El ex Mercado de Abasto

No deben adoptarse medidas apresuradas.

25 Octubre 2002
Es frecuente entre nosotros que se tomen, respecto del destino de los edificios estatales, providencias que luego quedan a medio camino y que generan trastornos y complicaciones de diversa índole. Un buen ejemplo de lo que decimos es el caso del ex Mercado de Abasto de nuestra ciudad. Como se recordará, ya hace varios años que ese inmueble fue desalojado y cerrado, al efectuarse el traslado de sus actividades al actual Mercofrut.
Se planteó entonces la cuestión del destino que se daría al edificio (arquitectónicamente valioso, si se piensa que su diseño fue obra del destacado Alberto Prebisch). Se proyectó convertirlo en un centro comercial; otra idea postuló destinarlo a centro cultural y recreativo, e inclusive se pensó en remodelarlo para instalar allí la intendencia municipal de la capital. Finalmente, una ordenanza decidió que sería un centro cultural y comercial, con oficinas y servicios, aunque la falta posterior de interesados determinó que no se cumplimentara la licitación. De todos modos, otras preocupaciones acuciantes, derivadas de la crónica catástrofe financiera municipal, desviaron la atención sobre el asunto. Así, el local quedó sin actividad alguna y en estado de descuido.
El miércoles pasado, vendedores callejeros intentaron penetrar allí para instalar sus puestos, y fueron desalojados por la Policía, como lo informamos oportunamente. Ello volvió a poner sobre el tapete el tema del ex Mercado de Abasto, entre posiciones encontradas. Por un lado, los comerciantes de la calle piden que se les permita instalarse allí pagando un canon; y por el otro, varios concejales sostienen que autorizar dicho destino significaría un despropósito, ya que una de las causas de la mudanza fue la inconveniencia de que en una zona tan poblada existiera un establecimiento de ese tipo. Recordaron que existe una ordenanza que fija su nuevo destino y que ella debe cumplirse, aunque algunos convinieron que deben tomarse medidas para evitar que todo el predio siga siendo un foco antihigiénico y refugio de malvivientes.
Nos parece que es una cuestión donde debieran tomarse resoluciones sensatas y lo suficientemente meditadas y consultadas, a fin de no generar mayores complicaciones en el futuro. Parece evidente que no resulta adecuado que vuelva a instalarse allí la venta de frutas y verduras. Cuando el Mercado se inauguró, al comienzo de los años treinta del siglo pasado, era una zona de extramuros, que no tenía en absoluto la concentración de edificios y de viviendas que exhibe hoy. Mudar el establecimiento constituyó una medida indiscutiblemente acertada, que si pudo haber afectado a algunos -como es inevitable que ocurra- benefició al tan necesario reordenamiento de la ciudad.
Pero tampoco puede postergarse indefinidamente la tarea de dar un nuevo destino -que por cierto nada tenga que ver con un mercado- a esas instalaciones. Pensamos que puede revisarse la ordenanza sancionada, para detectar las fallas que pudiera tener y que acaso hayan incidido en la falta de interesados en licitar el centro que se proyectaba.
Hay que tener en cuenta también el duro momento económico que estamos viviendo, cuando son muy escasos los inversores que se necesitarían para un emprendimiento como el proyectado. Podría también consultarse formalmente a los expertos en planeamiento urbano con que cuenta la UNT, para que aporten sus ideas.
Pero interesa, repetimos, que no se tomen decisiones apresuradas, porque luego sus consecuencias son muy difíciles de corregir, de acuerdo con lo que enseña de sobra la experiencia. Por lo pronto, corresponde que la Municipalidad mantenga el lugar en las condiciones de limpieza necesaria, a fin de que no genere riesgos higiénicos al vecindario. Y que, con la colaboración de la Policía, se impida que las instalaciones sirvan para refugio de marginales.

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