Despliegue conceptual a partir de la pulsión

Por Roberto Rojo. Los autores tratan el tema con solvencia científica y actitud crítica.

01 Octubre 2006
Se asiste en estas páginas, obra de especialistas, a un despliegue conceptual que va desde la idea freudiana de pulsión en general hasta la definitiva teoría de pulsión de muerte, tema primordial del psicoanálisis de Freud. Con solvencia científica y actitud crítica, los autores ponen también en relación dramática la pulsión de muerte con la violencia, torturas y estallidos bélicos de los momentos azorados de hoy.
Quiero señalar antes que nada que Todestrieb, instinto de muerte, es la expresión original en alemán traducida libremente por pulsión de muerte, si bien el traductor Ballester sigue traduciendo "instinto de muerte".
Cuanto más avanza en su obra, más confiere Freud al impulso de muerte un papel decisivo en la fundamentación del psicoanálisis, sin descuidar, por cierto, la noción general de pulsaciones. Siempre estuvo presente en su ánimo la ambivalencia o dualidad de las pulsaciones como una relación dinámica, no de oposición, esto es, como "acción conjugada y antinómica" entre dos grupos de pulsiones.
El Diccionario de Psicoanálisis de J. Laplanche, expresa que la pulsación para Freud es un proceso dinámico consistente en un empuje (carga energética, factor de motilidad), que hace tender al organismo hacia un fin. La pulsión tiene su fuente en una excitación corporal o estado de tensión, y su fin es suprimir el estado de tensión.
En 1905, en Tres ensayos de la teoría sexual, Freud emplea por primera vez el concepto de pulsión y a partir de entonces ocupa una posición central de la teoría freudiana, inextrincablemente unida al concepto de dualidad o ambivalencia pulsional. En efecto, es característico de la diversidad de pulsiones a que se refiere Freud la de ser más que contrarios, ambivalentes. La pulsión de muerte hace su aparición en el año 1920 y habla entonces de dos pulsiones originales; al comienzo se refiere a las pulsiones del yo (o de autoconservación) que mantienen su ambivalencia con las pulsiones sexuales. Posteriormente la ambivalencia se da entre las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte, dualidad de amor y muerte, de Eros y Thánatos en clara evocación a la idea del filósofo griego Empédocles, que habla de dos fuerzas externas, el Amor y el Odio, el Orden y el Desorden.
En Más del principio del placer (1920) expresa Freud: "Nuestra concepción era dualista desde el comienzo y lo es todavía más hoy, desde que hemos sustituido la oposición entre pulsiones del yo y pulsiones sexuales por la oposición entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte".
"Si, como experiencia sin excepción tenemos que aceptar que todo lo viviente muere por fundamentos internos, volviendo a lo inorgánico, podremos decir: la meta de toda la vida es la muerte, y con igual fundamento: lo inanimado era antes que lo animado". (Freud, op.cit, traducción de Ballester, pág. 251). Y el parecer de Freud es que esta dualidad de las tensiones de vida y muerte conduce al puerto de la filosofía de Schopenhauer, para quien la muerte es el objeto de la vida y la pulsión sexual la encarnación de la voluntad de vivir.
Y en los diversos artículos del libro que comentamos se exalta en gran medida la significación de la pulsión de muerte, al punto de ver en ella el punto central de la teoría psicoanalítica. Así dice Sichère (p. 131): "Nombrar a la pasión de muerte es tocar ese punto límite del pensamiento más allá del cual ya no es posible teorizar ni vivir, ni existir como un sí mismo". Lacan caracteriza la pulsión de muerte como la pulsión de todas las pulsiones. Para Sichère hablar del odio es hablar también de la pulsión de muerte y admitir que la teoría freudiana del afecto, y del odio como afecto permite pensar a este con mayor profundidad que cualquier enfoque reduccionista de la psicología descriptiva. Llamar "odio" a la pulsión de muerte permite, en continuidad con la doctrina de Freud, determinar un punto fundamental de la esencia humana.
Hay otros aspectos laterales o más generales en el libro, como las relaciones con la femineidad y la anorexia, sobre el carácter hipotético de la teoría freudiana o de su conceptuación teórica y su diferencia con el análisis aplicado. Vale la pena subrayar su vinculación estrecha con la filosofía. Ni la filosofía puede ignorar el psicoanálisis ni prescindir este de la filosofía.Particularmente atractivos son los capítulos en los cuales se establecen las relaciones del psicoanálisis y literatura, a propósito de lo cual desfilan nombres como Shakespeare, Racine, Sófocles, Maupassant, si bien especial mención merecen las páginas últimas aplicadas detalladamente a mostrar el psicoanálisis en sus profundas significaciones con las nouvelles de Arthur Schnitzler, algunas de ellas alimentadas de singular patetismo. (c) LA GACETA

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