22 Octubre 2006 Seguir en 

Hace poco iba yo por la calle Mendoza para entregar un texto destinado a LA GACETA Literaria, cuando al llegar a la esquina de Maipú me entregaron un volante cuyo contenido me pareció más interesante que el del papel que me proponía publicar. Transcribo, pues, lo que ese volante rezaba:
“Los ambulantes no lo somos por gusto sino por necesidad. Ya quisiéramos para nosotros la vida de los quietos, pero nos zarandea de continuo el ir y venir de la verdad. ¿Quién no quisiera envejecer junto a las estanterías de siempre, que aseguran un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar? Fatiga disponerlas sin costumbre, en tiendas que duran lo que dura un día. Nadie que sea tan breve puede cultivar la amistad de clientes y proveedores, para no hablar de la ciertamente muy deseable magnanimidad de escribas y secretarios. Es cierto que se nos debe el arte de los signos, y que los mostradores de los quietos nada mostrarían si no hubiésemos hecho nosotros los caminos, pero se entiende que merezca poca fe quien tiene mucho andar y ningún solar. Molestamos a los censores, fastidiamos a los ministros, enojamos a los alcaldes, pero no lo quisiéramos; todo lo que procuramos es ganar nuestro sustento, y no sabemos hacerlo sino andando bajo las estrellas, con no más bolsa que un poco de oro, incienso y mirra”.
(c) LA GACETA
“Los ambulantes no lo somos por gusto sino por necesidad. Ya quisiéramos para nosotros la vida de los quietos, pero nos zarandea de continuo el ir y venir de la verdad. ¿Quién no quisiera envejecer junto a las estanterías de siempre, que aseguran un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar? Fatiga disponerlas sin costumbre, en tiendas que duran lo que dura un día. Nadie que sea tan breve puede cultivar la amistad de clientes y proveedores, para no hablar de la ciertamente muy deseable magnanimidad de escribas y secretarios. Es cierto que se nos debe el arte de los signos, y que los mostradores de los quietos nada mostrarían si no hubiésemos hecho nosotros los caminos, pero se entiende que merezca poca fe quien tiene mucho andar y ningún solar. Molestamos a los censores, fastidiamos a los ministros, enojamos a los alcaldes, pero no lo quisiéramos; todo lo que procuramos es ganar nuestro sustento, y no sabemos hacerlo sino andando bajo las estrellas, con no más bolsa que un poco de oro, incienso y mirra”.
(c) LA GACETA
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