15 Octubre 2006 Seguir en 

Debemos celebrar la aparición de los cuentos de Silvina Ocampo en dos volúmenes que los reúnen por orden cronológico (excluyendo los libros de cuentos infantiles). Este tipo de edición implica travesías de largo aliento para el lector. Un cuento, por breve que sea, es una obra, y encontrarse con casi quinientas páginas de obras resulta un verdadero desafío. En ese sentido es aconsejable entrar y salir de este volumen y permitirse leer sin prisas.
Cuentos completos reúne 4 libros: "Viaje olvidado" (1937), "Autobiografía de Irene" (1948); "La furia" (1959) y "Las invitadas" (1961). Los climas unifican mundos donde lo siniestro está presto a asaltar desde lo familiar. La infancia es el espacio privilegiado y las protagonistas son, casi siempre, preciosas niñas de clase alta que encierran furias y secretos. Madres, hijas, amas, sirvientas, esposas o amantes son monstruosas. Desde sus primeras incursiones en la pintura, Silvina Ocampo insistió en retratar el mundo femenino, especialmente la maternidad y la infancia también. Detrás de tersos rostros se oculta la violencia, producida, en especial, por el contacto entre clases y sus tortuosas relaciones. Las solariegas casonas están llenas de historias inconfesables.
La cuestión de la identidad abruma a las protagonistas. En "La muñeca", la niña huérfana convertida en adivina exclama: "Todo el mundo dice: Yo tal cosa, yo tal otra, salvo yo que preferiría no ser yo. Soy adivina. Sospecho que a veces no adivino el porvenir, sino que lo provoco". En "El pecado mortal" la niña experimenta, y la adulta evoca y narra. Imagen de la muñeca aprisionada en la caja, sujeta con cintas, recuerda el final de "Icera", donde el personaje no quiere crecer y nos entrega una representación grotesca. Icera acaba metida en una caja de la muñeca en la vidriera de la juguetería. Una caja que es cuna y tumba.
La infancia aparece malévola y llena de un poder desmesurado: los niños pueden producir desastres "para no ir al colegio", como en "Los amigos", o incendiar la casa y provocar la muerte de la madre y de sus amigas, como en "Voz en el teléfono". A veces actúan como adultos, como en "La propiedad", no trepidan en asesinar al abuelo ("El Vástago"), o practicar la brujería ("Los amigos"). Una dulce niña en "La boda" pone arañas mortíferas en el rodete de la novia, que cae muerta en la iglesia. En los textos abundan las autorrepresentaciones. La protagonista de "La continuación" narra la historia de la escritura, a la vez que la de su vida. La creación es un espacio "como un sótano húmedo y oscuro", donde la luz sólo provoca dolor y más violencia.
La tensión narrativa asume rasgos peculiares. Como si a Ocampo no le interesara la perfección ni la concentración que proclaman como característica del cuento, se permite digresiones, deja cabos sueltos con un estilo indeciso que se manifiesta en los modos de enunciación. Si hay un "yo" es un "yo" que duda todo el tiempo. El melodrama forma parte de los universos narrativos estridentes y góticos. Esta colección nos permite recorrer un mundo alucinante y desparejo en el que la forma no es la preocupación central. (c) LA GACETA
Cuentos completos reúne 4 libros: "Viaje olvidado" (1937), "Autobiografía de Irene" (1948); "La furia" (1959) y "Las invitadas" (1961). Los climas unifican mundos donde lo siniestro está presto a asaltar desde lo familiar. La infancia es el espacio privilegiado y las protagonistas son, casi siempre, preciosas niñas de clase alta que encierran furias y secretos. Madres, hijas, amas, sirvientas, esposas o amantes son monstruosas. Desde sus primeras incursiones en la pintura, Silvina Ocampo insistió en retratar el mundo femenino, especialmente la maternidad y la infancia también. Detrás de tersos rostros se oculta la violencia, producida, en especial, por el contacto entre clases y sus tortuosas relaciones. Las solariegas casonas están llenas de historias inconfesables.
La cuestión de la identidad abruma a las protagonistas. En "La muñeca", la niña huérfana convertida en adivina exclama: "Todo el mundo dice: Yo tal cosa, yo tal otra, salvo yo que preferiría no ser yo. Soy adivina. Sospecho que a veces no adivino el porvenir, sino que lo provoco". En "El pecado mortal" la niña experimenta, y la adulta evoca y narra. Imagen de la muñeca aprisionada en la caja, sujeta con cintas, recuerda el final de "Icera", donde el personaje no quiere crecer y nos entrega una representación grotesca. Icera acaba metida en una caja de la muñeca en la vidriera de la juguetería. Una caja que es cuna y tumba.
La infancia aparece malévola y llena de un poder desmesurado: los niños pueden producir desastres "para no ir al colegio", como en "Los amigos", o incendiar la casa y provocar la muerte de la madre y de sus amigas, como en "Voz en el teléfono". A veces actúan como adultos, como en "La propiedad", no trepidan en asesinar al abuelo ("El Vástago"), o practicar la brujería ("Los amigos"). Una dulce niña en "La boda" pone arañas mortíferas en el rodete de la novia, que cae muerta en la iglesia. En los textos abundan las autorrepresentaciones. La protagonista de "La continuación" narra la historia de la escritura, a la vez que la de su vida. La creación es un espacio "como un sótano húmedo y oscuro", donde la luz sólo provoca dolor y más violencia.
La tensión narrativa asume rasgos peculiares. Como si a Ocampo no le interesara la perfección ni la concentración que proclaman como característica del cuento, se permite digresiones, deja cabos sueltos con un estilo indeciso que se manifiesta en los modos de enunciación. Si hay un "yo" es un "yo" que duda todo el tiempo. El melodrama forma parte de los universos narrativos estridentes y góticos. Esta colección nos permite recorrer un mundo alucinante y desparejo en el que la forma no es la preocupación central. (c) LA GACETA
Lo más popular







