26 Noviembre 2006 Seguir en 

El ser humano necesita de la filosofía si no quiere vivir en la desorientación. Una de las funciones del filosofar es el desocultamiento de conceptos que cual núcleos sacralizados sostienen la dinámica de una época. Nuestra época obedece, dice la compiladora, al "paradigma tecno-científico" inherente a la modernidad (parádeigma, en griego, equivale a plan de un arquitecto, modelo, ejemplo).
Este libro apunta a la intelección de factores estructurantes del mundo actual, por ejemplo, los problemas ambientales surgidos del choque de la civilización con el ecosistema, para decirlo con palabras de Albert Gore, que fue vicepresidente de los Estados Unidos.
María Josefina Regnasco, cuyos son la mayoría de los ensayos de la obra, aborda con lúcida escritura temas como la tríada del poder (violencia, conocimiento y dinero), las paradojas del capitalismo y la noción de productividad, la manipulación del deseo, la mercantilización del tiempo, la civilización del nanosegundo y el interrogante que se cierne sobre el futuro, pues observa: "Hoy es la era del petróleo... ¿y después?"
Tiene también un ensayo sobre el rol del ingeniero y una semblanza de la obra de Muhammad de Yunus, el "banquero de los pobres"; Regnasco se pregunta si no será el próximo Premio Nobel de Economía. El pronóstico se cumplió, pero en el rubro Paz.
Junto a la compiladora hay un grupo de estudiosos. Liliana Blejchbord y Sandra Della Toffola se ocupan de la sociedad de consumo como construcción cultural y social. Pablo Vicari revela los supuestos subyacentes de los problemas del medio ambiente. Ana Panzeri enfoca la administración y en especial la tayloriana; y Luis Damis esboza una antropología del hombre urbano y un proyecto de vida posurbano.
"Si no cambias de dirección, entonces corres el riesgo de llegar adonde te diriges". El aserto del ecologista argentino Ricardo Barbaris puede resumir la intención de Para comprender la problemática del mundo actual. "Si no cambias de dirección..." ¿Qué significa esto? Que nuestra civilización occidental llega a un punto de desarrollo donde pone en peligro la subsistencia de la condición humana.
Porque el progreso no ha podido evitar el aumento de la pobreza, la marginación, el deterioro de la naturaleza. Gracias al matrimonio de la ciencia y la técnica, la modernidad esperaba vivir por fin en un mundo plenamente humanizado; la paradoja de nuestros días es que nunca el hombre se ha sentido más extraño a sí mismo. Todo ello desemboca en la falta de sophrosyne, esto es, la ausencia de templanza, de buen sentido.
El marco teórico del libro reconoce dos referencias. Una es Edgard Morin, filósofo francés nacido en 1921, que sostiene como método de comprensión el Principio de Complejidad y supera el enfoque de explicación lineal gracias a la noción de holograma, pues cada elemento de un sistema es portador de la casi totalidad de la información del sistema.
Y la otra referencia es Jeremy Rifkin, economista estadounidense nacido en 1943, que acude a la célebre Segunda Ley de la Termodinámica, según la cual la energía del universo se transforma y en tal proceso parte se disipa como calor y desorden o entropía. Rifkin lo aplica a la economía: al no tener en cuenta la entropía, dice, las naciones y las empresas enmascaran los desórdenes entrópicos desplazándolos fuera de sus áreas.
Profesora de Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, Regnasco ha publicado varios libros y destaco Crítica de la razón expansiva (1995), El imperio sin centro (2000) y El poder de las ideas (2004), los dos últimos comentados en su momento en estas páginas.
Ella y sus colaboradores dictan clase en la Universidad Abierta Interamericana, de Buenos Aires.
El volumen (que tiene algunas reiteraciones) aborda un tema polémico, puesto que en el mundo filosófico las opiniones sobre la modernidad no son unánimes, pero justamente su mérito es no ofrecer respuestas mágicas sino peguntar; mejor todavía, se propone cambiar el lugar de las preguntas. Y cumple la divisa de Ortega y Gasset: la claridad es la cortesía del filósofo. (c) LA GACETA
Este libro apunta a la intelección de factores estructurantes del mundo actual, por ejemplo, los problemas ambientales surgidos del choque de la civilización con el ecosistema, para decirlo con palabras de Albert Gore, que fue vicepresidente de los Estados Unidos.
María Josefina Regnasco, cuyos son la mayoría de los ensayos de la obra, aborda con lúcida escritura temas como la tríada del poder (violencia, conocimiento y dinero), las paradojas del capitalismo y la noción de productividad, la manipulación del deseo, la mercantilización del tiempo, la civilización del nanosegundo y el interrogante que se cierne sobre el futuro, pues observa: "Hoy es la era del petróleo... ¿y después?"
Tiene también un ensayo sobre el rol del ingeniero y una semblanza de la obra de Muhammad de Yunus, el "banquero de los pobres"; Regnasco se pregunta si no será el próximo Premio Nobel de Economía. El pronóstico se cumplió, pero en el rubro Paz.
Junto a la compiladora hay un grupo de estudiosos. Liliana Blejchbord y Sandra Della Toffola se ocupan de la sociedad de consumo como construcción cultural y social. Pablo Vicari revela los supuestos subyacentes de los problemas del medio ambiente. Ana Panzeri enfoca la administración y en especial la tayloriana; y Luis Damis esboza una antropología del hombre urbano y un proyecto de vida posurbano.
"Si no cambias de dirección, entonces corres el riesgo de llegar adonde te diriges". El aserto del ecologista argentino Ricardo Barbaris puede resumir la intención de Para comprender la problemática del mundo actual. "Si no cambias de dirección..." ¿Qué significa esto? Que nuestra civilización occidental llega a un punto de desarrollo donde pone en peligro la subsistencia de la condición humana.
Porque el progreso no ha podido evitar el aumento de la pobreza, la marginación, el deterioro de la naturaleza. Gracias al matrimonio de la ciencia y la técnica, la modernidad esperaba vivir por fin en un mundo plenamente humanizado; la paradoja de nuestros días es que nunca el hombre se ha sentido más extraño a sí mismo. Todo ello desemboca en la falta de sophrosyne, esto es, la ausencia de templanza, de buen sentido.
El marco teórico del libro reconoce dos referencias. Una es Edgard Morin, filósofo francés nacido en 1921, que sostiene como método de comprensión el Principio de Complejidad y supera el enfoque de explicación lineal gracias a la noción de holograma, pues cada elemento de un sistema es portador de la casi totalidad de la información del sistema.
Y la otra referencia es Jeremy Rifkin, economista estadounidense nacido en 1943, que acude a la célebre Segunda Ley de la Termodinámica, según la cual la energía del universo se transforma y en tal proceso parte se disipa como calor y desorden o entropía. Rifkin lo aplica a la economía: al no tener en cuenta la entropía, dice, las naciones y las empresas enmascaran los desórdenes entrópicos desplazándolos fuera de sus áreas.
Profesora de Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, Regnasco ha publicado varios libros y destaco Crítica de la razón expansiva (1995), El imperio sin centro (2000) y El poder de las ideas (2004), los dos últimos comentados en su momento en estas páginas.
Ella y sus colaboradores dictan clase en la Universidad Abierta Interamericana, de Buenos Aires.
El volumen (que tiene algunas reiteraciones) aborda un tema polémico, puesto que en el mundo filosófico las opiniones sobre la modernidad no son unánimes, pero justamente su mérito es no ofrecer respuestas mágicas sino peguntar; mejor todavía, se propone cambiar el lugar de las preguntas. Y cumple la divisa de Ortega y Gasset: la claridad es la cortesía del filósofo. (c) LA GACETA
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