Una biografía del "Che" con mucha "grafía" y poca "bio"

Libro escrito con una admiración que es sincera, además de tierna e indulgente. Por Sebastián Dozo Moreno.

ERNESTO “CHE” GUEVARA. Libro claro y ameno, que puede servir al lector para informarse. ERNESTO “CHE” GUEVARA. Libro claro y ameno, que puede servir al lector para informarse.
22 Octubre 2006
El libro de Julia Constenla sobre "el Che" es de una prosa ágil y clara. No repara en detalles inútiles sobre la vida de su biografiado, ni pretende inculcarle al lector su idea personal sobre tan polémico personaje. No al menos de un modo discursivo y panfletario. Su admiración es sincera, y hasta podría decirse que maternal, es decir, tierna e indulgente. El suyo, de hecho, es un libro que pudo escribir la misma doña Celia, madre del "Che", a la que Constenla le dedicó un libro hace dos años. Es de suponer, por lo tanto, que ese libro anterior al que ahora comentamos condicionó su mirada sobre "el comandante" de un modo significativo, y que la autora terminó viéndolo al "Che" un poco a través de los ojos de doña Celia de la Serna, que amó a su hijo hasta la idolatría.
Tanta es la admiración de la autora por el revolucionario argentino, al que considera "un mito que sostiene nuestras flaquezas" y "un hombre cabal", que ni siquiera hay en las casi 300 páginas de su obra un solo juicio de valor, ni una crítica, ni un cuestionamiento, ni tan siquiera un elogio, con excepción de los que acabamos de citar y que figuran en el prólogo. Simplemente, relata la vida de su "héroe" revolucionario, sin intentar correr el velo del mito para dar a conocer al lector (y a ella misma ante todo), al hombre real que fue Ernesto "Che" Guevara.
Y descorrer el velo significa no sólo narrar los hechos históricos de la vida del "Che", sino interpretarlos. No sólo transcribir sus cartas, sino indagar a través de los escritos íntimos la psicología del personaje (para que este se convierta en persona de carne y hueso, y espíritu), no sólo incluir sus fotos en el libro, sino descifrar su personalidad a través de la sutil insinuación de sus rasgos y expresiones, de sus poses y sus manos, y hasta de la forma peculiar que tenía de morder su habano de Cuba, o de ceñir la cintura de la mujer amada.
Un biógrafo cabal no es un mero "desempolvador" de archivos, ni un hábil barajador de datos, sino que es, a la vez, fisonomista, grafólogo, psicólogo, detective, criminólogo, cartógrafo y, en casos privilegiados como los de Stefan Zweig o Emil Ludwig, un médium a través del cual las almas de los grandes hombres -o de los pequeños-, le dicen al mundo lo que verdaderamente fueron en sus vidas terrenas.
La biografía de Julia Constenla sobre el "Che" Guevara describe pero no ahonda. Tiene, por lo tanto, mucho de "grafía" (de descripción y de escritura), pero poco de "bio" (de vida real del personaje en cuestión). Y en el caso particular del "Che", esta ausencia de crítica es algo serio, en tanto que se trató de un hombre violento al que miles de jóvenes de todo el mundo consideran hoy un modelo de vida. Se trató de un hombre que, según se lee en la primera página de esta biografía, amó las armas, y que, luego de ejecutar a un traidor, fue capaz de escribir con frialdad: "La situación era incómoda para la gente y para él, de modo que acabé el problema dándole en la sien derecha un tiro de pistola 32 con orificio de salida en el temporal", según anotó en su diario (con letra de médico, seguramente, según correspondía a su profesión).
La obra de Constenla no es reveladora. No conduce al lector del mundo de las apariencias al de las esencias, del mundo sensible al inteligible (misión que no es exclusiva de los filósofos y los poetas), sino que su biografía es un golpe más de cincel sobre el busto de mármol del prócer de los revolucionarios, o un cirio puesto al pie del máximo ícono latinoamericano de la lucha contra el imperialismo yankee. Las numerosas fotos del "Che" (hombre, sin duda, carismático y seductor) que superabundan en el libro, sirven muy especialmente para consolidar el mito, y no para trascenderlo.
Al concluir la lectura de esta biografía, las eternas preguntas sobre el "Che" Guevara quedan, por lo tanto, sin respuesta: ¿fue el "Che" un idealista, o un violento que en la lucha armada encontró la excusa perfecta para desfogar sus frustraciones personales, y su inconfesado mal genio? ¿Fue un aventurero sin rumbo que tuvo la fortuna (o el infortunio) de encontrarse con Fidel Castro, el cual le dio un destino a cambio de un arma y de un puesto de poder? ¿La pulsión de muerte fue mayor en él que la de vida, y la revolución le dio ocasión para matar compulsivamente, y labrar así su propia destrucción? Dicho de otro modo: si como afirma Miguel de Unamuno, todo suicida es un homicida frustrado, ¿fue un suicida en potencia, en tanto que fue un homicida realizado? ¿Son compatibles la filantropía y el crimen? ¿Cómo debe interpretarse esta confesión que le hace el "Che" a su madre, en una carta: "No soy Cristo ni filántropo, vieja, soy todo lo contrario de un Cristo. Lucho por todas las cosas en que creo, con todas las armas de que dispongo, y trato de dejar muerto a otro para que no me claven en una cruz"? (pág. 81). ¿Pone la vida en juego aquel para quien la vida es, sobre todo, un excitante juego peligroso, y nada más? ¿Fue la vida para el "Che", un juego peligroso y nada más?
El libro de Julia Constenla no responde a estos interrogantes; sin embargo, por ser claro y ameno, puede servirle al lector para informarse sobre la vida del "Che" Guevara, antes de pasar a una obra más crítica y rigurosa sobre tan controvertido personaje. (c) LA GACETA


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