15 Octubre 2006 Seguir en 

El libro invoca como guía la afirmación de Platón en su famosa Carta Séptima: la filosofía no es una disciplina enseñable como las demás; y sólo tras larga frecuentación se manifiesta en el alma como luz que de pronto se enciende a partir de una chispa.
Una leyenda antigua, escribe Remo Bodei, habla de una ciudad donde las palabras se congelaban a causa del frío, y luego al llegar el calor se iban descongelando, y así los habitantes escuchaban durante el verano cuanto se había dicho en invierno.
Bodei, profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad de Pisa, diseña un mapa filosófico. Para ellos siempre cita autores y reflexiones.Parte de la sabiduría india; luego muestra algunas estrellas del cielo griego, describe en pinceladas la cultura medieval y señala que la filosofía moderna busca superar la infelicidad antes que lograr la felicidad.
Ve en Hegel un exponente de la necesidad de superar las escisiones, los laceramientos de la vida y recuperar la armonía quebrada. Para Hegel, dice Bodei, en la historia hay una concepción trágica, y si bien progresa la conciencia de la libertad (no la libertad efectiva de los seres humanos), el mundo sigue siendo terrible, semejante a "un matadero" y es preciso fijar la mirada en la muerte y en el aniquilamiento.
Me detengo en Hegel, simplemente para mostrar que el autor es proclive a la simplificación, no desarrolla las ideas paso a paso sino que ofrece al lector ciertas fórmulas donde resume a un filósofo o a una corriente de pensamiento.
Finalmente, desemboca en la bioética y la "condición post humana". ¿Existe el riesgo de que a través de la biotecnología y los psicofármacos se puedan controlar los cuerpos y las almas y llegar a la domesticación del ser humano anunciada en Un mundo feliz, de A. Huxley?El antídoto a lo que juzga como improbable sociedad programada, consiste para Bodei en tomar en nuestras manos la propia vida. Conseguir tal propósito es el don que ofrece la filosofía.
Hay al comienzo del libro un yerro. Al hablar de la claridad como la cortesía del filósofo, Bodei atribuye la frase a Unamuno, cuando en verdad es de Ortega y Gasset. Pero va de suyo que la frase vale por sí misma.
El enfoque elegido por Bodei, con profusión de filósofos despachados en pocas líneas y una enorme bibliografía final, tiene un resultado algo paradójico: es una invitación a conocer la casa de la filosofía, mas el recorrido será claro, como él pretende... para quienes hayan visitado la casa en ocasiones anteriores. (c) LA GACETA
Una leyenda antigua, escribe Remo Bodei, habla de una ciudad donde las palabras se congelaban a causa del frío, y luego al llegar el calor se iban descongelando, y así los habitantes escuchaban durante el verano cuanto se había dicho en invierno.
Bodei, profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad de Pisa, diseña un mapa filosófico. Para ellos siempre cita autores y reflexiones.Parte de la sabiduría india; luego muestra algunas estrellas del cielo griego, describe en pinceladas la cultura medieval y señala que la filosofía moderna busca superar la infelicidad antes que lograr la felicidad.
Ve en Hegel un exponente de la necesidad de superar las escisiones, los laceramientos de la vida y recuperar la armonía quebrada. Para Hegel, dice Bodei, en la historia hay una concepción trágica, y si bien progresa la conciencia de la libertad (no la libertad efectiva de los seres humanos), el mundo sigue siendo terrible, semejante a "un matadero" y es preciso fijar la mirada en la muerte y en el aniquilamiento.
Me detengo en Hegel, simplemente para mostrar que el autor es proclive a la simplificación, no desarrolla las ideas paso a paso sino que ofrece al lector ciertas fórmulas donde resume a un filósofo o a una corriente de pensamiento.
Finalmente, desemboca en la bioética y la "condición post humana". ¿Existe el riesgo de que a través de la biotecnología y los psicofármacos se puedan controlar los cuerpos y las almas y llegar a la domesticación del ser humano anunciada en Un mundo feliz, de A. Huxley?El antídoto a lo que juzga como improbable sociedad programada, consiste para Bodei en tomar en nuestras manos la propia vida. Conseguir tal propósito es el don que ofrece la filosofía.
Hay al comienzo del libro un yerro. Al hablar de la claridad como la cortesía del filósofo, Bodei atribuye la frase a Unamuno, cuando en verdad es de Ortega y Gasset. Pero va de suyo que la frase vale por sí misma.
El enfoque elegido por Bodei, con profusión de filósofos despachados en pocas líneas y una enorme bibliografía final, tiene un resultado algo paradójico: es una invitación a conocer la casa de la filosofía, mas el recorrido será claro, como él pretende... para quienes hayan visitado la casa en ocasiones anteriores. (c) LA GACETA
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