En casi medio siglo de televisores encendidos

Por Juan Carlos Di Lullo. Exhaustivo recorrido que abarca desde la génesis de la pantalla chica, en 1951, hasta 1998, "el año que en que vivimos en peligro".

15 Octubre 2006
Los tres autores de este voluminoso ejemplar hacen un interesante aporte a la memoria dentro de la colección titulada Historia de los Medios de Comunicación en la Argentina. Un exhaustivo recorrido arranca en la génesis de la televisión en nuestro país, concretada el 17 de octubre de 1951 en la transmisión del acto por el día de la lealtad peronista, y llega hasta 1998, "el año en que vivimos en peligro", según el título elegido por Sirvén. Este último, Itkin y Ulanovsky dividieron en tres períodos los 47 años transcurridos desde aquel instante en que las imágenes generadas por las tres cámaras emplazadas en un balcón del segundo piso del edificio del Banco de la Nación se animaron en las pantallas de los pocos televisores que por entonces había en Buenos Aires, hasta los albores del último año del siglo pasado, con canales de aire y señales de cable repartidas por todo el país, además de la variada oferta que propone la televisión satelital domiciliaria.
Ulanovsky se encarga de rememorar los primeros 15 años de esta historia breve pero frondosa; repasa con detenimiento los heroicos comienzos de las transmisiones y el nacimiento de Canal 7, la emisora estatal que sería escuela de técnicos y de artistas durante muchos años; señala con acierto que la novedad tecnológica no mereció el inmediato interés del público, al punto que las primeras transmisiones ni siquiera se reflejaron en espacios importantes en los demás medios. Pero poco a poco, con la popularización de los receptores y una profesionalización creciente en la programación, el televisor comenzó a convertirse en un elemento indispensable en las familias argentinas. El trabajo, organizado en capítulos que corresponden a cada uno de los años transcurridos, se completa con pequeños apuntes biográficos titulados "Vida con videos" y con fotografías que, a la vez que pulsan la cuerda de la nostalgia, sirven para mostrar la tremenda evolución que se operó en este campo en apenas unas pocas décadas. El segmento firmado por Ulanovsky se titula apropiadamente "Fundación, estilos y costumbres".
A Silvia Itkin le corresponde desarrollar el período en que los golpes militares dominaron la escena nacional y proyectaron su autoritarismo sobre la pantalla televisiva. En "Años de oro. Años de barro", la autora repasa el lapso comprendido entre 1967 y 1982; relata el reparto de los canales entre los representantes de las distintas Fuerzas Armadas y las consecuencias que la falta de una conducción profesional trajo al mundo de la televisión. El Mundial del 78, el nacimiento de ATC, la llegada del color a las pantallas y la experiencia inédita de cronicar una guerra -perdida- por TV son los puntos salientes del período. Y también anécdotas, como la prohibición de que el personaje de Alberto Olmedo se llamara Capitán Piluso (se quedó sin su grado militar) y que su amigo Coquito debiera dejar de lado el trajecito de marinero, para no afectar la imagen de la Fuerza.
Pablo Sirvén completa el panorama con el relato de la etapa marcada entre los años 1983 y 1998, que resume con el título "Del fin de la inocencia a la globalización". El especialista detalla en estas páginas el tránsito de los canales manejados "por sus dueños" a la época de las corporaciones y de las productoras independientes, con programaciones gobernadas por el rating y con una incidencia cada vez mayor del "zapping" potenciado por el aumento exponencial de la oferta al espectador.
Llama la atención la falta de datos sobre la existencia y el trabajo de los canales del interior, a los que sólo se hacen referencias laterales. Es innegable que el epicentro televisivo nacional está en Buenos Aires, pero no lo es menos que la cantidad de emisoras y de televidentes que residen en las provincias reclama un espacio propio en este tipo de trabajos. (c) LA GACETA

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