José Bullaude (izquierda) y el entonces subdirector de LA GACETA, Daniel Alberto Dessein, en la oficina de este último en Tucumán. José Bullaude y el actual director de LA GACETA Literaria, hace unos días en Buenos Aires. Más de medio siglo separa a esta fotografía de la de arriba.
03 Diciembre 2006 Seguir en 

El 28 de agosto de 1949 inicié en este diario una minúscula sección que devendría, con los años, LA GACETA Literaria que el lector tiene en sus manos. José Bullaude fue, y será para siempre, su primer colaborador. En aquel temerario número 1 publicó un artículo sobre el mexicano Gabriel Figueroa, el director de fotografía de célebres películas de Buñuel, Huston y Ford. Hace unos días fui a visitarlo, con mi sobrino nieto Lucas Resoagli Dessein a su departamento en Buenos Aires, y nos recordó cómo se produjo esa primera intervención: "Soy desde hace más de 57 años el primer colaborador de LA GACETA Literaria. Este ?error? se debe a las proezas deportivas del joven Víctor Massuh, que unió en motocicleta Tucumán con Córdoba, donde yo vivía. Al regresar, Massuh se llevó uno de mis escritos. Algún tiempo después recibí LA GACETA con mi artículo ?Figueroa, un arquitecto de la fotografía?. Resulté ser, sin quererlo, el primer colaborador de la entonces Sección Literaria. Por esos años, en que la virginidad era muy cotizada, ser el primero daba gran prestigio. Hoy, según me dicen los jóvenes, ser el primero es más bien una sorpresa embarazosa".
Bullaude nació en Tucumán, en 1919, y luego se radicó en Córdoba para seguir la carrera de medicina. Pero fue en el terreno de la fotografía en donde se reveló, tempranamente, su talento. Se adelantó a su tiempo implementando técnicas y concepciones estéticas novedosas para la fotografía artística argentina de ese entonces. Dentro de su obra se destaca una serie en la que figuras de hombres y mujeres jóvenes se superponen con grandes manos en las que se perciben claramente sus líneas, sugiriendo un contraste entre el destino trazado en esas marcas y la aparente potencialidad vital de los retratados. Muchas de esas fotografías ilustraron estas páginas, en las que su autor publicó, durante largos años, artículos y críticas bibliográficas sobre fotografía y cine.
Bullaude fue también un destacado audiovisualista, oficio en el que en nuestro país es reconocido como un precursor. Después de obtener una maestría en comunicación otorgada por la Universidad de Colombia en Puerto Rico, fue profesor en distintas universidades de América Latina. Regresó a la Argentina como profesor de técnicas audiovisuales en la Universidad Nacional de Tucumán y luego se incorporó a la Universidad Nacional de Buenos Aires. En los años 60, publicó libros sobre la enseñanza audiovisual y el mundo de la imagen y los medios. Paralelamente a su actividad docente trabajó en las secciones de arte, fotografía y diseño de importantes revistas porteñas.
Finalmente se dedicó al asesoramiento de empresas privadas, culminando su actividad profesional en Astra. Trabajando allí, hace algunos años, enfermó seriamente. Desde entonces no puede valerse por sus propios medios y debe permanecer en su departamento, en donde es asistido por un grupo de discípulos, a los que continúa -en la medida de sus posibilidades actuales- enseñando.
En nuestra visita, pudimos apreciar la admirable entereza con que Bullaude afrontaba la invalidez, el aislamiento, el dolor y la diaria evidencia de su propia muerte. Nos manifestó que no le temía porque ya no tenía vida que perder. Había vivido intensamente en el pasado y sólo aspiraba a irse con dignidad. "En este micromundo estoy confinado junto a mis mejores recuerdos -me dijo- y uno de los más gratificantes es el de aquellas noches de los sábados, en tu oficina de LA GACETA, donde un grupo de tucumanos esperábamos que acabaras de trabajar en el taller y nos trajeras los primeros ejemplares de la ?sección?. Luego nos íbamos a comer y a discutir hasta la madrugada en el legendario restorán ?El buen trato?.
