Sobre el hombre y la palabra escrita

"Volver a leer", de Mempo Giardinelli. Compleja relación de más de 6.000 años. Por Beatriz E. de Parolo.

MEMPO GIARDINELLI. El placer y la necesidad de leer. MEMPO GIARDINELLI. El placer y la necesidad de leer.
22 Octubre 2006
Anclado en los lugares ocupados tanto por las instituciones educativas como por los destinatarios de sus acciones, Mempo Giardinelli indaga la compleja relación del hombre con la palabra escrita, un lazo que lleva más de 6.000 años (desde las arcillosas tablas sumerias al disco compacto).
A lo largo del texto, el autor desarrolla una serie de “propuestas para ser una nación de lectores” que sorprenden gratamente al docente responsable por muchas razones: por la contundencia de su contenido, por la originalidad y la sencillez de los proyectos, por la calidad de su discurso.
La obra se estructura en nueve momentos, que se sustentan entre sí -aunque permitiría ser abordada comenzando por cualquiera de sus capítulos-. En este sentido y en coincidencia con el criterio de escritura “arborescente” que domina nuestros tiempos “informáticos”, durante su lectura, no pudimos dejar de evocar el delicioso librito del francés Daniel Pennac “Como una novela”, por la frescura de las innovaciones que ambos maestros proponen.
La primera parte desgrana algunos vibrantes conceptos sobre lo que, para el autor, significa la lectura. “No es posible imaginar siquiera un futuro para el mundo sin lectura”. “Crear el lector que nos merezca, merecer un lector y, sobre todo (...), formar un lector que sea toda una nación”. “Para la razón y el entendimiento, para aclarar y para orientar, para eso está la lectura y están los libros”. En efecto, para M.P. el poder de la lectura es mayúsculo, tanto es así que no sólo se ocupa de la influencia de la educación familiar en este campo, sino que promueve rotundamente una política de lectura que en la Constitución incorpore la ley del derecho a leer, cuyos lineamientos generales este libro intenta desarrollar.
Un segundo momento analiza con minucia “la lectura en voz alta y la lectura silenciosa”. En el segmento (¡imperdible!) subtitulado “Lectura, literatura y medios en la escuela”, el autor no duda en denostar el éxito comercial de lo extraliterario: autoayuda, biografía, management -entre otros abordajes-; es decir “toda esa literatura que supuestamente enseña a vivir”, a lo que suma el nefasto incentivo del auge de “la chabacanería, el mal gusto, el arte ramplón y la estética de lo ordinario que impera en la televisión”, para finalmente incitar al destinatario a asumir su rol de lector capaz de discriminar la vulgaridad de lo valioso.
En “Las lecturas y las nuevas tecnologías”, capítulo de reflexión aguda y de relatos de experiencias pedagógicas, se analizan los aportes que los avances tecnológicos pueden poner al servicio del buen lector. Asimismo, el autor propone interrogantes que le fueron planteados en ocasión de numerosos cursos y talleres en los que intervino, los que responde con profesionalismo y creatividad.
El desarrollo de la idea de que cada lector “inventa” o reescribe el texto en connivencia con su creador planea de manera permanente sobre este libro.
Hasta aquí sólo un pantallazo de algunas -pocas- entradas que M.P. ofrece sobre la pedagogía de la lectura. Sería deseable que esta obra forme parte del patrimonio de maestros y de bibliotecarios. Los beneficiados serán los niños y los jóvenes, con quienes el sistema educativo mantiene una gran deuda: la de procurar construir en su espíritu el placer, la necesidad de leer. (c) LA GACETA


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