Una pequeña obra maestra del guionista de la aclamada "Babel"

Por Juan Carlos Di Lullo. NOVELA.

20 Mayo 2007
Cinco páginas le alcanzan al autor para llevar al lector al particular universo en el que se desarrolla la historia. Adela, una joven de frágil belleza, aparece brutalmente asesinada en un descampado en la madrugada de un domingo. Ramón la reconoce de inmediato; la ha visto un par de veces en el bar que atiende, y eso ha sido suficiente para que la jovencita lo deslumbre; rápidamente, pero sin mayores datos que la confirmen, se instala entre los pobladores la versión de que la muerta era la novia del muchacho. Al constatarse el asesinato y después de que habladurías y afirmaciones sin sustento señalan a un presunto culpable -el Gitano-, a Ramón no le queda otra alternativa que vengar a Adela asumiendo el compromiso de cobrarse la vida del sospechado autor del crimen.
Sobre esta sencilla anécdota, Guillermo Arriaga construye un relato colorido y sugerente, que se deja leer de un tirón; los giros propios del lenguaje popular mexicano le agregan un condimento extra a esta historia que parece concebida para ser llevada a la pantalla. Y, de hecho, llegó al cine en 1998, en una producción dirigida por Gabriel Retes. Todo esto pasó antes de que el autor fuera conocido por el gran público como guionista gracias al éxito de los filmes "Amores perros??, "21 gramos?? y "Babel??. Esta última le valió la candidatura al Oscar 2007 (que no ganó) y el final con ribetes de escándalo de su asociación artística con su compatriota, el realizador Alejandro González Iñárritu, que dirigió las tres películas.

Imágenes potentes
En esta novela, Arriaga muestra una sorprendente soltura para incorporar personajes que sirven para enriquecer la historia sin que la trama se desvanezca en detalles laterales. A poco de iniciado el relato, el lector comienza a participar, casi sin advertirlo, de la lógica particular según la cual actúan y razonan los protagonistas; y, como estos, entiende que nada puede hacerse sino aceptar casi sin resistencia los caprichos del destino. Y entonces, el rumbo trágico que inexorablemente van tomando los acontecimientos se vive sin objeciones, sin reacción, sin posibilidades de torcer lo que se siente como ya definido de antemano.
Arriaga pinta con precisión seres que consumen su existencia con resignación, porque sienten como propio lo que puntualmente se dice sobre uno de los personajes: "quedó enquistada en el polvo, buscando inútilmente la palanca de reversa que le permitiera echar el tiempo atrás??. Con imágenes potentes, personajes pintorescos y una trama sólida y atractiva, el autor redondea una novela breve y concisa, llena de fuerza y con mucho carácter, a la que le sobran méritos para ser considerada una pequeña obra maestra. (c) LA GACETA

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