Clases sobre arte

Por Willy Bouillon. Breve pero lúcida exposición de Thuillier.

03 Diciembre 2006
Con sus 126 páginas, este libro no sobrepasa en mucho la extensión de un opúsculo. Según su título sería razonable que al lector se le planteara a priori el interrogante de cómo se puede formular en forma limitada nada menos que una teoría general de la historia del arte.
En realidad, el trabajo está elaborado sobre la base de las clases que, desde 1996 a 1997, Jacques Thuillier dictó en el Colegio de Francia. Este aporte especial, con motivo de haber cumplido más de 20 años de ejercicio docente en la prestigiosa institución parisina, no puede menos que calificarse de magistral, a poco de introducirnos en su contenido, pero también se impone como un prodigio de síntesis, la misma que debe haber deslumbrado al privilegiado grupo que asistió a esos cursos.
Bastaría, para respaldar el concepto, con mencionar que el texto -y tal sería la exigencia mínima de quien deseara obtener un panorama lo más amplio posible de un tema de raíz tan antigua como complejo en su evolución- incursiona por todas las vertientes analíticas, filosóficas o psicológicas, incluidos algunos textos literarios que abordaron la motivación de la producción artística, caso de la reproducción de un estupendo párrafo de El tiempo recobrado, uno de los tomos de la obra mayor de Marcel Proust.
La consulta en cualquier enciclopedia, acerca del arte, deja bien a las claras que aquel se sitúa entre las manifestaciones humanas más difíciles de definir y que las preliminares propuestas de Platón y Aristóteles -explicándolo por la búsqueda del Bien y la Verdad, respectivamente-, hace tiempo ya que resultaron desdeñadas o superadas por otras deducciones. Algunas complicaron aún más las cosas. Otras, como ocurrió con Hegel -citado generosamente en este texto-, señalan implicancias inesperadas, no exentas de una vinculación con lo ideológico o, en general, con las coyunturas sociales y políticas de determinadas épocas.
Hay algo muy claro en el punto de vista que asume Thuillier, y es su posición "ortodoxa" respecto del arte, en un discurso centrado fundamentalmente en las bellas artes o artes visuales (escultura, arquitectura, pintura), con sólo una pequeña participación de la música y de la obra literaria, a las que él califica de "expresión de signos", por contraposición con el objeto, que se manifiesta "en sí mismo".
Podría considerárselo un conservador, a partir de su crítica muy enfática a los "modismos" contemporáneos en donde -dice- no hay creación ni siquiera reproducción, sino que lo presentado nace de una simple desviación de su función, y ejemplifica con las denominadas instalaciones, que siguieron las audacias de Marcel Duchamp, entre muchos más, cuyas exposiciones de la Rueda de bicicleta y el Urinario, según su criterio, sólo estuvieron dirigidas a cuestionar, precisamente, la obra de arte.
Pero más allá de esa postura (lícita, en suma, porque confronta estos "intentos pasajeros" con los indudables valores de la escultura helénica, las grandes escuelas pictóricas del Renacimiento o la magistral concepción arquitectónica del clasicismo y el barroco europeos), el trabajo de Thuillier conforma una lúcida exposición, que puede con toda propiedad sumarse a los mejores análisis referidos al arte, sirviendo por igual a estudiosos del tema o a quien, simplemente, se interroga respecto de un quehacer humano iniciado en el paleolítico y que aún sigue convocando el enfoque intelectual. (c) LA GACETA

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