Espejuelos que deslumbran pero no iluminan

Por Angel Anaya. Pepe Eliaschev puede mirar el presente como maduro observador y también atisbar el porvenir mediante una imaginación entrenada.

26 Noviembre 2006
Más de 40 años de periodismo, en los que la militancia política en un pasado de visiones tuertas que hoy nos acechan como planes y contraplanes de gobierno, esta memoria caliente de Eliaschev arroja luz sobre los hechos, no tanto clarificante, cuanto del caos que todavía son capaces de generar para impedir el futuro. Lista Negra deviene impulsivamente de la reciente experiencia personal del autor que, con 20 años en el programa "Esto que pasa" y habiendo atravesado los temporales políticos de nuestra zigzagueante democracia en compañía de su vasta y notoria audiencia, fue llamado telefónicamente por Mona Moncalvillo, funcionaria de Radio Nacional, a fines del pasado año, para transmitirle el mensaje encapsulado en el correveidile oficialista en boga: "Bueno, Negro, c?est fini". Había llegado finalmente hasta ese periodismo pluralista, crítico o complaciente, el tirón del guiñol presidencial. A partir de ese hecho, Eliaschev retoma vuelo hacia su pasado y con fértil estilo profesional trata de desbrozar lo que el sistema kirchnerista manipula de los años 70 sin advertir que sus raíces, las propias, germinan en ellos. La violencia de facciones sin autocontrol y sus antecedentes desde Illia a Lanusse; su propia militancia no menos saltimbanqui que lo lleva a La Habana, a Praga o a Moscú, sin perdonar a Nueva York. Los secretos del crimen impromptu, y los más inmediatos al tiempo personificado por el estilo Moncalvillo, el regreso de Perón y sus mutaciones en función de poder: juventud maravillosa pero estúpida, el brujo rasputinesco, la presidenta maniquí.
Nada es nuevo para un testigo generacional, pero bien cierto es que la memoria, esa virtud racionalista que hace de la historia la carta de identidad que permite reconocernos ante el espejo vital del yo, presta en el libro algo apresurado e impulsivo de Pepe Eliaschev un servicio que alcanza a los posgeneracionales. ¿En qué parte de ese agitado torrente nacional ha pescado Kirchner las piezas matrices de su teoría del pasado que debe flagelar? ¿Qué mundo intelectual ligero le permitió hurgar en esas aguas aceitosas desde la lejana y pacífica Santa Cruz? Los interrogantes afloran sin cesar y quedan sin respuestas cuando se memoriza, vaya por caso, que su colaborador de oro, Alberto Fernández, compartió candidaturas con Elena Cruz de Siro, admiradora pública de Jorge Rafael Videla, bajo la sigla partidaria de Domingo Cavallo. Demasiado inocente sería esa visión pasatista del hiperpresidencialismo, si no fuera por aquella famosa concepción goebbeliana de que una mentira repetida un número conveniente de veces puede ser una verdad.
Eliaschev tiene una visión personal del mundo semejante a las bolas de espejuelos que deslumbran mas no iluminan, pero ya está curado de sus efectos y puede pasar revista al presente como un observador avezado poco común y sin otra pasión que hurgar en los hechos, los consumados y también los por venir, mediante una imaginación entrenada. Lista Negra ha sido el título meditado y, por cierto, bien inspirado en el macartismo de los años 50 sobre los "peligrosos" de Hollywood.
Aquello duró poco o, al menos, el tiempo necesario para que una sociedad profundamente democrática optara por el ideario perdurable de Filadelfia. El interrogante apunta ahora lo propio, al simbólico mensaje de Moncalvillo que impulsó este ensayo o memoria y dice sus cosas con público certificado profesional. (c) LA GACETA

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