El lento ahogo del intendente

Alvarez no logra hacer arrancar al municipio.

26 Octubre 2002
Por Roberto Delgado

El equilibrio trabajo-servicios-salarios está roto en la Municipalidad. Los sueldos se pagan fragmentados -como ocurre hasta la categoría19- o incompletos, como en el caso de los jerárquicos, a quienes se les deben varios meses. Las labores se cumplen apenas pocos días al mes y los servicios prácticamente no existen. La consecuencia es el caos, la ciudad tomada por remiseros, ambulantes, verduleros o cualquier sector que decida invadirla, y la paralización de las actividades administrativas.

Un hábito urbano
La gente está acostumbrada desde hace años al paisaje de protesta. En estos días resultó incluso sorprendente el descenso de las quemas de cubiertas -hubo áreas en las que los empleados no permitieron a los sindicalistas recurrir a esta forma de queja-, debido probablemente a que el fantasma de la intervención sigue latente desde hace dos meses, cuando renunció Raúl Topa y asumió Antonio Alvarez. Sin embargo, aunque bajó la violencia de las manifestaciones (que hace tres semanas llegaron a la toma de la sede municipal) los servicios siguen siendo inexistentes y continúan sometidos al arbitrio de los gremios.
Los ciudadanos, así, no saben si habrá varitas o no; si se cobrará o no en Rentas; si podrán renovar el carnet de manejo o si se atenderá o no en la Asistencia Pública. De pronto puede sorprenderlos un operativo de Tránsito de fin de semana, cuando la repartición estuvo inactiva los días hábiles. De autorizaciones administrativas para cualquier actividad no se puede hablar. Tampoco de lo que pasará en las próximas semanas, porque los $ 400.000 que la Provincia le acercó al municipio sólo alcanzan para tapar un poco el agujero de la deuda salarial. Las posibilidades de conseguir dinero extra se están cerrando y el intendente está cada vez más dependiente del Poder Ejecutivo para poder moverse. Su elección de funcionarios que representen la interna peronista no ha resultado efectiva. Y hay personajes que generan un conflicto adicional, como el flamante director de Urbanidad e Higiene, Juan Jesús Soria, más notorio por sus vínculos con la gente que hace manifestaciones intimidatorias en la plaza Independencia que por tareas para mantener limpia la ciudad. Y la agresión de alguien del entorno de Soria al periodista Alvaro Aurane generó más conflicto.
El gabinete, aún incompleto, es tan heterogéneo que no está resultando potable para poner en marcha un plan de gobierno. Por ello, desde hace dos semanas anuncia operativos de control de ambulantes o programas de bacheo, pero a último momento se postergan sin fecha. ¿Qué pasará? La intervención es la espada de Damocles que pende sobre el intendente, sin demasiado apuro. El gobierno de Julio Miranda está dejando que el mismo caos, la paralización de reparticiones y la estrepitosa caída en la recaudación de Rentas entierren al jefe municipal.
Como están las cosas, no hay salida. Sólo la intensidad de la crisis financiera de la Provincia demora el final. A menos que Alvarez logre recomponer la administración con medidas de emergencia que permitan hacer ahorro, recaudar más y poner en funcionamiento los servicios. Si tiene que hacerlo sin plata, necesita imaginación para convencer a la gente, sin estar condicionado por el sector gremial y sin transar con los intereses políticos. Pero Alvarez - y con él el municipio- respira al compás de la interna peronista. Así le va.

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