15 Octubre 2006 Seguir en 

Se trata de un conjunto de ensayos, cuya mayor parte versa de asuntos que en apariencia importan a la literatura: las artes de leer y escribir, la entidad o función del punto y de la página, el semblante esencial de algunos escritores (Julio Verne, Robert L. Stevenson y Arthur Conan Doyle, Yehuda Helberg, Cyrill Connolly, Javier Cercas, Alejandra Pizarnik). Tres ensayos finales presentan al lector unos lugares animados por fantasmas ilustres: la aldea provenzal que fue la última morada de Van Gogh, los jardines de Sanssouci en Postdam, la catedral inconclusa de Gaudi en Barcelona.
El autor extrae de tales asuntos una sustancia sabrosa y concentrada, que a menudo sabe a la que constituye la napa más profunda de la condición humana, y que se extiende mucho más allá del terreno puramente literario. Su instrumento es una prosa en la que el concepto, la imagen y el ritmo obran en concierto, no obstante la gran carga de erudición que transportan, con un ajuste más propio de una natural respiración que de un trabajo de artificio.
Ese efecto, que suscita deleite en el lector, debe mucho sin duda a la traducción de Eduardo Hojman, merced a la cual el texto suena como si hubiese sido escrito originalmente en castellano. Ha sido sin embargo redactado en inglés, y publicado en ese idioma con el título de At the Mad Hatter?s Table ("A la Mesa del Sombrerero Loco"), que invoca de inmediato el mundo no menos lúcido que alucinado de Lewis Carroll, conjurado de nuevo mediante epígrafes al comienzo de cada capítulo.La denominación inglesa del libro coincide con la de su prólogo, en el que Alberto Manguel muestra a Alicia afanada en comprender, de modo racional, el universo absurdo del cual el Sombrerero Loco es emblema. En una aclaración anterior al prólogo, el autor justifica el título de la presente edición explicando su relación con la obra clásica de Erasmo; como ella, el libro de Manguel se dirige a señalar el dominio que la locura ejerce sobre los negocios humanos, propósito en el curso del cual encuentra que hoy "la locura, degradada a mera torpeza, a una estupidez voluntaria que se hace evidente en casi todos nuestros actos cotidianos, ha adquirido prestigio universal y se ha convertido en motivo de jactancia. La locura sublime no inspira gran respeto, mucho menos se la alienta. Lo que importa es el poder y las ganancias adquiridas a través del poder. En nuestra época, la meta reconocida es ser percibido como un necio poderoso".
Quien firma estas líneas no vacila en recomendar la lectura del libro de Alberto Manguel. (c) LA GACETA
El autor extrae de tales asuntos una sustancia sabrosa y concentrada, que a menudo sabe a la que constituye la napa más profunda de la condición humana, y que se extiende mucho más allá del terreno puramente literario. Su instrumento es una prosa en la que el concepto, la imagen y el ritmo obran en concierto, no obstante la gran carga de erudición que transportan, con un ajuste más propio de una natural respiración que de un trabajo de artificio.
Ese efecto, que suscita deleite en el lector, debe mucho sin duda a la traducción de Eduardo Hojman, merced a la cual el texto suena como si hubiese sido escrito originalmente en castellano. Ha sido sin embargo redactado en inglés, y publicado en ese idioma con el título de At the Mad Hatter?s Table ("A la Mesa del Sombrerero Loco"), que invoca de inmediato el mundo no menos lúcido que alucinado de Lewis Carroll, conjurado de nuevo mediante epígrafes al comienzo de cada capítulo.La denominación inglesa del libro coincide con la de su prólogo, en el que Alberto Manguel muestra a Alicia afanada en comprender, de modo racional, el universo absurdo del cual el Sombrerero Loco es emblema. En una aclaración anterior al prólogo, el autor justifica el título de la presente edición explicando su relación con la obra clásica de Erasmo; como ella, el libro de Manguel se dirige a señalar el dominio que la locura ejerce sobre los negocios humanos, propósito en el curso del cual encuentra que hoy "la locura, degradada a mera torpeza, a una estupidez voluntaria que se hace evidente en casi todos nuestros actos cotidianos, ha adquirido prestigio universal y se ha convertido en motivo de jactancia. La locura sublime no inspira gran respeto, mucho menos se la alienta. Lo que importa es el poder y las ganancias adquiridas a través del poder. En nuestra época, la meta reconocida es ser percibido como un necio poderoso".
Quien firma estas líneas no vacila en recomendar la lectura del libro de Alberto Manguel. (c) LA GACETA
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