10 Septiembre 2006 Seguir en 

El prolífico Slavoj Zizek nació en Ljubljana (Eslovenia) en 1949. Es doctor en Filosofía y en Psicoanálisis, profesor en su patria y visitante en Francia y en Estados Unidos. Está casado con una argentina, y algunas biografías lo dan como radicado en nuestro país.
En un libro anterior, Porque no saben lo que hacen, comentado en su momento en LA GACETA Literaria, dice que su discurso filosófico está escrito en "hegelés" y "lacanés". O sea, sus maestros absolutos son el filósofo Georg Wilhelm Hegel (1770-1831) y el psicoanalista Jacques Lacan (1901-1981).
Visión de Paralaje (traducido del inglés por Marcos Mayer) acude a un término de la astronomía. En efecto, paralaje o paralaxi designa la diferencia que hay entre las posiciones aparentes que en la bóveda celeste tiene un astro, según el punto desde donde se supone que es observado. O sea, el cambio en la posición del observador brinda una nueva línea de visión. Para Zizek la diferencia observada no es meramente subjetiva, pues la mirada del sujeto está inscripta en el objeto o dicho en idioma lacanés, "la pintura está en mi ojo, pero yo también estoy en la pintura".El autor se centra en tres modos de paralaje. El primero es la llevada y traída "diferencia ontológica" que condiciona nuestro acceso a la realidad: es el paralaje filosófico. Viene luego el paralaje científico, que es la diferencia o brecha entre la experiencia de un fenómeno y la explicación / relato científico, que desemboca actualmente en el cognitivismo y la neurobiología.Y el tercer modo es el paralaje político, que se visualiza en el antagonismo irreductible entre los agentes de un conflicto, lo que en otro tiempo se denominaba "lucha de clases". En este tercer paralaje, defiende el materialismo que a su juicio hay en el novelista Henry James y propone inscribir a Wagner en la tradición de los partidos revolucionarios radicales.
Como dijimos, la adhesión a Hegel y a Lacan (entiéndase: la aplicación personal que él hace de sus declarados maestros) preside la producción de Zizek, más un agregado que lo desvela: para dirimir un problema o insinuar cierta respuesta a una cuestión urticante, se vale del humor y de creaciones artísticas, como el cine.
Cuando estima agotado el planteo del problema, nos da su interpretación de un filme y ahí está la clave buscada durante agotadoras páginas. Adora a Hitchcock, si bien en este volumen lo ha suplantado en cierto modo por Wagner.
Zizek se deja poseer por la seducción de las ideas, de los autores y de los libros y los interpreta a cada paso. De tal modo, tantos elementos pueblan en tropel su paleta filosófica, que a través de su fatigoso libro este enamorado de la desmesura termina desoyendo la regla cartesiana de las ideas claras y distintas. (c) LA GACETA
En un libro anterior, Porque no saben lo que hacen, comentado en su momento en LA GACETA Literaria, dice que su discurso filosófico está escrito en "hegelés" y "lacanés". O sea, sus maestros absolutos son el filósofo Georg Wilhelm Hegel (1770-1831) y el psicoanalista Jacques Lacan (1901-1981).
Visión de Paralaje (traducido del inglés por Marcos Mayer) acude a un término de la astronomía. En efecto, paralaje o paralaxi designa la diferencia que hay entre las posiciones aparentes que en la bóveda celeste tiene un astro, según el punto desde donde se supone que es observado. O sea, el cambio en la posición del observador brinda una nueva línea de visión. Para Zizek la diferencia observada no es meramente subjetiva, pues la mirada del sujeto está inscripta en el objeto o dicho en idioma lacanés, "la pintura está en mi ojo, pero yo también estoy en la pintura".El autor se centra en tres modos de paralaje. El primero es la llevada y traída "diferencia ontológica" que condiciona nuestro acceso a la realidad: es el paralaje filosófico. Viene luego el paralaje científico, que es la diferencia o brecha entre la experiencia de un fenómeno y la explicación / relato científico, que desemboca actualmente en el cognitivismo y la neurobiología.Y el tercer modo es el paralaje político, que se visualiza en el antagonismo irreductible entre los agentes de un conflicto, lo que en otro tiempo se denominaba "lucha de clases". En este tercer paralaje, defiende el materialismo que a su juicio hay en el novelista Henry James y propone inscribir a Wagner en la tradición de los partidos revolucionarios radicales.
Como dijimos, la adhesión a Hegel y a Lacan (entiéndase: la aplicación personal que él hace de sus declarados maestros) preside la producción de Zizek, más un agregado que lo desvela: para dirimir un problema o insinuar cierta respuesta a una cuestión urticante, se vale del humor y de creaciones artísticas, como el cine.
Cuando estima agotado el planteo del problema, nos da su interpretación de un filme y ahí está la clave buscada durante agotadoras páginas. Adora a Hitchcock, si bien en este volumen lo ha suplantado en cierto modo por Wagner.
Zizek se deja poseer por la seducción de las ideas, de los autores y de los libros y los interpreta a cada paso. De tal modo, tantos elementos pueblan en tropel su paleta filosófica, que a través de su fatigoso libro este enamorado de la desmesura termina desoyendo la regla cartesiana de las ideas claras y distintas. (c) LA GACETA







