17 Septiembre 2006 Seguir en 

El nacionalismo de derecha es para Lvovich un proceso político y cultural de creación de la nacionalidad por las elites que comandan el Estado y, en un sentido restringido, caracteriza a los movimientos antiliberales y autoritarios en cuya retórica la especificidad histórica de la nación resulta central. El período del ensayo comprende desde la década de 1920 hasta comienzos de 1960, partiendo de la Liga Patriótica Argentina, cuya organización, extendida por todo el país, seguía la del Partido Socialista, si bien antiizquierdista. Los episodios de la Semana Trágica orientan a ese nacionalismo hacia posiciones antiliberales, bajo la personalidad de Leopoldo Lugones, mientras surge en Italia el fascismo mussoliniano. Sin embargo, Lugones propone como régimen alternativo un movimiento que deposita en las Fuerzas Armadas el papel recuperador del orden perdido, a su juicio, bajo el sistema democrático. Si algo indeleble muestra el nacionalismo argentino que se analiza por Lvovich es su fuerte predisposición a recibir las influencias de los movimientos fascistas europeos contemporáneos y, sobre todo, su incapacidad para la unidad, marcando con ello el signo nefasto de la política argentina a partir del golpe militar del 6 de septiembre de 1930. Hasta tal punto que a sus diversas organizaciones se las observa presionando por cambios en el poder público, pero sin vocación por asumirlo o ser parte decisiva de este. Si masivamente el nacionalismo no llegó nunca a configurar el volumen civil de los partidos democrático en crisis, no es menos cierto que su influencia nociva sobre la estabilidad del poder político pareció dejar su huella en las recurrentes crisis que la Nación padeció durante medio siglo.
Las múltiples coloraturas y agrupaciones se desenvolvieron con recursos tan diversos, como los intelectuales o la violencia, pero siempre en disconformidad con los gobiernos que ayudaban a constituir. En ese sentido, es considerable y particularmente interesante el trabajo de Lvovich para transparentar el período histórico del nacionalismo argentino en poco menos de un centenar de páginas, procurando mantener un rigor académico destacable. Baste señalar en ese orden que las siglas o grupos nacionalistas, en la década del 30 fueron alrededor de cuarenta, entre los que la Legión Cívica Argentina, entrenada y orientada durante un tiempo por oficiales del Ejército, constituyó una de las organizaciones más importantes. Esas estructuraciones, de naturaleza machista, excluían a la mujer de la vida pública, y en las viejas colecciones de su prensa el autor advierte que se dirige muy rara vez a las lectoras. El tiempo pasa y es Perón, con su acumulación de cargos y su objetivo político transparente, quien se encarga de debilitar las estructuras nacionalistas, especialmente las de raíz fascista con militancias antisemitas, arrinconadas por la Segunda Guerra Mundial. A partir de ese punto histórico, la decadencia llega con el final de Tacuara y sus divisiones. El colofón del ensayo es es que el "nacionalismo argentino ha encarnado y llevado a los extremos muchas de las peores características que la cultura política argentina exhibió al menos hasta 1983". Ello, sin embargo y, como señala el autor, no impidió que su influencia intelectual se tornara a la larga en "el sentido común historiográfico" de buena parte de la sociedad argentina, que impugna a la oligarquía vernácula, al liberalismo y al imperialismo británico, la renta política de un pasado paradójicamente afectado por ese nacionalismo intolerante. (c) LA GACETA
Las múltiples coloraturas y agrupaciones se desenvolvieron con recursos tan diversos, como los intelectuales o la violencia, pero siempre en disconformidad con los gobiernos que ayudaban a constituir. En ese sentido, es considerable y particularmente interesante el trabajo de Lvovich para transparentar el período histórico del nacionalismo argentino en poco menos de un centenar de páginas, procurando mantener un rigor académico destacable. Baste señalar en ese orden que las siglas o grupos nacionalistas, en la década del 30 fueron alrededor de cuarenta, entre los que la Legión Cívica Argentina, entrenada y orientada durante un tiempo por oficiales del Ejército, constituyó una de las organizaciones más importantes. Esas estructuraciones, de naturaleza machista, excluían a la mujer de la vida pública, y en las viejas colecciones de su prensa el autor advierte que se dirige muy rara vez a las lectoras. El tiempo pasa y es Perón, con su acumulación de cargos y su objetivo político transparente, quien se encarga de debilitar las estructuras nacionalistas, especialmente las de raíz fascista con militancias antisemitas, arrinconadas por la Segunda Guerra Mundial. A partir de ese punto histórico, la decadencia llega con el final de Tacuara y sus divisiones. El colofón del ensayo es es que el "nacionalismo argentino ha encarnado y llevado a los extremos muchas de las peores características que la cultura política argentina exhibió al menos hasta 1983". Ello, sin embargo y, como señala el autor, no impidió que su influencia intelectual se tornara a la larga en "el sentido común historiográfico" de buena parte de la sociedad argentina, que impugna a la oligarquía vernácula, al liberalismo y al imperialismo británico, la renta política de un pasado paradójicamente afectado por ese nacionalismo intolerante. (c) LA GACETA







