La evasión previsional

Es necesario detener un proceso de serias consecuencias.

26 Octubre 2002
En varias ocasiones, a lo largo de estos últimos años, hemos hecho notar la necesidad de que la ciudadanía argentina restaure su "conciencia fiscal". Esto es, el sentido del cumplimiento de sus obligaciones en ese terreno, entendido como algo que debe observarse puntualmente y no como un rubro cuya atención se subordina a la inexistencia de otros requerimientos.
La cuestión merece comentarse nuevamente, a propósito de las alarmantes cifras sobre los aportes al sistema jubilatorio nacional. En efecto, la realidad es que, de los casi 8,5 millones de personas que debieran aportar a aquel, sólo lo hacen 4,3 millones. Como lo han hecho notar los analistas periodísticos del asunto, esto quiere decir que por cada persona que trabaja y hace su aporte, hay otra persona que, aunque igualmente trabaja, procede a evadirlo. Y así es como cerca de 10.200 millones de pesos anuales escapan del sistema.
Se ha establecido que a un 38,4% de trabajadores en relación de dependencia, las empresas les descuentan la cuota pero no la depositan. Y que en cuanto a los autónomos y los monotributistas, el problema es incluso mucho más grave, dado que su evasión trepa hasta un 85%. Se trata de guarismos muy significativos, que contribuyen poderosamente a mantener en estado de disloque las finanzas estatales. Si se añaden los desocupados, se calcula que hay alrededor de 7 millones de ciudadanos que quedan al margen del sistema de seguridad social.
Es sabido que la base del sistema jubilatorio está dada por los aportes que deben efectuar los integrantes de la relación laboral Si tales aportes no se formalizan, el descalabro es inevitable, con todas las consecuencias sociales que de allí se derivan. Y esto ocurre con mucha más fuerza entre nosotros, si tenemos en cuenta que -como todos lo saben- el sistema previsional argentino está afectado por una serie de situaciones deficitarias, que vienen desde largo tiempo atrás y a las que ninguna administración se ha preocupado por dar una solución definitiva.
Parece obvio decir que en toda esta cuestión opera, de modo devastador, la situación económica general del país, y la gravedad con que ella se ha reflejado inevitablemente en las empresas. Es de esperar, entonces, que en el momento en que se asista a una reactivación de la economía también habrá de iniciarse una época distinta en el punto que nos ocupa.Pero, mientras tanto, no puede admitirse que las empresas no depositen lo que descuentan a sus trabajadores, ni tampoco que paguen una cantidad menor que la que declaran. El sistema previsional debe recaudar todo lo que se le debe, y corresponde que el Estado tome las medidas para que así ocurra en toda circunstancia. Es uno de los pasos necesarios para revitalizar un sistema cuyo funcionamiento regular interesa a todos, por razones que resultaría más que obvio explicitar.
La efectiva vigencia de una "conciencia fiscal", repetimos, constituye una urgente necesidad en la Argentina. Puesto que, en estos últimos tiempos, desde todos los sectores se proclama la necesidad de concretar cambios, nos parece importante recordar que es también en el ámbito aludido donde tales modificaciones resultan de verdadera urgencia. Un país regido por el sistema democrático, que aspira a alinearse junto a las naciones modernas y progresistas, no puede descuidar un aspecto de tanta trascendencia.
Debe terminar en nuestro país esa evasión previsional que actualmente representa montos de tanta magnitud. No podemos darnos el lujo de tener un colapso definitivo en ese rubro. Pero ese colapso habrá de sobrevenir, fatalmente, si se mantiene la realidad actual. Es una cuestión de vastas dimensiones, que merece ser encarada y solucionada sin pérdida de tiempo.

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