
Así, en uno de los mejores cuentos del libro, "Trampas para Jueces", con una distancia absoluta respecto de la emotividad de las historias -magistrados que se enamoran de las víctimas de sus juicios- el autor, con áspera adustez, desenmascara las más apasionadas desventuras.Se trata de una narración emblemática en tal sentido. Y que, tanto por esa condición y por la singularidad de los casos que plantea como por la excelencia de los perfiles humanos y psicológicos logrados, quizás debió, en efecto, titular el volumen como el autor comenta que le habían aconsejado.
Sin embargo, el relato que eligió para dar título a su nueva publicación -"Antes del réquiem"- ofrece la misma, interesante dicotomía ya señalada entre la idea ficcional y la forma expresiva en que se plasma. Y resulta muy notable en su lenguaje remoto, casi alusivo, disímil por completo de la ávida vulnerabilidad de los amantes que encarnan la historia en medio de un escenario asimismo ancho y ajeno:
"sin duda irritábamos con nuestra indiferencia para todo lo que no fuera el espacio de los dos".
Pero el relato representativo por antonomasia de esta bipolaridad -y uno de los más conmovedores del libro- es "Un mes de treinta sonetos". En él, incluso esta suerte de disfonía expresiva formal del discurso narrativo es acentuada -e invadida, impregnada, contagiada, amplificada- por la del propio escenario: el mundo oficinesco que Federico Peltzer refleja admirablemente, en toda su cenicienta cotidianidad, aquella que Leopoldo Marechal llamó "la ratonera de la vida ordinaria". Pero una disfonía también contradecida, interpelada y finalmente rescatada, por la ternura, la intensidad y la osadía de una historia tan sencilla como extraordinaria. La de una apuesta formulada por el protagonista a su compañera de oficina: tomarla como musa inspiradora de amor hasta, treinta sonetos mediante, amarla de verdad. Enamorarse de ella, inventándose primero el sentimiento, por vía de la inspiración y elaboración poéticas.
Y así, escrito por ella, es decir por quien debe ser conquistada, el relato, de una seducción envolvente, vertiginosa, despliega la vastedad de recursos -narrativos, estilísticos, poéticos, humorísticos- de que es capaz el autor y adelanta una frase, referida a la propuesta misma del cuento, que acaso sea la clave del particular modus operandi narrativo del libro todo:
"...Sonreí y le tendí la mano, puse esa distancia que los hombres no saben cómo salvar".
Una clave y una coartada retórica a la vez: en todo caso "Antes del réquiem", de Federico Peltzer, logra, sin duda, una cierta estilización de la vida argentina de una época. Y no es el menor de sus méritos.
El presente volumen titulado "Antes del réquiem" contiene veintiún cuentos; distribuidos -"como guardan notorias diferencias, decidí agruparlos por afinidades a menudo casi imperceptibles"- en cuatro secciones: "Amor che non perdona", "Fantasías y curiosidades", "Destinos" y "Vueltas sobre el yo".
Con el parejo rigor narrativo que caracteriza la obra toda del autor de las novelas "Tierra de nadie" y "La vuelta de la esquina", las narraciones que integran su nuevo libro vienen a honrar con holgura el propósito del autor: el de conmemorar, con su publicación, la aparición, cincuenta años atrás, de su novela "Tierra de nadie", proclamada Primer Premio Emecé 1955. (c) LA GACETA







