Mario Benedetti es el poeta sencillo de lo cotidiano, de la ternura, del compromiso

Por Roberto Espinosa. A lo largo de sus 86 años, el uruguayo ha navegado por todos los mares de la literatura. "La felicidad suele ser la breve/vacación del dolor/una engañapichanga/cual si hubiera justicia en este mundo".

01 Octubre 2006
"Antes de su final inmerecido/ Luz abrió por última vez sus ojos/ y su mirada fue una despedida/ nunca podré olvidar/ esos ojos tan míos/ resumiendo una vida/ dando un amor postrero/ más o menos consciente/ del temblor de mis manos?". Llegar a vivir 60 años de buen amor -y en algunos pocos casos más aún- es, por cierto, una fiesta de la vida que nos trae a la memoria aquel soneto "Amor más allá de la muerte" ("su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado") de Francisco de Quevedo. El había encontrado en ella la luz y la alegría. Se casó en 1946 con Luz López Alegre, a quien Mario Benedetti dedica estas "Canciones del que no canta".
A lo largo de sus 86 años, este uruguayo, nacido el 14 de setiembre de 1920 en Paso de los Toros (de donde también es oriunda el agua tónica), ha navegado en todos los mares de la literatura (poesía, teatro, cuento, novela, ensayo), pero es la primera dama la que le ha permitido cosechar millares de adeptos en el mundo. Benedetti tiene el don de ser sencillo y profundo. Es el poeta de lo cotidiano, de la ternura, del compromiso. Con metáforas sencillas articula pensamientos que son expresados de un modo natural, a veces como un juego de palabras. El libro está dividido en cuatro partes: Canciones del que no canta, Sonetos con destino, De amor y de vida, y Más o menos. En las dos primeras secciones, el vate juega con las rimas y las palabras; son poemas amables que no llegan a alcanzar la mirada profunda y a veces filosófica -sin resignar el humor ni el compromiso social- de temas que inquietan al poeta, como sucede en las partes restantes.
"La felicidad suele ser la breve/ vacación del dolor/ una engañapichanga/ cual si hubiera justicia en este mundo"; "no se aprende a llorar con el dolor/ sino mucho mejor con la alegría/ las húmedas pupilas cantan algo/ que no pueden decir los ojos secos"; "y si mis ojos de hoy/ miran el suelo/ no es para encontrar/ huellas de mis culpas/ sino simplemente para no tropezar/ aunque usted lector no lo crea/ de vez en cuando aprendo a vivir"; "estamos prisioneros y no importa/ la cárcel del amor tiene barrotes/ de entusiasmos abrazos y paciencia?", dice en algunos de sus poemas. No en vano, Benedetti es uno de los mayores exponentes de la poesía de habla española, y uno de los más populares. En la cima de su vida y más cerca del silencio absoluto, las fuerzas de su canto se han vuelto más serenas y un aroma de soledad y tristeza campea en sus versos.
"Canciones del que no canta" se abre con una dedicatoria a Luz y se cierra con una despedida: "de ahora en adelante/ aunque comparta el tiempo con cercanos/ con los míos de siempre/ y pregunte y responda y hasta ría/ mi alma estará sola en su guarida/ con su resignación involuntaria/ rodeada de memorias imborrables/ e insomnios invadidos de tristeza/ y así una noche llegaré en silencio/ al borde de mi último destino". (c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios