Dios hombre contando su experiencia terrena

Por María Eugenia Valentié. Uno de los grandes escritores norteamericanos vivos, arma su audaz y original novela con base en los cuatro evangelios sinópticos.

24 Septiembre 2006
El interés actual por los temas religiosos puede haber influido en la reedición de este excelente libro, publicado en inglés en 1977 y traducido al castellano en 1997. Su autor es uno de los grandes escritores norteamericanos vivos y no tiene ningún reparo en presentar su obra como una novela. Es decir que no tiene ninguna intención de hacernos creer que se trata de una obra histórica, contrariamente a la actitud de Dan Brown, que se negó a que se pusiera tal aclaración tanto en la novela como en su versión cinematográfica de El código da Vinci. Lo cual, si bien puede ser una nota anecdótica, ya está mostrando la diferencia entre ambos autores. Si queremos buscar las fuentes utilizadas por el autor de este libro, es evidente que la principal reside en los cuatro evangelios sinópticos. La originalidad y la audacia ya están indicadas en el título: El evangelio según el Hijo. En la novela, el autor y el protagonista son el mismo, pues el relato está escrito en primera persona. Es decir que supone que es el mismo Dios hecho hombre quien nos cuenta su experiencia en la Tierra.
Como hombre tiene dudas, arrepentimientos y puede sentir el dolor físico. Pero también ofrece un ejemplo de bondad infinita, de piedad por todo lo viviente y de amor sin límites. Por eso se arrepiente de haber maldecido a la higuera que no le ofreció sus frutos. También se arrepiente de haber discutido con su madre que siempre trata de protegerlo de un destino que no puede evitar. Aunque conoce desde niño el milagro de su nacimiento, respeta a José y se convierte en un buen carpintero.
Pero desde el momento en que es bautizado por su primo, Juan el Bautista, su divinidad resplandece, ya no se oculta. Hace milagros, predica una doctrina de amor y perdón, congrega a multitudes que lo siguen por todas partes. Elige a doce discípulos para que continúen su obra y, a veces, se asombra porque ellos no puedan hacer los milagros que El realiza tan fácilmente. A veces también se preocupa porque sus milagros atraigan más seguidores que sus prédicas. Los episodios que narran los sinópticos reaparecen contados en un lenguaje más moderno, pero sin perder su sentido espiritual.
De esa manera volvemos a recordar la presencia en su vida de las tres Marías: María, su madre; María Magdalena, su discípula, y María, su amiga, la hermana de Marta y Lázaro. También su predilección por Pedro como futuro sucesor en la conducción de su Iglesia, su misteriosa amistad con Judas, su desafío a los mercaderes instalados en el Templo, etcétera. En cuanto a su muerte en la cruz, la narración es muy sobria, alejada del sadismo de Mel Gibson, por ejemplo.
Esta historia es posiblemente la más contada en Occidente desde hace más de dos mil años. En nuestros días también la retomó un premio Nobel de Literatura: Saramago. Pero la versión de Norman Mailer tiene la virtud, más allá de sus méritos literarios, de hacernos penetrar en un ámbito de sacralidad. (c) LA GACETA

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