01 Octubre 2006 Seguir en 

Jean Guitton afirmaba que el mejor manual es el que uno tiene entre manos. Es una observación sagaz que nos impide andar buscando por todas partes lo que posiblemente está muy cerca de nosotros. Este libro de Hubeñák, en la medida que se tenga el recaudo de ver claramente cuál es su objetivo, puede ser para sus destinatarios, pero también para nosotros, un manual excelente.
Está escrito para los alumnos que cursan la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina (UCA), de modo que se renuncia, a pesar de sus numerosas y enormes páginas, a intentar un estudio exhaustivo de la historia de Occidente; interesan sólo aquellos hechos y hombres que han tenido una influencia especial en estos últimos milenios. Desde el punto de vista de la concepción pedagógica, Hubeñák ha estructurado su libro de un modo acertado: después de cada uno de sus doce capítulos hay una documentación pertinente y un cuadro sinóptico simple y completo a la vez. Si se desea, por ejemplo, ilustración sobre el Renacimiento y la Reforma, el estudioso encontrará, al cabo de la exposición, 14 documentos que son textos seleccionados de Maquiavelo, Erasmo, Lutero, Ficino, Tomás Moro, etcétera; tales textos están elegidos con tino y sirven como testimonio de lo que antes se expuso en el capítulo correspondiente.
Además de las numerosas notas a pie de página, al final del tomo se enumera una bibliografía complementaria de cada época. Esta bibliografía tiene una limitación que, a la vez, no carece de motivo: los libros señalados allí están traducidos al castellano y se los encuentra con cierta facilidad en las bibliotecas públicas. Los alumnos, que son los destinatarios naturales de este texto, no habrán de tener pues dificultades para una comprensión suficiente del contenido historiográfico. El lector interesado en la historia, y que ha concluido ya sus estudios universitarios, podrá encontrar una bibliografía extranjera a través de los medios de información actualmente existentes. Pero para llegar a esa etapa bien vale la pena consultar previamente el libro de Hubeñák, su documentación y las referencias bibliográficas.
El subtítulo: "desde una perspectiva cristiana", puede desconcertar y en alguna medida aparecer como limitante. La historiografía actual se ocupa de cuestiones económicas, políticas, científicas, tecnológicas, de expansión territorial, etcétera. ¿Por qué estaría prohibido mirar las "res gestae" desde valores religiosos? Al fin y al cabo, ¿acaso la filosofía de la historia no nos muestra con frecuencia que esos valores, muchas veces disfrazados con máscaras insólitas, son posiblemente la fuerza esencial del acontecer histórico? Hubeñák justifica su elección recordando unas afirmaciones de Paul Johnson: "La pregunta acerca de la existencia o no existencia de Dios es lo más importante que los hombres siempre hemos estado llamados a responder. Si Dios existe, si por consiguiente estamos convocadoos a otra vida cuando esta se acabe, de esto se sigue una serie importante de consecuencias, que afectarán cada día nuestra existencia terrenal". Es legítimo, pues, mirar a Occidente también a la luz de esta perspectiva. En el capítulo 1, el autor recuerda la excelente definición de José Luis Romero: "La historia no se ocupa del pasado, sino que le pregunta a este sobre los problemas que le interesan al hombre que vive hoy". Es probable que el universo de dificultades actuales haya existido también en épocas anteriores. ¿Cómo los hombres de la antigüedad, del medioevo, de la primera revolución industrial, etcétera, las resolvieron? ¿Tuvieron éxito? ¿Por qué fracasaron en ciertas ocasiones? ¿Qué pistas pueden sugerirnos? La historiografía consiste en indagar esto y de allí surge su fascinación. No me caben dudas de que Hubeñák contribuye con su libro a afianzar tal fascinación por el pasado. (c) LA GACETA
Está escrito para los alumnos que cursan la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina (UCA), de modo que se renuncia, a pesar de sus numerosas y enormes páginas, a intentar un estudio exhaustivo de la historia de Occidente; interesan sólo aquellos hechos y hombres que han tenido una influencia especial en estos últimos milenios. Desde el punto de vista de la concepción pedagógica, Hubeñák ha estructurado su libro de un modo acertado: después de cada uno de sus doce capítulos hay una documentación pertinente y un cuadro sinóptico simple y completo a la vez. Si se desea, por ejemplo, ilustración sobre el Renacimiento y la Reforma, el estudioso encontrará, al cabo de la exposición, 14 documentos que son textos seleccionados de Maquiavelo, Erasmo, Lutero, Ficino, Tomás Moro, etcétera; tales textos están elegidos con tino y sirven como testimonio de lo que antes se expuso en el capítulo correspondiente.
Además de las numerosas notas a pie de página, al final del tomo se enumera una bibliografía complementaria de cada época. Esta bibliografía tiene una limitación que, a la vez, no carece de motivo: los libros señalados allí están traducidos al castellano y se los encuentra con cierta facilidad en las bibliotecas públicas. Los alumnos, que son los destinatarios naturales de este texto, no habrán de tener pues dificultades para una comprensión suficiente del contenido historiográfico. El lector interesado en la historia, y que ha concluido ya sus estudios universitarios, podrá encontrar una bibliografía extranjera a través de los medios de información actualmente existentes. Pero para llegar a esa etapa bien vale la pena consultar previamente el libro de Hubeñák, su documentación y las referencias bibliográficas.
El subtítulo: "desde una perspectiva cristiana", puede desconcertar y en alguna medida aparecer como limitante. La historiografía actual se ocupa de cuestiones económicas, políticas, científicas, tecnológicas, de expansión territorial, etcétera. ¿Por qué estaría prohibido mirar las "res gestae" desde valores religiosos? Al fin y al cabo, ¿acaso la filosofía de la historia no nos muestra con frecuencia que esos valores, muchas veces disfrazados con máscaras insólitas, son posiblemente la fuerza esencial del acontecer histórico? Hubeñák justifica su elección recordando unas afirmaciones de Paul Johnson: "La pregunta acerca de la existencia o no existencia de Dios es lo más importante que los hombres siempre hemos estado llamados a responder. Si Dios existe, si por consiguiente estamos convocadoos a otra vida cuando esta se acabe, de esto se sigue una serie importante de consecuencias, que afectarán cada día nuestra existencia terrenal". Es legítimo, pues, mirar a Occidente también a la luz de esta perspectiva. En el capítulo 1, el autor recuerda la excelente definición de José Luis Romero: "La historia no se ocupa del pasado, sino que le pregunta a este sobre los problemas que le interesan al hombre que vive hoy". Es probable que el universo de dificultades actuales haya existido también en épocas anteriores. ¿Cómo los hombres de la antigüedad, del medioevo, de la primera revolución industrial, etcétera, las resolvieron? ¿Tuvieron éxito? ¿Por qué fracasaron en ciertas ocasiones? ¿Qué pistas pueden sugerirnos? La historiografía consiste en indagar esto y de allí surge su fascinación. No me caben dudas de que Hubeñák contribuye con su libro a afianzar tal fascinación por el pasado. (c) LA GACETA
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