28 Octubre 2002 Seguir en 
BUENOS AIRES.- A medida que pasan las semanas, es como que lentamente se normaliza la actividad económica, dentro de un nivel bajo, sobre todo en los indicadores de consumo y construcción, pero carente de malas expectativas sobre un estallido hiperinflacionario inminente o una nueva maxidevaluación; al contrario, los precios están quietitos y la mayoría de los pronósticos económicos hablan de un dólar estable de aquí hasta marzo por lo menos.
Tampoco se husmea en el aire que se estén armando disturbios sociales como los que enturbiaron el fin de 2001, los cuales en octubre de 2001 más o menos ya se intuían.No es que a algunos no les falten ganas de hacerlo, pero se duda de que tengan quórum o plafond en este momento.Si todo eso que hemos mencionado se puede encuadrar bajo el concepto de normalización, bien. Pero también es relativo qué se va a normalizar y qué se va a desnormalizar.
La regularización incluye o transita, indudablemente, por tener un acuerdo firmado con el FMI para la primera semana de noviembre, cuya preparación insumió dificilísimas tratativas, todavía no cerradas pero en proceso de hacerlo según coinciden por primera vez ambas partes, es decir, el FMI y el Gobierno.
Pero una vez que se firme el compromiso se entrará en la fase de cumplirlo, lo cual puede ser no menos gravoso que negociarlo. Los compromisos fiscales, monetarios, financieros, provinciales, tarifarios, etcétera, por más que hayan sido atenuados al máximo, siguen siendo severos y hay que ver en qué medida la comunidad tendrá propensión a respetarlos fielmente. Se ha tratado de eludir la mención a ajustes y sacrificios pero están presentes y repercutirán inevitablemente, por ejemplo en la necesidad de pagar más tarifa por servicios públicos esenciales, de aceptar algunos aumentos de impuestos o que se postergue toda perspectiva de un aumento de salarios.
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien condujo hábilmente las tratativas, ha sido categórico en el sentido de no suscribir cartas de intención con medidas que después no se puedan cumplir, como por ejemplo acentuar exageradamente el superávit fiscal o dejar complemente en libertad la flotación el tipo de cambio. Y que el aumento de tarifas inevitable sea un "tarifacito" en lugar de un directo al hígado.
Otros gobiernos y otros ministros, aduce, han firmado multitud de compromisos, de cartas de intención que después no pudieron cumplir, y eso influyó en la desconfianza interna y externa que aqueja al país y que no se tiene que repetir. Pero si bien eso es cierto todavía queda la incógnita de si la gente aceptará los sacrificios que restan, y que todavía son considerables.
Efecto brasileño
Un buen manejo de la transición política puede suavizar o envaselinar estos cambios, dado que, como lo demuestra el desenlace de las elecciones brasileñas, ni siquiera el triunfo de variantes de izquierda puede evitar que se entre por la variante de conversar con los organismos internacionales, tratar de tener contentos a los banqueros y recomendar disciplina fiscal.Pero en la Argentina, lo que precisamente está ausente o no se vislumbra es ese buen manejo de la transición política, la cual, al contrario, es más bien brusca o discordante.
Dentro de esta perspectiva vamos a ver qué se presenta en materia de reformas o alteraciones impositivas que es un cuadro donde todo está aún por verse.
Por de pronto, la cartera económica ha debido ceder a la realidad por lo menos en un par de aspectos.
Uno de ellos fue reconocer que la moratoria impositiva y previsional que se puso en marcha en abril, incluyendo la minimoratoria posterior, no se está cumpliendo debidamente porque persiste mucha iliquidez y hay contribuyentes morosos. Se calculan en el 30% del total.
Para ellos se buscó una solución consistente en no reabrir la moratoria para no perjudicar a aquéllos que la están cumpliendo, pero postergar las sanciones hasta después de noviembre. (DyN)
Tampoco se husmea en el aire que se estén armando disturbios sociales como los que enturbiaron el fin de 2001, los cuales en octubre de 2001 más o menos ya se intuían.No es que a algunos no les falten ganas de hacerlo, pero se duda de que tengan quórum o plafond en este momento.Si todo eso que hemos mencionado se puede encuadrar bajo el concepto de normalización, bien. Pero también es relativo qué se va a normalizar y qué se va a desnormalizar.
La regularización incluye o transita, indudablemente, por tener un acuerdo firmado con el FMI para la primera semana de noviembre, cuya preparación insumió dificilísimas tratativas, todavía no cerradas pero en proceso de hacerlo según coinciden por primera vez ambas partes, es decir, el FMI y el Gobierno.
Pero una vez que se firme el compromiso se entrará en la fase de cumplirlo, lo cual puede ser no menos gravoso que negociarlo. Los compromisos fiscales, monetarios, financieros, provinciales, tarifarios, etcétera, por más que hayan sido atenuados al máximo, siguen siendo severos y hay que ver en qué medida la comunidad tendrá propensión a respetarlos fielmente. Se ha tratado de eludir la mención a ajustes y sacrificios pero están presentes y repercutirán inevitablemente, por ejemplo en la necesidad de pagar más tarifa por servicios públicos esenciales, de aceptar algunos aumentos de impuestos o que se postergue toda perspectiva de un aumento de salarios.
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien condujo hábilmente las tratativas, ha sido categórico en el sentido de no suscribir cartas de intención con medidas que después no se puedan cumplir, como por ejemplo acentuar exageradamente el superávit fiscal o dejar complemente en libertad la flotación el tipo de cambio. Y que el aumento de tarifas inevitable sea un "tarifacito" en lugar de un directo al hígado.
Otros gobiernos y otros ministros, aduce, han firmado multitud de compromisos, de cartas de intención que después no pudieron cumplir, y eso influyó en la desconfianza interna y externa que aqueja al país y que no se tiene que repetir. Pero si bien eso es cierto todavía queda la incógnita de si la gente aceptará los sacrificios que restan, y que todavía son considerables.
Efecto brasileño
Un buen manejo de la transición política puede suavizar o envaselinar estos cambios, dado que, como lo demuestra el desenlace de las elecciones brasileñas, ni siquiera el triunfo de variantes de izquierda puede evitar que se entre por la variante de conversar con los organismos internacionales, tratar de tener contentos a los banqueros y recomendar disciplina fiscal.Pero en la Argentina, lo que precisamente está ausente o no se vislumbra es ese buen manejo de la transición política, la cual, al contrario, es más bien brusca o discordante.
Dentro de esta perspectiva vamos a ver qué se presenta en materia de reformas o alteraciones impositivas que es un cuadro donde todo está aún por verse.
Por de pronto, la cartera económica ha debido ceder a la realidad por lo menos en un par de aspectos.
Uno de ellos fue reconocer que la moratoria impositiva y previsional que se puso en marcha en abril, incluyendo la minimoratoria posterior, no se está cumpliendo debidamente porque persiste mucha iliquidez y hay contribuyentes morosos. Se calculan en el 30% del total.
Para ellos se buscó una solución consistente en no reabrir la moratoria para no perjudicar a aquéllos que la están cumpliendo, pero postergar las sanciones hasta después de noviembre. (DyN)







