicas en esta política de captar consumidores. "Un banco inteligente trata de cubrir la necesidad del cliente o bien crearle sus propias necesidades", afirma.
Efectos superados
En general, los consumidores exteriorizaron sus temores para operar con las entidades financieras por la mala experiencia que tuvieron durante la crisis socioeconómica nacional de fines de 2001.
Según Spangenberg, la gente perdió aquel temor paulatinamente y eso se demuestra en el desenvolvimiento del sector financiero durante los últimos años de continuo crecimiento de la economía nacional.
"Hoy los depósitos del sector privado representan el 18% del Producto Bruto Interno (PBI), señala. Y acota: "cuando uno ve un horizonte económico de estabilidad, tanto en el nivel de empleo como en las posibilidades de mejorar sus ingresos, es más susceptible a encarar proyectos personales a través del financiamiento".
Spangenberg puntualiza que ese escenario genera una propensión al consumo, aunque también impulsa a muchas familias a recuperar el espíritu de ahorro. "Hay mucha gente que se anima a dar un paso más en la vida, a cambiar el auto y a mejorar su estilo de vida", sostiene el banquero.
Tomando aquella conclusión del Banco Central respecto de la tasa de morosidad, Spangenberg recuerda que en 2004 ese índice estaba en un 20%. "En ese contexto, cabe decir que la nueva cartera (los nuevos clientes) se forman bien y, además, los viejos clientes reestructuraron sus deudas -tras la crisis de fines de 2001-. Por esa razón, puede decirse que en el sistema financiero argentino se regeneró un círculo virtuoso", expresa.







