10 Diciembre 2006 Seguir en 

La Revelación pública finalizó con la muerte del último Apóstol, San Juan. A través del acto de fe aceptamos que Dios se automanifiesta en las Sagradas Escrituras. Para los cristianos esto es ya un desafío, que consiste en asentir racional y voluntariamente a ese mensaje divino; más aún para los no cristianos es sumamente complicado considerar la Biblia como una Escritura transmitida por el único Dios verdadero. Entonces si reconocer la Revelación pública es un hecho complejo, con cuánta más razón resulta dificultoso fiarse de revelaciones privadas. A lo largo de la historia de la Iglesia estas han sido numerosas, y con frecuencia la actitud de aprobación ha estado caracterizada por la virtud de la prudencia. La cual se ha hecho también presente, como una virtud ponderable, en la posición eclesiástica frente a lo que acontece en Tres Cerritos, como expresa la profesora María Eugenia Valentié: "Frente a todos estos fenómenos, la Iglesia siempre se ha mostrado muy prudente". Lo que llama la atención es que, a continuación, esta primera afirmación incurre en contradicción, porque afirma que el arzobispo de Salta ha tenido "un olvido de la virtud de la prudencia". ¿En qué quedamos? La respuesta es fácil, la profesora discrimina entre la postura de Mons. Bergoglio, que es elogiable, y etiquetada, como "de la Iglesia", y se contrapone a la de Mons. Cargnello, olvidando que él es también un obispo de la Iglesia Católica. Más allá de esta aclaración, tengamos en cuenta un fragmento en el que se pone de manifiesto la vinculación de los dos pastores (que ella omite, a pesar de recurrir al mismo texto): "Tras citar la ?Declaración sobre la cuestión del Cerro?, que el 23 de junio difundió el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, y su presbiterio, el purpurado porteño sugiere ?vincularse previamente con el párroco del territorio en el que se encuentren o con las autoridades del arzobispado de Salta". (AICA, 12-10-06) Si se realiza esta vinculación.
Valentié presenta al arzobispo de Salta olvidadizo e intolerante, por haber pedido un examen psicológico. En primer término: ¿es intolerante e imprudente una persona que espera más de diez años para realizar una declaración sobre la Cuestión de la ermita? ¿Presentar una delimitación en conjunto con el prebisterio (aproximadamente 70 sacerdotes) es contrario a la Iglesia? ¿Será que diez años fueron adecuados para un estudio de la cuestión? ¿Mons. Cargnello pide un psicodiagnóstico de la supuesta vidente porque tiene ocurrencias extrañas? Cuando se opina de balde sobre temas de los cuales se carece de contexto se producen defases. La profesora sólo describe lo que vio y percibió. Me extraña que no indague un poco en las causas, y que venza la tentación de quedarse en la superficialidad. Ha soslayado totalmente un dato importante; en caso de visiones privadas se recomienda un examen psicológico, no para "introducir cambios en la psique humana", sino para reconocer en el paciente el estado en que se encuentra. Por ejemplo, si la persona en cuestión es un neurótico, con tendencia a obsesiones místicas, no será fiable su plausible revelación o alocución. Cuando se pide este tipo de datos, es en primer lugar por sentido común, y en segundo término por necesidad de una ciencia idónea.
Aprovechando el testimonio de Bernardette Soubirous, mencionada por Valentié, descubrimos que ella no sólo fue sometida a psicólogos, sino que también se le pidió apartarse del lugar de las visiones. Ella obedeció, y hoy somos testigos de la gran obra de Lourdes. Con estos pocos datos de un caso paradigmático, podemos sacar múltiples conclusiones.
Presentar definiciones frente a un problema no significa crear una guerra, sino poner fin a una cuestión de necesaria clarificación. Por otro lado, "la guerra", que verdaderamente es repudiable, muchas veces es creada por observadores externos, profetas de calamidades que avizoran tempestad, cuando sólo hay un poner orden; esta actitud puede visualizarse en el presentar los mensajes de dos obispos como si fueran posturas encontradas.
Es verdad que el Espíritu sopla donde quiere, por ello es necesario recordar que el Obispo sigue estas mociones, y que sus opciones no son fruto de un capricho, sino en base a este mismo argumento y a profundas consultas e investigaciones, con el fin de buscar el bien del Pueblo de Dios, como se le llama a la Iglesia.
Valentié presenta al arzobispo de Salta olvidadizo e intolerante, por haber pedido un examen psicológico. En primer término: ¿es intolerante e imprudente una persona que espera más de diez años para realizar una declaración sobre la Cuestión de la ermita? ¿Presentar una delimitación en conjunto con el prebisterio (aproximadamente 70 sacerdotes) es contrario a la Iglesia? ¿Será que diez años fueron adecuados para un estudio de la cuestión? ¿Mons. Cargnello pide un psicodiagnóstico de la supuesta vidente porque tiene ocurrencias extrañas? Cuando se opina de balde sobre temas de los cuales se carece de contexto se producen defases. La profesora sólo describe lo que vio y percibió. Me extraña que no indague un poco en las causas, y que venza la tentación de quedarse en la superficialidad. Ha soslayado totalmente un dato importante; en caso de visiones privadas se recomienda un examen psicológico, no para "introducir cambios en la psique humana", sino para reconocer en el paciente el estado en que se encuentra. Por ejemplo, si la persona en cuestión es un neurótico, con tendencia a obsesiones místicas, no será fiable su plausible revelación o alocución. Cuando se pide este tipo de datos, es en primer lugar por sentido común, y en segundo término por necesidad de una ciencia idónea.
Aprovechando el testimonio de Bernardette Soubirous, mencionada por Valentié, descubrimos que ella no sólo fue sometida a psicólogos, sino que también se le pidió apartarse del lugar de las visiones. Ella obedeció, y hoy somos testigos de la gran obra de Lourdes. Con estos pocos datos de un caso paradigmático, podemos sacar múltiples conclusiones.
Presentar definiciones frente a un problema no significa crear una guerra, sino poner fin a una cuestión de necesaria clarificación. Por otro lado, "la guerra", que verdaderamente es repudiable, muchas veces es creada por observadores externos, profetas de calamidades que avizoran tempestad, cuando sólo hay un poner orden; esta actitud puede visualizarse en el presentar los mensajes de dos obispos como si fueran posturas encontradas.
Es verdad que el Espíritu sopla donde quiere, por ello es necesario recordar que el Obispo sigue estas mociones, y que sus opciones no son fruto de un capricho, sino en base a este mismo argumento y a profundas consultas e investigaciones, con el fin de buscar el bien del Pueblo de Dios, como se le llama a la Iglesia.
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