Autor que hace la historia de la utopía, como una de las muchas maneras de tratar el tema

Por María Eugenia Valentié. Todo empezó en Grecia, con Tales de Mileto y sus proyectos para Jonia, que cita Herodoto.

03 Diciembre 2006
La palabra utopía fue usada por primera vez por Tomás Moro en 1516 con el sentido de lugar que no existe, pero que no es imposible que exista. Muy pronto se confundió el prefijo "u" con "eu", el lugar feliz. Esto quizás se deba al doble propósito de las utopías: mostrar una situación armoniosa en la que los hombres son felices y contrastarla con aquella en la realmente viven. Mucho más tarde aparecen las distopías, en las cuales se acentúa el aspecto negativo. También se escribieron ucronías, donde el "no lugar" se transforma en el "no tiempo".
De las distintas maneras de tratar el tema, Comparato se decide por hacer una historia de la utopía. Por supuesto, todo empieza con Tales de Mileto y sus proyectos para Jonia, citados por Heródoto. Aristóteles cita a Hipodamo en su Política. Después de algunos nombres casi olvidados, aparece la obra de Platón, cuya importancia e influencia recorre toda la historia de Occidente. No sólo en La República y en las Leyes, sino también en muchos pasajes de sus diálogos está presente su interés por la política. Su mito de la Atlántida se convertirá en un lugar común de muchas utopías posteriores.
En su obra Platón da mucha importancia a la educación, a la formación humana, necesaria para el real funcionamiento de una democracia. La ciudad tiene tres clases: los dirigentes, los guardianes y los ciudadanos. Los dirigentes son los filósofos, los que más saben, los que están más cerca del Sumo Bien. Las mujeres que tienen condiciones pertenecen a la clase dirigente. Hay comunismo en relación a los bienes materiales y a las mujeres, los hijos quedan a cargo del Estado. Platón plantea su esquema como una sociedad ideal que podrá o no darse en el mundo sensible. Por contrario, Aristóteles adopta el método inductivo: compara las constituciones existentes y busca lo mejor de ellas.
Después de la caída de Grecia las utopías helenísticas y romanas dan mayor importancia a los aspectos literarios del género que a los temas políticos. La Edad Media aporta elementos nuevos: el milenarismo, el Apocalipsis y el fin del Mundo. Pasados los terrores del año mil, las utopías recobran sus antiguos sistemas clásicos. El más común es el del viaje, generalmente por mar, donde hay un naufragio y el protagonista se encuentra en una isla aparentemente desierta, pero luego descubre a sus habitantes y, entre ellos, a uno que habla su lengua y le narra las bellezas de la isla y la felicidad de sus habitantes. En el Renacimiento la idea de la "ciudad feliz" tiene mucho que ver con la arquitectura y Venecia es admirada tanto por su belleza como por su condición de república.
Los progresos científicos darán lugar a nuevas utopías y se multiplicarán "los viajes a la Luna". A medida que la ciencia avanza y despierta la imaginación de la gente se va generando un nuevo género literario: las novelas de ciencia ficción. En la Edad Moderna aparecen los dos grandes tratados sobre la utopía, la de Tomás Moro y la Ciudad del sol, de Campanella. El autor dice: "Con la obra de Moro, la utopía moderna recupera los módulos expresivos y la función paradigmática del relato fantástico, poniéndolo sin embargo al servicio de un proyecto reformador para una sociedad por completo distinta de la antigua". Moro fue condenado a muerte por no aceptar que el rey Enrique XVIII se proclamara jefe de la Iglesia de Inglaterra.
En una Europa convulsionada reaparece el mito Tahití, que implica volver a la naturaleza y a la libertad en las costumbres. Más tarde aparecerán los falansterios, las colonias y los grupos de familias que se unen para vivir fraternalmente haciendo realidad los principios de la utopía. En general, duraron poco. En cambio tienen éxito las utopías socialistas, hasta la aparición de la obra de Marx y Engels, en que hay una crítica al socialismo reformista. El comunismo consideraba al proletariado industrial la única clase históricamente llamada a construir el comunismo y consideraba a este último posible sólo al término del proceso revolucionario. El siglo XX será el de las distopías, como las de Aldous Huxley y Orwell.El libro termina con una bibliografía en la que predominan los autores italianos, sin que figure ningún libro escrito en castellano. Así que no esperemos encontrar "Más allá de la utopía", de Roberto Rojo; un libro excelente. (c) LA GACETA

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