Vecinos contra el delito

Redes solidarias que la Policía debe apoyar y encauzar.

28 Octubre 2002
Hemos dedicado una extensa nota, en nuestra edición de ayer, a una modalidad que se extiende cada vez más en diversos barrios de nuestra ciudad. Se trata de que, ante la falta de una seguridad efectivamente aportada por la Policía, los vecinos de por lo menos una docena de estos sectores han resuelto diseñar su sistema propio de protección. Utilizando armas en algunos casos y en otros, a través de puntuales rondas, afirman que han logrado reducir sustancialmente los robos y asaltos que constituían su cotidiana pesadilla.
De más está decir que todo esto es otra muestra de los profundos cambios que se han verificado en la problemática de la sociedad, y que se manifiestan de múltiples maneras. Hubo un aumento exponencial de la cantidad de población y de viviendas, fenómeno que no corrió parejo con un incremento del personal policial, ni tampoco con el mejoramiento de sus equipos de comunicaciones, de movilidad y de armamento. La presencia del uniformado en la calle empezó a escasear y se la reemplazó por estrategias distintas y no siempre eficaces.
Simultáneamente, muchas otras cuestiones operaron para fomentar el crecimiento de la delincuencia. Sin duda, factores importantes están constituidos por la desocupación y la pobreza, sumadas a la falta de marcos éticos y la negatividad de muchos modelos que ofrece, por desgracia, nuestra actualidad. Ha favorecido también a estas actividades marginales, el colapso de muchos servicios públicos de resorte municipal; porque es evidente que la falta de iluminación en las calles o los baldíos cubiertos de matorrales crean condiciones favorables para tales conductas.
Se trata de temas cuya consideración detallada excede el breve espacio de un comentario periodístico. Pero la realidad nos está mostrando que, acosada por la delincuencia, la sociedad reacciona como puede. Alarmada por la carencia de esa seguridad que debiera aportarle el Estado, busca caminos alternativos para proteger sus hogares del avance de malvivientes cada vez más audaces y cada vez más impunes. A esta situación responden las redes de seguridad privada que han empezado a menudear. Por cierto que no es lo ideal en una comunidad. La prevención del delito es algo que corresponde en esencia al Estado, como encargado de la aplicación de las leyes y como autorizado para el uso de la fuerza con ese propósito.
La circunstancia de que se lo esté reemplazando expone la dimensión de un problema que el poder público debe resolver como una de sus grandes prioridades.
Pero también es verdad que no puede permanecer el vecindario inerme frente al atentado constante contra sus personas y sus propiedades. Si el Estado no satisface sus expectativas de protección, es justo y comprensible que busque el modo de suplirlas.Ahora, interesa que estas experiencias vecinales se desarrollen en un marco de colaboración, asesoramiento y apoyo de la Policía. En ese sentido, deben considerarse positivas las expresiones del subsecretario de Seguridad, quien afirmó que se está tratando de trabajar mancomunadamente con las incipientes organizaciones, acercándoles pautas, facilitando su comunicación con la fuerza y tratando de desalentar el uso de armas. Es un punto que debe, creemos, profundizarse al máximo posible, para revitalizar los propósitos de aquella iniciativa de la "Policía comunitaria" que empezó a implementarse hace dos años y que quedó a medio camino.
Hay que crear también, en la Policía, una nueva conciencia, que la lleve a admitir con amplitud la interrelación con el vecindario, que está directamente interesado en la temática de la seguridad. Es evidente que este nuevo sistema que ha empezado a difundirse, empujado por una realidad que está fuera de discusión, debe ser encauzado para que arroje los mejores resultados.

Tamaño texto
Comentarios