24 Septiembre 2006 Seguir en 

La última novela de la exitosa Isabel Allende nos trae, esta vez, las memorias de amores y proezas de Inés Suárez, un nombre cuya trascendencia histórica está ligada a la conquista de Chile. El título condensa el cruce de la trama biográfica con la épica, en la reproducción de la voz de su amante y fundador de Santiago -Pedro de Valdivia- quien suele, justamente, llamarla así: "Inés del alma mía".
La influencia, el poder y las hazañas de la protagonista aparecen mencionadas -según señala la escritora en la "Advertencia..." que precede a la novela- en los documentos de los cronistas de la época, pero fueron casi olvidadas por los historiadores. De ahí se infiere el motor que impulsa esta obra y la tarea que se propone su autora. Y aunque declara en una entrevista que no es su intención reivindicar la figura de la mujer en la Conquista, el texto mismo parece desmentirlo en la voz de la protagonista, quien admite: "debo relatar mi versión de lo acontecido para dejar memoria de los trabajos que las mujeres hemos pasado en Chile y que suelen escapar a los cronistas", (p. 84).
"Lo acontecido" es un despliegue de múltiples relatos. El relato correspondiente a la transformación de Inés, de modesta costurera, cocinera y curandera en una región fervorosamente religiosa en Extremadura (Plasencia), a segunda autoridad del gobierno en Santiago. El relato de la valiente aventurera en su viaje al "Nuevo Mundo" retrata, además, una atmósfera afiebrada de puertos, ciudades y tabernas a mediados del siglo XVI.
Para completar la imagen de una biografía que bordea el mito, el texto insiste en la capacidad, sabiduría, y habilidades de Inés en materia amorosa. El tono íntimo, casi confesional de los episodios de su vida privada (en la que no faltan, como era de esperar, espíritus tímidos, almas en pena y niñas que levitan), contrasta con la prosa de la línea histórica, por momentos artificial en su intención didáctica. Una pregunta, por dar un ejemplo, ("¿De adónde vinieron estos mapuche?", p. 144) deviene retórica, al servicio de explicaciones que pretenden -más que desplegar el mundo novelesco- agotar una información. Ello no debería asombrar puesto que la autora ya había advertido su intención de narrar "los hechos tal como fueron documentados", limitándose sólo a "hilarlos con un ejercicio mínimo de imaginación". Contribuye a la artificialidad del relato histórico, además, el discurso homogéneo de los personajes en su admiración por el orgullo y la valentía de los indios y la reivindicación de su resistencia a la conquista: la proclama actúa en perjuicio de la complejidad y la profundidad de los personajes.
La novela que leemos, dijimos, constituye las memorias que Inés Suárez está escribiendo en el ocaso de su vida. No es casual que sea Isabel -su "hija del corazón" en la ficción- la depositaria de los recuerdos y por momentos su interlocutora, además de la que escribe lo que Inés le dicta cuando su debilidad le impide seguir redactando.Según publican algunos medios, Allende reconoció la pasión que le causó el personaje histórico y admitió: "Llegó un momento en que me sentí completamente ella". Esa identificación parece cierta cuando Inés Suárez dice: "falta bastante por narrar [...] Me canso [...] esta labor me queda grande. ¿Por qué insisto en ella?" (p. 119). Esta lectora considera que es una pregunta a atender. (c) LA GACETA
La influencia, el poder y las hazañas de la protagonista aparecen mencionadas -según señala la escritora en la "Advertencia..." que precede a la novela- en los documentos de los cronistas de la época, pero fueron casi olvidadas por los historiadores. De ahí se infiere el motor que impulsa esta obra y la tarea que se propone su autora. Y aunque declara en una entrevista que no es su intención reivindicar la figura de la mujer en la Conquista, el texto mismo parece desmentirlo en la voz de la protagonista, quien admite: "debo relatar mi versión de lo acontecido para dejar memoria de los trabajos que las mujeres hemos pasado en Chile y que suelen escapar a los cronistas", (p. 84).
"Lo acontecido" es un despliegue de múltiples relatos. El relato correspondiente a la transformación de Inés, de modesta costurera, cocinera y curandera en una región fervorosamente religiosa en Extremadura (Plasencia), a segunda autoridad del gobierno en Santiago. El relato de la valiente aventurera en su viaje al "Nuevo Mundo" retrata, además, una atmósfera afiebrada de puertos, ciudades y tabernas a mediados del siglo XVI.
Para completar la imagen de una biografía que bordea el mito, el texto insiste en la capacidad, sabiduría, y habilidades de Inés en materia amorosa. El tono íntimo, casi confesional de los episodios de su vida privada (en la que no faltan, como era de esperar, espíritus tímidos, almas en pena y niñas que levitan), contrasta con la prosa de la línea histórica, por momentos artificial en su intención didáctica. Una pregunta, por dar un ejemplo, ("¿De adónde vinieron estos mapuche?", p. 144) deviene retórica, al servicio de explicaciones que pretenden -más que desplegar el mundo novelesco- agotar una información. Ello no debería asombrar puesto que la autora ya había advertido su intención de narrar "los hechos tal como fueron documentados", limitándose sólo a "hilarlos con un ejercicio mínimo de imaginación". Contribuye a la artificialidad del relato histórico, además, el discurso homogéneo de los personajes en su admiración por el orgullo y la valentía de los indios y la reivindicación de su resistencia a la conquista: la proclama actúa en perjuicio de la complejidad y la profundidad de los personajes.
La novela que leemos, dijimos, constituye las memorias que Inés Suárez está escribiendo en el ocaso de su vida. No es casual que sea Isabel -su "hija del corazón" en la ficción- la depositaria de los recuerdos y por momentos su interlocutora, además de la que escribe lo que Inés le dicta cuando su debilidad le impide seguir redactando.Según publican algunos medios, Allende reconoció la pasión que le causó el personaje histórico y admitió: "Llegó un momento en que me sentí completamente ella". Esa identificación parece cierta cuando Inés Suárez dice: "falta bastante por narrar [...] Me canso [...] esta labor me queda grande. ¿Por qué insisto en ella?" (p. 119). Esta lectora considera que es una pregunta a atender. (c) LA GACETA







