Respuesta al lector Duguech

POLEMICA II. Por Carlos Escudé (Buenos Aires). La paz en Oriente Medio que pide la Resolución 1.701 depende del cumplimiento de las resoluciones anteriores. La más importante de estas es la 1.559, del año 2004. Duguech nos exhorta a la honestidad intelectual y no la menciona, pero la 1.701 la recuerda cuatro veces.

24 Septiembre 2006
Como soy amigo de las precisiones y enemigo de las imposturas, comenzaré con lo que atañe a mi persona. He sido "visiting professor" en Harvard y "visiting fellow" en Oxford. No existe en Oxford el título de "visiting professor". Los medios omiten palabras y trastocan títulos en aras de la brevedad, presentándome a veces como lo hace Duguech, pero mi currículum está claro en la solapa de cada uno de mis libros.
Por otra parte, no soy un abogado de Israel. A cualquiera que haya leído mi libro Estado del Mundo, de 1999, le consta que denuncio violaciones de derechos cívicos palestinos por parte de ese Estado (a la vez que pronostico algo parecido al 11 de septiembre de 2001: el "maniqueísmo de entrecasa" a veces conduce a aciertos). Busco la verdad, al contrario de los detractores sistemáticos de Israel.
Tales detractores suelen ser portadores de un antisemitismo larvado y el lector Duguech no es la excepción. Se desenmascara cuando sin ningún argumento proclama, en el primer párrafo sustantivo de su respuesta, una supuesta "política israelí de arrasar el Líbano".
No existe tal política. El Líbano nunca estuvo en guerra con Israel. La conflagración reciente fue entre Israel y el Hezbolá, una organización terrorista y sediciosa que el Estado libanés no puede controlar. Durante la guerra civil libanesa (1975-1990), los libaneses cristianos fueron en su mayor parte aliados de Israel (cosa que los libaneses cristianos de Argentina tienden a desconocer). Recordemos que aproximadamente un 40% de la población libanesa es cristiana (principalmente católicos maronistas), un 30% sunita y un 25% chiíta. Y es precisamente esta minoría chiíta la que, con apoyo financiero iraní y ayuda militar siria, montó una formidable maquinaria guerrillera con la que se burla de la paz y la democracia.
Por cierto, es preciso recordar que en 1976, poco después de desatada la guerra civil, Siria invadió el Líbano. Israel lo hizo sólo dos años más tarde. Israel se retiró. Siria prolongó su presencia militar hasta 2005, cuando la reacción internacional frente al asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri, perpetrado por el régimen sirio, lo obligó a retirarse.
En 1996 tuve el privilegio de visitar esa cuna de civilizaciones que es el Líbano (recordemos que todos nuestros alfabetos de la cuenca del Mediterráneo proceden del fenicio). Cuando ingresé a Baalbeck, capital de la milicia del Hezbolá y sede de uno de los sitios arqueológicos más imponentes de todo el mundo romano, debí hacerlo en un auto con patente siria, con guía y chauffeur sirio, que me escoltaron a través del cordón de fuerzas sirias que rodeaban al pueblo. Este estaba poblado por estandartes chiítas que clamaban por la destrucción de Israel en los términos más estridentes.
Por lo demás, si mis análisis de las resoluciones de la ONU son parciales es porque la exigüidad del espacio de un periódico lo exige. Tiene razón Duguech cuando dice que la "paz amplia, justa y duradera en el Oriente Medio" que pide la Resolución 1.701 depende del cumplimiento de las resoluciones anteriores. La más importante de estas es la 1.559 (2004), que Duguech (quien nos exhorta a la honestidad intelectual) no menciona, pero que la Resolución 1.701 recuerda tanto como ¡cuatro veces! Aquella resolución exhorta al desarme de Hezbolá, una milicia juramentada a destruir Israel. Las falacias de Duguech convergen con ese objetivo holocáustico, en un contexto en el que si los enemigos de Israel se desarman se acaba la guerra, pero si Israel se desarma fenece Israel.
Es por eso que Israel no debe rubricar el Tratado de No Proliferación Nuclear. Si lo hiciera se convertiría en protectorado yanqui. Tarde o temprano, con la justificación del mal menor, sería abandonada a su suerte. Así sucedió con los judíos europeos en la época nazi, que fueron traicionados por Occidente. Nunca más.

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