08 Octubre 2006 Seguir en 

"Lirismo crítico para escrutar el sentido de la existencia". Tal la definición de Pablo Anadón, formulada en ocasión de serle requerida su posición respecto de la poesía, que completa con su enfático alineamiento en una búsqueda interior, como eje sin el cual lo poético carece de real trascendencia. Reducido al mero ejercicio de escribir versos, es práctica prescindible para quien la ejecuta y para quien la recibe.El título de este poemario encierra un sagaz concepto. Las horas ejecutan un trabajo que recae sobre el ser, desein heideggeriano, que no puede soslayar la acción del mundo sobre sí, y, con ello, sean cuales fueren sus actos y su proyecto existencial, carece de la posibilidad de maniobrar para evitar el extremo común de toda vida, que es la muerte, "ese defecto absurdo", en el bello decir de Cesare Pavese.
Pero como contrapartida -también implícita en el título y según bien lo señala el autor en nota preliminar- hay quien está en posición de advertir ese transcurrir. Lo que para muchos, inmersos en trajines y afanes, no se vivencia sino sólo en situaciones muy particulares, en la alta poesía significa poner la conciencia en un estado de alerta respecto de la acción del tiempo. Es un caso específico de atención, que -para escuelas como el sufismo, por ejemplo- puede alcanzar un punto muy abarcativo cuando el paso siguiente del que atiende es el incluirse él mismo en el proceso de observación, base del conocimiento de sí.
El universo más inmediato de esa labor de las horas no es distante ni ajeno. Anadón comprende el valor de esa intencionalidad de interpretar los hechos y objetos en los cuales la conciencia puede advertir un sentido, y nos hace partícipes de ello. El conjunto -hechos y objetos- pertenece a la esfera del entorno íntimo, el más cercano, el más primitivo, el que nos magnetiza con una intensidad de raigambre atávica. Somos, de algún modo, el resultado de la calidad del vínculo que establecimos con los primeros escenarios, porque ella va a estar ciertamente presente en los posteriores.
La sobremesa, los hijos que juegan en el patio, la repisa del baño, los cambios que traen consigo las estaciones, los pájaros, una carta, el hombre que toma un café, el gato del vecino son los temas del poeta. Por momentos, hace recordar a Jacques Prevert, pero mezclado si es posible semejante mixtura con Juan L. Ortiz, desde que en Anadón resulta persistente la íntima sorpresa, el re-descubrimiento de lo reiterado, como en un jamaisvu que impone como reciente el acontecimiento cotidiano, sus matices, los muebles, las voces y la gestualidad. La escenografía de siempre, en fin, pero liberada de una circularidad vacua, aquella monotonía simplemente cronológica que nunca involucra exhortaciones hacia una transformación cualitativa.
Poesía de lo directo e inmediato, pero notablemente sustantiva: "Ya se escuchan las risas y los gritos, y aparecen los caminantes con su carga de flores, caracoles y piedras relucientes. Yo me pregunto qué podría darles".
Pablo Anadón es autor de los libros "Poemarios", "Estaciones del árbol", "Cuaderno florentino y otros poemas", "Lo que trae y lleva el mar" y "La mesa de café y otros poemas". Fue becario de la Universidad de Florencia y ha realizado traducciones de Dante Alighieri, Dino Campana, Giuseppe Ungaretti y Wallace Stevens, entre otros. Es doctor en Letras de la Universidad Nacional de Córdoba, y fundador de la revista "Fénix", que además edita libros de poesía. Es crítico de LA GACETA Literaria y de revistas culturales de España y de Italia. (c) LA GACETA
Pero como contrapartida -también implícita en el título y según bien lo señala el autor en nota preliminar- hay quien está en posición de advertir ese transcurrir. Lo que para muchos, inmersos en trajines y afanes, no se vivencia sino sólo en situaciones muy particulares, en la alta poesía significa poner la conciencia en un estado de alerta respecto de la acción del tiempo. Es un caso específico de atención, que -para escuelas como el sufismo, por ejemplo- puede alcanzar un punto muy abarcativo cuando el paso siguiente del que atiende es el incluirse él mismo en el proceso de observación, base del conocimiento de sí.
El universo más inmediato de esa labor de las horas no es distante ni ajeno. Anadón comprende el valor de esa intencionalidad de interpretar los hechos y objetos en los cuales la conciencia puede advertir un sentido, y nos hace partícipes de ello. El conjunto -hechos y objetos- pertenece a la esfera del entorno íntimo, el más cercano, el más primitivo, el que nos magnetiza con una intensidad de raigambre atávica. Somos, de algún modo, el resultado de la calidad del vínculo que establecimos con los primeros escenarios, porque ella va a estar ciertamente presente en los posteriores.
La sobremesa, los hijos que juegan en el patio, la repisa del baño, los cambios que traen consigo las estaciones, los pájaros, una carta, el hombre que toma un café, el gato del vecino son los temas del poeta. Por momentos, hace recordar a Jacques Prevert, pero mezclado si es posible semejante mixtura con Juan L. Ortiz, desde que en Anadón resulta persistente la íntima sorpresa, el re-descubrimiento de lo reiterado, como en un jamaisvu que impone como reciente el acontecimiento cotidiano, sus matices, los muebles, las voces y la gestualidad. La escenografía de siempre, en fin, pero liberada de una circularidad vacua, aquella monotonía simplemente cronológica que nunca involucra exhortaciones hacia una transformación cualitativa.
Poesía de lo directo e inmediato, pero notablemente sustantiva: "Ya se escuchan las risas y los gritos, y aparecen los caminantes con su carga de flores, caracoles y piedras relucientes. Yo me pregunto qué podría darles".
Pablo Anadón es autor de los libros "Poemarios", "Estaciones del árbol", "Cuaderno florentino y otros poemas", "Lo que trae y lleva el mar" y "La mesa de café y otros poemas". Fue becario de la Universidad de Florencia y ha realizado traducciones de Dante Alighieri, Dino Campana, Giuseppe Ungaretti y Wallace Stevens, entre otros. Es doctor en Letras de la Universidad Nacional de Córdoba, y fundador de la revista "Fénix", que además edita libros de poesía. Es crítico de LA GACETA Literaria y de revistas culturales de España y de Italia. (c) LA GACETA
Lo más popular







