Fascinación por lo opuesto a la pauta normal

Por Willy G. Bouillon. Una novela de Michel Tournier, Premio Goncourt en 1970.

17 Septiembre 2006
El mecánico Abel Tiffauges -protagonista de esta novela, que obtuvo en 1970 el premio Goncourt- sufre un accidente que inmoviliza su mano derecha. Entonces advierte que puede escribir perfectamente con la izquierda.
Esa es la primera e inequívoca señal de que su vida -su extensa vida, que quizás haya comenzado, piensa, cuando la Tierra aún era una bola de fuego- está signada por algo que llama "inversión": la capacidad para experimentar como algo natural lo diametralmente opuesto a pautas comunes de normalidad, y fascinarse con ello, asignándole el valor de único acceso posible al más elevado estado de conciencia.
Por ello, cuando sobreviene la guerra y, junto con otros soldados, es apresado por el ejército nazi y llevado a un campo de prisioneros, en Prusia oriental, en lugar de experimentar inquietud se acomoda sin la menor zozobra a la situación y, aún más, descubre -en esa nueva muestra de "inversión"- que hay en ella hechos que le deparan una indescriptible felicidad, como el reclutamiento de niños, las despiadadas cacerías de ciervos y venados que enloquecen a Hermann Göring, segundo hombre del Tercer Reich, o los truculentos ensayos científicos que impulsa el doctor Mengele.
Tiffauges, física y mentalmente, puede ser situado en ese particular álbum literario, conformado por individuos "extraños" -cercanos a lo esperpéntico o monstruoso-, con buenos ejemplos en la literatura francesa: Gargantúa y Pantagruel, Quasimodo o el engendro zoológico de La Bella y la Bestia.
Le sirve a Michel Tournier, también ganador del Gran Prix du Roman de la Academia Francesa, en su claro propósito de cuestionar, a través del diario que lleva Tiffauges -y que este denomina con propiedad "Escritos siniestros", y donde relata sus hábitos y placeres, muchos de naturaleza escatológica- el pensamiento lineal de una sociedad en crisis y, a la vez, componer un ensayo de originales caudales reflexivos, acerca del amor, la existencia o las relaciones humanas, incluyendo una de las más fuertes embestidas que se han escrito contra el que, para el laureado escritor, es el "verdadero" objetivo de la Iglesia.
El Rey de los Alisos, título tomado de un poema de Goethe, es un hombre de hielo, que Tiffauges y un grupo de cazadores encuentran petrificado en un pantano prusiano (episodio de curiosa similitud con el hallazgo de Oetzi, el cadáver hallado congelado en los Alpes, que tendría unos 5000 años de antigüedad), con quien se identifica el protagonista. El también parece ir hacia ese destino solitario e incomprendido y cuya tragedia no es la muerte, sino el que ella sobrevenga como parte del absurdo general e insoslayable. (c) LA GACETA

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