Más sobre prudencias e imprudencias

POLEMICA II. Por María Eugenia Valentié (Tucumán).

10 Diciembre 2006
Los estudiantes de Teología -Singh y Castro- me acusan, en su polémica nota, de ser contradictoria y superficial con respecto a lo que ocurre en las reuniones religiosas que se realizan en Tres Cerritos, Salta, en torno de la Sra. María Livia de Obeid. Empecemos por la contradicción. En mi nota dije que la Iglesia ha sido siempre muy prudente en estas cosas; pero luego, al citar las declaraciones de Monseñor Bergoglio y las del arzobispo de Salta, considero más prudente la primera, puesto que la segunda tiene un tono condenatorio antes de que la Iglesia se haya expedido oficialmente sobre el caso. La prudencia, como todas las virtudes, tiene sus grados. Y aquí conviene hacer una aclaración: digo que la Iglesia siempre ha sido muy prudente en estos casos, refiriéndome a la Iglesia contemporánea, la que conocí y viví yo, no a la de los tiempos oscuros de la caza de brujas y quema de infieles.
Los estudiantes que firman la nota lo explican de otra manera, cuando dicen: "la profesora sólo describe lo que vio y percibió, sin estudiar las causas"; pero resulta que nunca estuve en Tres Cerritos: mi descripción se basa en los testimonios de muchas personas allegadas a mí y de cuya veracidad no dudo. Sin embargo, el fenómeno que allí sucede me interesa mucho. Lo relaciono con Lourdes, Fátima, Medyugorem y quizás también con San Nicolás.
En todos los casos es la Virgen quien envía mensajes, y las encargadas de transmitirlos son mujeres y no dignatarios de la Iglesia. En mis constantes estudios e investigaciones sobre Filosofía e Historia de la Religión, durante mi larga vida, he aprendido que la sacralidad siempre aparece unida al misterio. Es evidente que el ser relativo no puede conocer totalmente lo Absoluto. Nuestro conocimiento de lo Divino siempre tendrá su límite. Creo también, como lo explica Gabriel Marcel, que el misterio no es igual a lo incognoscible, porque este implica un límite total; el misterio, no.
Por eso podemos seguir haciendo preguntas, por ejemplo, sobre las mujeres. En los Evangelios hay tantas mujeres admirables, además de la Virgen María; están María Magdalena, la discípula a quien se le aparece Jesús resucitado; sus amigas Marta y María, la Verónica, que enjuga el rostro de Jesús cuando va al Calvario, etc. Las mujeres son las que acompañan a Jesús en la cruz, mientras sus discípulos lo abandonan; sin embargo, más tarde, cuando la Iglesia se transforma en Institución, los nombres femeninos comienzan a desaparecer y en el cristianismo actual (salvo el caso de la Iglesia Anglicana) las mujeres están excluidas del ejercicio del principal de los rituales, la misa, y también de los altos cargos eclesiásticos. ¿Por qué es así? ¿La santidad es cuestión de géneros?Estoy segura de que el Arzobispo de Salta sabrá contestar mejor que yo estas preguntas. Me parece, también, que se ha molestado por lo que dije con respecto al tema de los encuentros religiosos en Salta. Si es así, lo lamento, porque no fue mi intención lastimar a nadie.

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