Eran días dichosos en los que se conformó un grupo cuyos integrantes habían de ser destacadas figuras de las artes, la filosofía, las letras y el periodismo y cuyos supérstites, aún hoy se encuentran en las columnas de LA GACETA Literaria. Rememorar esos días es lo que hoy me hace feliz". Después de escucharlo pensé en la ironía de ese destino, al que José Bullaude intentaba vislumbrar en las líneas de las manos y que lo había convertido en el protagonista de una variante de sus paradojas fotográficas. Condenado a la inmovilidad, al sufrimiento y a la muerte, el relato y la mirada de José denunciaban una constante fuga de su prisión, a través del vértigo, la alegría y la vitalidad de sus recuerdos. (c) LA GACETA
Bullaude nació en Tucumán, en 1919, y luego se radicó en Córdoba para seguir la carrera de medicina. Pero fue en el terreno de la fotografía en donde se reveló, tempranamente, su talento. Se adelantó a su tiempo implementando técnicas y concepciones estéticas novedosas para la fotografía artística argentina de ese entonces. Dentro de su obra se destaca una serie en la que figuras de hombres y mujeres jóvenes se superponen con grandes manos en las que se perciben claramente sus líneas, sugiriendo un contraste entre el destino trazado en esas marcas y la aparente potencialidad vital de los retratados. Muchas de esas fotografías ilustraron estas páginas, en las que su autor publicó, durante largos años, artículos y críticas bibliográficas sobre fotografía y cine.
Bullaude fue también un destacado audiovisualista, oficio en el que en nuestro país es reconocido como un precursor. Después de obtener una maestría en comunicación otorgada por la Universidad de Colombia en Puerto Rico, fue profesor en distintas universidades de América Latina. Regresó a la Argentina como profesor de técnicas audiovisuales en la Universidad Nacional de Tucumán y luego se incorporó a la Universidad Nacional de Buenos Aires. En los años 60, publicó libros sobre la enseñanza audiovisual y el mundo de la imagen y los medios. Paralelamente a su actividad docente trabajó en las secciones de arte, fotografía y diseño de importantes revistas porteñas.
Finalmente se dedicó al asesoramiento de empresas privadas, culminando su actividad profesional en Astra. Trabajando allí, hace algunos años, enfermó seriamente. Desde entonces no puede valerse por sus propios medios y debe permanecer en su departamento, en donde es asistido por un grupo de discípulos, a los que continúa -en la medida de sus posibilidades actuales- enseñando.
En nuestra visita, pudimos apreciar la admirable entereza con que Bullaude afrontaba la invalidez, el aislamiento, el dolor y la diaria evidencia de su propia muerte. Nos manifestó que no le temía porque ya no tenía vida que perder. Había vivido intensamente en el pasado y sólo aspiraba a irse con dignidad. "En este micromundo estoy confinado junto a mis mejores recuerdos -me dijo- y uno de los más gratificantes es el de aquellas noches de los sábados, en tu oficina de LA GACETA, donde un grupo de tucumanos esperábamos que acabaras de trabajar en el taller y nos trajeras los primeros ejemplares de la ?sección?. Luego nos íbamos a comer y a discutir hasta la madrugada en el legendario restorán ?El buen trato?.
Eran días dichosos en los que se conformó un grupo cuyos integrantes habían de ser destacadas figuras de las artes, la filosofía, las letras y el periodismo y cuyos supérstites, aún hoy se encuentran en las columnas de LA GACETA Literaria. Rememorar esos días es lo que hoy me hace feliz". Después de escucharlo pensé en la ironía de ese destino, al que José Bullaude intentaba vislumbrar en las líneas de las manos y que lo había convertido en el protagonista de una variante de sus paradojas fotográficas. Condenado a la inmovilidad, al sufrimiento y a la muerte, el relato y la mirada de José denunciaban una constante fuga de su prisión, a través del vértigo, la alegría y la vitalidad de sus recuerdos. (c) LA GACETA
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