De nuestras rupturas y sus recomposiciones

Por Miguel Angel de Marco. Félix Luna trata de hacer entender un juego que es como "el contrapunto que articula la gran sinfonía de la historia argentina y universal".

08 Octubre 2006
Este libro de Félix Luna es una reflexión acerca de las rupturas y recomposiciones que marcan el devenir argentino, más que una investigación sobre los procesos revolucionarios y sus consecuencias, temática acerca de la cual distinguidos historiadores, entre los que se cuenta el mismo autor, han escrito notables estudios.
En efecto, Luna se apresura a señalar que Revoluciones. Estallidos políticos y soluciones constitucionales es una recopilación de grabaciones y materiales extraídos de varios de sus libros, unidos por un hilo conductor hábilmente trazado por quien no sólo es un investigador notable sino un incansable divulgador del pasado argentino. Desde ese punto de vista, el volumen provee al gran público de elementos para entender un juego de fracturas y continuidades que es, para Luna, como "el contrapunto, por decir así, que articula la gran sinfonía de la historia argentina y universal".
Dentro del cuadro desolador que exhiben los abruptos cortes institucionales padecidos por el país a fines del siglo XIX y a lo largo de la centuria pasada, el autor rescata, como continuidad digna de ser subrayada, "la voluntad de los pueblos de este país en el sentido de darse una organización federal y un tipo de sociedad donde las identidades comarcanas, provincianas, locales, queden bien delimitadas, tengan una real incidencia en la vida de la gran comunidad".
Además resalta la tendencia a obtener una "mejor democracia política que va unida a la tendencia hacia un igualitarismo social más real". Para afirmar, con entonación entusiasta: "Sin duda este es un pueblo hecho para la democracia".
En la parte introductoria, Luna analiza la propensión argentina de utilizar el término "revolución" para calificar meros intentos de modificaciones de la situación política. Desde su punto de vista, sólo el movimiento de Mayo de 1810 merece ese nombre porque cambió abruptamente la configuración del núcleo del poder; la concepción política, los valores ideológicos que prevalecían hasta el momento, transformando "una sociedad colonial en una sociedad distinta". Para decirlo en el coloquial estilo de ese notable comunicador: "cambia una sociedad de castas en una sociedad de clases, cambian las costumbres, cambia el lenguaje, cambia todo". Y agrega: "Eso no se da de una manera inmediata, pero, a lo largo de unos pocos años, efectivamente ocurre de modo tal que la Revolución de Mayo debe considerarse realmente una revolución.
En vez, los demás denominados de igual manera, se reducen, según Luna, a meros "cambios de gobiernos más o menos violentos".
Tras ese capítulo de consideraciones generales, analiza los estallidos políticos más notorios de la historia argentina: el del 26 de julio de 1890; el del 6 de septiembre de 1930; el del 4 de junio de 1943 y el del 16 de septiembre de 1955. En cada capítulo, el autor expone los orígenes, actores y consecuencias, iluminando el cuadro con oportunas reflexiones y, en el caso de los últimos pronunciamientos, enriqueciéndolos desde la doble vertiente del que ha estudiado los testimonios escritos pero a la vez ha apelado a sus propias vivencias. Eso le permite ofrecer enfoques novedosos, equilibrados y basados en la realidad, en vez de alambicadas explicaciones a las que suelen recurrir ciertos escritores que priorizan sus ideas y compromisos políticos por sobre el inexcusable deber de ceñirse, dentro de lo posible, a la imparcialidad.
El libro se cierra con unas páginas que Luna titula "Algunas divagaciones en torno al Bicentenario", en que formula una visión general de la historia argentina, y breves e interesantes bocetos de presidentes que debieron cambiar sobre la marcha, por conveniencia política o necesidad, sus respectivas plataformas. Y se pregunta: "¿Qué obliga a hombres que llegan al poder con buenas intenciones a tener que rectificar cosas que han dicho antes?", para responder: "La ligereza de los dirigentes políticos cuando son opositores, el oportunismo para decir una cantidad de cosas que llegados al poder no podrán realizar... En general, al político se le reprochan estas inconsecuencias, pero en la Argentina estamos acostumbrados a tragarnos esos sapos, dicho en criollo para que se entienda".
En síntesis, estas 167 páginas de grata lectura, invitan a pensar en nuestras fallas, en las ocasiones perdidas y en las posibilidades de superarlas. (c) LA GACETA

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