Un brillante precursor del género fantástico

Por María Eugenia Bestani.La potencia intelectual, el manejo del lenguaje y una desafiante imaginación, suplen los eventuales desbordes narrativos de Lewis.

08 Octubre 2006
Clive Staples Lewis publicó su Trilogía cósmica (1941) -titulada originariamente Trilogía de Ransom- años antes de escribir las hoy consagradas Crónicas de Narnia. Para su composición apeló a una fusión entre ciencia ficción, literatura fantástica y alegoría.
Cada uno de los tres tomos puede leerse en forma independiente, a pesar de la recurrencia de algunos personajes. El filólogo Ransom es el protagonista de la saga; Lewis lo delineó, según ciertos indicios, tomando como modelo a su amigo y colega J.J.R. Tolkien -también filólogo- con quien mantenía medulosas discusiones sobre teología y sobre el arte de la escritura. Recordemos que C.S. Lewis había nacido en Belfast y que fue profesor de literatura medieval y renacentista en las universidades de Oxford y de Cambridge. Su más frecuentada obra crítica es Alegoría del amor (1936), donde hace un minucioso recorrido por la poesía amatoria medieval y el amor cortesano. Contrariamente a la intención de Tolkien de evitar que sus relatos pudieran identificarse alegóricamente con algún sistema filosófico, religioso o político existente, Lewis toma como paradigma inconfundible los mitos de la tradición judeocristiana.
En el primer libro, Más allá del planeta silencioso, Ransom es secuestrado por el científico Weston y forzado a viajar a Marte (Malacandra), el planeta rojo, donde descubre un mundo atávico, poblado de especies inteligentes, en su mayoría no antropomórficas, que viven en armonía y en total desconocimiento del mal, bajo la protección benéfica de Maleldil. Allí, Ransom es testigo y partícipe involuntario de una muerte sacrificial.
En el segundo libro, Perelandra. Un viaje a Venus, gracias a los rudimentos de lenguaje cósmico que logró aprender durante su experiencia marciana. Ransom es trasladado, por obra de Maleldil, a Venus (Perelandra), con el fin de cumplir una misión. La vida humana está naciendo y a punto de repetir la historia terrestre de la caída de Adán y Eva, en las personas de la Dama y el Rey. Ransom, en un despliegue dialéctico, que deviene posteriormente en violencia contra la corporización del mal, logra convencer a la pareja primigenia de evitar el destino de la Tierra.
Lewis, diferenciándose de las tendencias dominantes hasta esa época dentro del género, ubica en los otros planetas a seres incontaminados y bondadosos. La corrupción proviene de la Tierra o Thulcandra, el planeta silencioso.
Cierra la serie Esa horrible fortaleza, cuya acción transcurre en Inglaterra, en los claustros de una universidad, con el trasfondo de inocentes rituales sociales y las no tan inocentes escaladas de poder en el ámbito académico. Ransom se confronta con seres malvados, sumidos en una carrera científica para dominar el planeta.
La publicación en castellano de estos textos, sin duda, ha estado impulsada por el reciente éxito editorial de las Crónicas de Narnia. A pesar de tratarse de novelas no del todo logradas -sea por la desmesura en la complicación de la trama, la densidad en los diálogos y las excesivas alusiones mitológicas- a lo que se suman los cambios de percepción del cosmos (difiere mucho la visión de Marte y de Venus hoy con la que pudo haber tenido un lector en la década de los cuarenta) consideramos valiosa esta oportunidad de acercarnos a la obra de uno de los precursores del género fantástico contemporáneo, cuya brillantez intelectual, originalidad, manejo del lenguaje descriptivo y desafiante imaginación suplen los eventuales desbordes narrativos que encontramos en los relatos de la trilogía.
Merecen destacarse la corrección de la traducción de los tres tomos, a cargo de Elvio Gandolfo, y las portadas, magníficamente ilustradas por Alejandro Colucci. (c) LA GACETA

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