De Freud y sus opiniones

(De "Por qué Freud estaba equivocado. Pecado, ciencia y psicoanálisis", por Richard Webster, Destino, Buenos Aires).

25 Octubre 2002
"La primera vez que aparece la palabra psicoanálisis es en 1896, el mismo año de la muerte del padre de Freud. Fue por entonces (o puede que un año antes, con la publicación Estudios sobre la histeria) cuando un desconocido neurólogo austríaco crearía lo que iba a convertirse en el movimiento médico más importante de toda la historia de la humanidad. En el siglo transcurrido desde entonces, el psicoanálisis ha sido absorbido tan profundamente por nuestra cultura que casi hemos olvidado que ante todo fue un movimiento dentro de la medicina. La rapidez con que esto ha sucedido nos ha dificultado, en ocasiones, a la hora de adivinar las razones que ampararon el éxito del psicoanálisis. Muy a menudo, se ha interpretado este éxito como un rasero para medir la exactitud o la profundidad revolucionaria de las ideas de Freud. Uno de los objetivos de este libro estriba en sugerir que la otra cara de esa opinión puede que se acerque más a la verdad. Ante todo, he tratado de explicar el porqué un sistema psicológico cuyo lenguaje y conceptos pueden parecer en un principio extraños e inquietantes, han sido vividos por mucha gente como algo familiar y tranquilizador.
Puesto que precisamente algunas personas encuentran las ideas psicoanalíticas reconfortantes, cualquier trabajo que critique a Freud está expuesto a provocar un resentimiento apasionado. Y este libro no es una excepción. Ya que, aunque la mayoría de las respuestas a mi libro han sido amables y entusiastas, un número significativo no lo fueron. En algunos casos, siguieron el modelo tradicional y defendieron a Freud con el fanático celo de sólito empleado por el movimiento psicoanalítico desde sus inicios. Sin embargo, otras respuestas se suavizaron gracias a cierto escepticismo en relación al psicoanálisis.
Uno de los argumentos utilizados por los defensores más moderados de Freud sugería que describir el psicoanálisis como una falsa ciencia, como hago en este libro, equivale a comprender su naturaleza. De acuerdo con esta opinión, toda la idea del psicoanálisis es que para nada se trata de una ciencia; no debería juzgarse como una aportación a nuestro sistema de conocimiento de la naturaleza humana, sino como una forma de poesía. Por tanto, las teorías psicoanalíticas no pueden nunca rechazarse por falsas y Freud, como el psicoanalista Adam Phillips afirma, puede ser más o menos genial, más o menos interesante.
(The Observer, 17 de setiembre de 1995). Esta opinión sobre Freud es realmente atractiva, ya que al disolver de forma elegante las afirmaciones de verdad que son obvias y se hallan por doquier en el psicoanálisis, hace posible eludir la empresa de evaluar con distancia crítica las teorías de Freud.
Sin embargo, aquellos que tratan de suavizar y relativizar el psicoanálisis de esa forma, sólo podrían hacerlo si lo reinventaran. La convicción que Freud tenía de estar creando una ciencia auténtica, resulta esencial para entender cómo se desarrolló el psicoanálisis. Y lo es porque, como he tratado de mostrar en las páginas de este libro, fue su implacable espíritu científico reduccionista el que, aprovechando su necesidad de fama, le fue adentrando más y más en un laberinto de errores".

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