Ficción que envuelve a Dante en la investigación de un oscuro crimen

Por Patricio Hugo Castroagudín. Novela atrapante y dinámica, a pesar de ciertas conclusiones forzadas.

17 Septiembre 2006
Luego de adentrarnos en los primeros capítulos de "Los Crímenes del Mosaico", la sensación que nos invade es la de encontrarnos ante una ciudad perfecta, donde las avenidas convergen en la plaza central, sus semáforos están perfectamente sincronizados, la señalización es clara y como consecuencia quien la visita llega invariablemente al lugar que pretendía. Sin duda, una obra de esta naturaleza está construida por un eximio urbanista: ese es Giulio Leoni, y su maestría se revela en el cuidado con que construye la Florencia de finales del siglo XIV utilizando para ello abundantes y precisas citas históricas junto con un lenguaje congruente, obteniendo como resultado la sensación de enfrentarnos a una obra escrita en el 1300. Uno imagina a Leoni "trabajando" sobre la novela, casi como un arquitecto repasa una construcción y verifica que las columnas soporten el peso de la edificación, buscando que ningún salto temporal se escape, que la coherencia histórica cierre, repasando su novela a la luz de varias enciclopedias que versen sobre la Italia de la época y los conflictos políticos entre güelfos y gibelinos de los que el Dante histórico participó activamente. El Leoni urbanista es el que brilla, iniciándonos en las otras vidas de Alighieri, la de astrónomo, la política, la de boticario, sus ambiciones y su carácter. El Leoni novelista nos muestra al Dante convertido en uno de los seis priores de Florencia, envuelto en un crimen de oscuras implicancias, donde deberá utilizar todos sus conocimientos para resolverlo y salvaguardar a su ciudad de las intrigas papales y políticas. Para ello deberá transitar por una Florencia que es reflejo de los círculos de la Divina Comedia fundiéndose Infierno, Purgatorio y Paraíso en un mismo espacio-tiempo. Y aquí es donde el autor se embarca por caminos conocidos y transitados, haciendo noche en algunos lugares comunes y forzando ciertas conclusiones del poeta, al estilo Dan Brown y Matthew Pearl, sin dejar por ello de escribir una novela atrapante y dinámica. (c) LA GACETA

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