Sobre el texto que dispara las películas

Por Juan Carlos Di Lullo. Lo fundamental es no atarse a las fórmulas preconcebidas.

10 Septiembre 2006
No es casual el título que Miguel Machalski le pone a su trabajo sobre el guión cinematográfico; el texto está divido en capítulos en los que se analizan los particulares inconvenientes que plantea la escritura del guión de un filme en claro paralelo con los preparativos que se realizan para emprender una travesía. El autor es un guionista, consultor y analista de guiones que nació en Argentina y que actualmente reside en Francia. Desde su vasta experiencia, construye un conciso trabajo que sin duda será de gran utilidad para los estudiantes de cine, pero que también puede ser leído sin inconvenientes por los interesados en la estructura interna de la realización cinematográfica.
Mientras describe los componentes propios del guión, Machalski se detiene para aclarar que los libretos se comportan como elementos desencadenantes del proceso de fabricación de una película, pero que no deben tomarse como obras o textos acabados. El libro cinematográfico sufre un proceso de metamorfosis durante la realización del filme que puede provocar hasta su propia desaparición para transformarse en un elemento de otro género, que es la película terminada. También es interesante detenerse en la reflexión del autor acerca de que el virtuosismo literario del guionista no garantiza la producción de un buen libreto.
Machalski insiste en que lo fundamental es no atarse a fórmulas preconcebidas, como aquella de que "una escena no debe extenderse más allá de ocho páginas". Sus acertados contraejemplos son "El arca rusa" o "La cuerda", excelentes filmes realizados en una sola toma. Algunos de los consejos que el autor deja en este trabajo son sumamente valiosos. "No poner en palabras lo que puede ser mostrado en imágenes", sugiere para poner de manifiesto la esencia del arte cinematográfico. Pero, al mismo tiempo, se cuida mucho de presentar estas recomendaciones como reglas fijas sacadas de un inconcebible manual de recetas para escribir buenos guiones. Machalski cierra este listado con la conclusión de que son igualmente válidas las escenas largas o cortas, explícitas o no, con mucho o con poco diálogo; lo importante -subraya- es que tengan buena calidad y justifiquen su razón de ser dentro de la historia.Quizá uno de los pasajes del libro que mejor expresa el concepto que intenta transmitir el autor es aquel en el que compara un guión con un organismo viviente; traza entonces analogías entre el esqueleto y la estructura; la musculatura y el argumento; el corazón y la emoción de los personajes, y entre el alma y el tema.
Machalski proporciona además una gran cantidad de detalles técnicos no sólo del guión propiamente dicho sino también de los elementos necesarios para presentarlo o para interesar a los productores en el libro cinematográfico. También analiza brevemente algunos guiones y relata experiencias personales para revelar al lector la complejidad del proceso de escritura y la cantidad de elementos ajenos a la confección del libreto que aparecen entre su concepción y su cristalización final en una película terminada. (c) LA GACETA

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